El impacto de la segunda bomba nuclear sobre el puerto japonés y la ciudad de Nagasaki provocó una gigantesca nube de humo en forma de hongo
El impacto de la segunda bomba nuclear sobre el puerto japonés y la ciudad de Nagasaki provocó una gigantesca nube de humo en forma de hongo - ABC

¿Qué efecto hubiera causado la bomba atómica de Hiroshima de haber caído en el centro de Madrid?

Reconstrucción de los efectos de distintas bombas de destrucción masiva si cayesen sobre la capital de España

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Los días 6 y 9 de agosto de 1945, el cielo de la humanidad se ennegreció. Los artefactos atómicos «Littley Boy» y «Fat Man» cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki, previa autorización del presidente norteamericano Harry S. Truman, causando una cifra de víctimas mortales que supera las 200.000, amén de problemas derivados por la exposición a la radiación liberada por las bombas. Tras ser calcinadas 67 de sus ciudades desde marzo del mismo año, las bombas atómicas acabaron con el fanático combate kamikaze de Japón y el país nipón terminó por firmar su capitulación. Al tiempo que se ponía fin a la Segunda Guerra Mundial, pues el frente del Pacífico era el único que quedaba abierto una vez ya cerrado el de Europa, emergía una conciencia de responsabilidad en la sociedad mundial y sus dirigentes asentada en la creencia certera de que algo así no se podía volver a repetir. Al menos, de cara a la galería.

Aquel todavía bisoño agosto del 45, el «sol naciente» avistó irremediablemente su ocaso, curiosamente, en su manantial. Y es que los estrategas militares pueden cometer un fallo y, por ejemplo, acabar con la vida de miles de civiles, incluso cientes de miles. Algo tan cruento, difícilmente puede ser reparado. No obstante, con las armas de destrucción masiva no hay vuelta atrás. Cuando lo que está en juego es la devastación de naciones enteras, no hay lugar para el paso en falso.

El convencimiento de la no utilización de armas nucleares discurre de forma paralela a su desarrollo y perfeccionamiento. Hay quien piensa que la Guerra Fría no fue sino un conflicto extremadamente caliente. Estados Unidos, que partía con ventaja, y la URSS, en su intento de dominar un mundo en construcción, se afanaron en amplificar su poder masivo con el fin de lograr un arsenal con una capacidad de aniquilación muy superior a las antes mencionadas «Little Boy» y «Fat Man». Puede que la tensión nuclear haya disuadido a las naciones de un nuevo conflicto global, pero si éste se desencadenase los efectos serían terribles. En cualquier caso, las dos grandes superpotencias de la segunda mitad del pasado siglo no fueron las únicas en hacer pruebas nucleares; países como el Reino Unido, China y Francia también se sumaron a la carrera armamentística, aunque quizás el caso más conocido en la actualidad es el programa nuclear de la República Popular Democrática de Corea -Corea del Norte- de Kim Jong-un.

Aunque para alcanzar una consideración plena del coste de un intercambio nuclear, nada mejor que aplicar su impacto al ámbito conocido. ¿Qué ocurriría si España, en concreto Madrid, fuese objeto de una agresión nuclear? NUKEMAP, un mapa interactivo creado por el historiador de ciencia Alex Wellerstein, posibilita dilucidar tal hipótesis. Utilizando la API de Google Maps y los datos de armas nucleares no clasificadas, la simulación de las consecuencias de las explosiones nucleares es una realidad experimentada por millones de usuarios a lo largo y ancho del globo terráqueo. Empleando datos obtenidos de NUKEMAP, mostramos distintos arquetipos de la capital y su grado de cataclismo en cada caso.

La Hiroshima patria

Tomando como epicentro la Puerta del Sol -lo mantendremos para los sucesivos ejemplos-, si «Little Boy» -15 kilotones-, detonada a una altura de 600 metros, hubiera caído sobre nosotros, los resultados habrían sido los siguientes:

El radio de la bola de fuego se extendería hasta los 180 metros, siendo todas las personas dentro del mismo incineradas. En una distancia de 340 metros, dentro del área del estallido de alta presión, los edificios quedarían demolidos en su totalidad y las víctimas mortales nuevamente serían del 100%. Aquellos supervivientes a la bola de fuego quedarían expuestos al radio de radiación, extendido hasta 1,2 km, dentro del cual entre un 50% y un 90% de los habitantes fenecerían en un plazo de varias horas o semanas; el Palacio Real o la catedral de la Almudena se verían alcanzadas. Dentro del área del estallido de media presión, los edificios de un radio de 1'67 km colapsarían, siendo las lesiones universales y las muertes generalizadas. Con la radiación térmica, espaciada hasta 1'91 km, los damnificados sufrirían quemaduras de tercer grado. Finalmente, dentro del área del estallido de baja presión, se esperan lesiones no tan graves en un radio de 4'52 kilómetros, es decir, abarcando barrios como Retiro, Chamberí, Latina o Usera.

NUKEMAP
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«Castle Bravo»

Probada el 28 de febrero de 1954, se trata de la mayor bomba estadounidense probada. Termonuclear o de hidrógeno -Bomba H-, la explosión resultante de «Castle Bravo» tuvo una potencia de 15 megatones, es decir, mil veces más potente que lanzada sobre Hiroshima.

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La anterior parece demoledora, pero con este artefacto nos quedamos sin adjetivos. Si el radio de radiación llega hasta los 3'63 kilómetros, la bola de fuego alcanza los 3'71 kilómetros. Además, en un radio de 5'37 kilómetros, dentro del área del estallido de alta presión, las víctimas mortales continuarían siendo del 100%. En adición, la radiación térmica alcanzaría un radio de 34 kilómetros, esto es, ya no son barrios de la capital los que se verían afectados sino ciudades enteras. Además, considera los contornos de precipitación de dosis totales estimados para una explosión de superficie con un viento de 24 kilómetros/hora.

Si las muertes estimadas en el caso anterior son de alrededor de 124.000, existiendo 1 millón de personas en el rango de detonación, ahora el número de fallecidos se eleva exponencialmente hasta los 2 millones y medio, quedando 5 millones de individuos en dicho rango.

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«La bomba del Zar»

Otra Bomba H basada, como la anterior, en el principio de la fusión nuclear. Lanzada por los soviéticos sobre el Ártico en 1961, la potencia de la explosión es de 50 megatones, es decir, 3.300 veces superior a la de Hiroshima. Con ella, la URSS logró su gran objetivo durante la Guerra Fría: alcanzar la pole position en la carrera nuclear y atemorizar al mundo.

Los efectos de este «monstruo», detonado en el aire a una altura de 3.960 metros, terminan por infundar un miedo real y palpable. Si bien los radios de radiación y de la bola de fuego son similares a los causados por «Castle Bravo», el de radiación térmica se extendería hasta los 60 kilómetros. Decir, también, que considera los contornos de caída de la dosis total estimados para un estallido de aire de 50 megatones (fisión de 3%) con un viento de 24 kilómetros/hora.

La cantidad de muertos se dispara hasta los casi 4 millones, con una cifra de algo más de 6 millones de personas en el rango de detonación. Poco más que decir, los números hablan por sí solos.

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