Detalle de «La hilandera» fotografiada por Eugene Smith en 1950 en el pueblo extremeño de Deleitosa
Detalle de «La hilandera» fotografiada por Eugene Smith en 1950 en el pueblo extremeño de Deleitosa - ABC

Ni el empleo de la mujer era tan minoritario en España en el siglo XVIII, ni la economía tan agraria

Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona ofrece una nueva visión del peso que tenían las mujeres en la economía familiar preindustrial

José Oliva (Efe)
BarcelonaActualizado:

Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) ofrece una nueva visión del peso de la mujer en la economía familiar de la España preindustrial del siglo XVIII, hasta ahora considerado menor.

El objetivo inicial de esta investigación, ha explicado Carmen Sarasua, profesora del departamento de Economía y de Historia Económica de la UAB, era «reconstruir la tasa de actividad de las mujeres en España antes de los censos de población, algo que siempre se ha afirmado que no era posible por falta de fuentes».

Para el estudio, el equipo investigador ha utilizado las declaraciones de los cabezas de casa del catastro de Ensenada (1753) en los territorios de la Corona de Castilla.

Sarasua ha explicado que en la investigación han conseguido consignar las declaraciones de 22 localidades de cinco provincias, que representan a unos 45.000 individuos, y que han permitido calcular una tasa de actividad para los hombres de entre un 78,2 y 92,5 % y de un 32,3 % para las mujeres, aunque muchas más féminas que las declaradas por maridos y padres tenían una ocupación remunerada, asegura.

Por ejemplo, en Ajofrín (Toledo, 3.308 habitantes), donde según las declaraciones solo el 25,3 % de las mujeres en edad de trabajar tenían un empleo, a la pregunta de cuántos pobres había en la localidad el ayuntamiento contesta: «solo ocho, estando todo el mundo dedicado al hilado de lana, en especial las mujeres, incluso las ancianas».

Manufacturas textiles

La investigación ha permitido constatar también que las ocupaciones de hombres y mujeres eran muy distintas, pues las mujeres trabajaban, sobre todo, en las manufacturas textiles: hilado y tejido de paños de lana y lino, ligas de estambre, medias, encajes, colchas, cintas o pañuelos.

Resulta esclarecedora una de las declaraciones recogidas, la de María Romero, viuda de Villarrobledo (Albacete): «Soy del estado general, mi oficio hilar o hacer media, mi familia se compone de mi persona de edad de sesenta años; tengo tres hijas, la primera se llama Juana María, de edad de treinta años, la que está sirviendo en casa de don Pedro Vonilla, presbitero de esta villa; la segunda, Antonia su oficio hilar, la tercera Manuela, de edad de veinte años, su oficio tejedera de albornoces y otras telas».

Además, advierte Sarasua, «no era producción para el autoconsumo familiar, como se había interpretado hasta ahora, sino el trabajo del que vivía en muchos casos la familia entera, algo que recogen frases como «hilar y otras haciendas de mujeres para ganar de comer»; «cosen para vender»; «hiladora para mi diaria manutención»; «hacer media, del cual me mantengo»; «vivir de mi pobre trabajo»; o «hacer medias para nuestra manutención».

No tan agrarias

La concentración de las mujeres en las manufacturas y en el servicio doméstico contrasta con la de los hombres en la agricultura y en el transporte.

Este fuerte peso del sector industrial, que empleaba al 23,6 % de los hombres y al 62,8 % de las mujeres con empleo, cuestiona, en opinión de la profesora, «la visión tradicional de las economías preindustriales como agrarias».

Aclara Sarasua que puede resultar sorprendente que antes de la industrialización en la España interior hubiera una proporción tan alta de trabajadoras en el sector manufacturero, pero «se entiende cuando recordamos que su productividad era muy baja, porque utilizaban técnicas tradicionales y energía manual».

Además, en el XVIII la demanda urbana y exterior creció de forma intensa en toda Europa, utilizando mano de obra rural y especialmente femenina para aprovechar sus bajos costes.

El resultado es que había más trabajadoras en la industria antes de la industrialización que cuando ésta se mecanizó, aunque eran mucho más 'invisibles' en la estadística y el análisis económico.

La conclusión de la investigación es que «incorporar el trabajo de las mujeres transforma nuestra visión de la economía del pasado, ya que permite aflorar una gran cantidad de empleo hasta ahora ignorado, ver el peso de actividades hasta ahora consideradas menores y la importante contribución de las mujeres a las economías familiares».

Sarasua añade que también permite entender la modernización económica de una nueva manera: «Las economías preindustriales no eran tan agrarias como pensábamos, sino que una gran parte de sus trabajadores estaban dedicados a las manufacturas y los servicios, algo que sólo se puede entender si se incorpora al análisis a las mujeres, que eran las que se concentraban en las manufacturas».