Soldados británicos durante la operación Market Garden

Desvelan el vestigio oculto que demuestra la barbarie inglesa contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial

Un grupo de estudiantes ha desenterrado el que, en 1944, fue el mayor campo de concentración levantado en territorio británico para albergar a prisioneros de guerra

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Los tópicos son un arma peligrosa que, en gran parte, esconden una triste realidad tras de sí. Por mucho que se haya generalizado, ni los españoles somo tan vagos, ni los machos italianos son irresistibles. Todo es relativo. Sin embargo, existe una máxima que, a pesar de haberse repetido hasta la saciedad, no pierde ni un ápice de veracidad: la historia la escriben los vencedores. Sí, puede sonar manido; y sí, es un cliché extendido. Pero es cierto que los ganadores de una contienda suelen aprovechar su victoria para pasar por alto sus tropelías y exacerbar sus bondades.

El último vestigio de cómo los vencedores son capaces de enterrar sus vergüenzas ha sido descubierto en Yorkshire (Inglaterra) esta misma semana. Según ha desvelado en su versión digital el diario «The Guardian», un grupo de estudiantes de arqueología acaba de desenterrar los restos del que fuera el mayor campo de prisioneros de guerra levantado por Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. Una prisión olvidada que, durante su época de mayor apogeo, llegó a albergar a casi 11.000 cautivos alemanes, italianos y ucranianos. Aquellos que Churchill consideraba más peligrosos.

Winston Churchill, premier británico, fue uno de los artífices de los campos de concentración británicos
Winston Churchill, premier británico, fue uno de los artífices de los campos de concentración británicos

El centro de internamiento, llamado Moor Lodge, estaba ubicado cerca de Sheffield y, tal y como afirma el diario anglosajón, ha quedado olvidado en la historia a pesar de que en él se sucedieron historias extraordinarias. Por ello, los estudiantes de arqueología (matriculados en la universidad local) no solo se han propuesto desenterrarlo, sino también reunir toda la documentación que exista sobre él. Así han logrado averiguar, por ejemplo, que fue diseñado en la Primera Guerra Mundial y que, en los años cuarenta, los reos padecieron todo tipo de privaciones en su interior.

Los estudiantes involucrados en la investigación han afirmado que esperaban que sus hallazgos se usen para preservar y restaurar el emplazamiento y el bosque circundante. «Fue una gran revelación, no me di cuenta de que el campamento de Lodge Moor existía. El bosque lo esconde bien. Oculta los secretos de todos los miles de hombres que fueron alojados allí hace unas décadas», ha explicado Georgina Goodison.

Turbios inicios

Tras analizar de forma pormenorizada los registros del campo de concentración y de algunos de sus reos, los estudiantes han averiguado que Moor Lodge empezó a ser utilizado como prisión durante la Primera Guerra Mundial. Entonces fue conocida como «Prisoner of War Camp 17», lo que podría traducirse como «Campo de prisioneros de guerra 17».

Por entonces, uno de sus reos más populares fue el almirante y capitán de submarinos Karl Dönitz. Versado oficial en lo que se refiere a acechar al enemigo bajo las aguas, este germano fue capturado por las fuerzas aliadas en octubre de 1918, poco después de que su submarino fuese obligado a emerger de los mares.

Imágen de época del campo de concentración más grande de Gran Bretaña
Imágen de época del campo de concentración más grande de Gran Bretaña

Dönitz pasó unas seis semanas encerrado en el campo de concreción de Sheffield, aunque al final logró escapar tras fingir una enfermedad mental. El capitán fue deportado después hasta Alemania, donde demostró a sus superiores que tenía la cabeza amueblada a la perfección. Tras el comienzo de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en una de las manos derechas de Adolf Hitler, quien le nombró comandante en jefe de la marina.

Comienza la guerra

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, Moor Lodge fue uno de los 1.500 campos de prisioneros que Gran Bretaña levantó en su territorio para confinar a los prisioneros que capturaba. Tras el comienzo de las hostilidades, hasta sus muros llegaron reos italianos, quienes fueron obligados a trabajar en granjas cercanas bajo la supervisión de la población local. Siempre según el diario anglosajón, la mayoría mantuvo muy buenas relaciones con sus vecinos.

Sin embargo, la calidad de vida en el campo de concentración se deterioró tras la repentina afluencia de prisioneros alemanes. «Los presos pasaban el día bajo la lluvia, el frío y los restos de lodo», explicaba al periódico un estudiante de la Universidad de Sheffield. Por si fuera poco, había tantas almas allí dentro que los presos fueron obligados a dormir hacinados en tiendas de campaña o en «cuarteles minúsculos».

Restos del campo de concentración
Restos del campo de concentración

Las pesquisas han logrado desvelar que, en 1944, el Comité Internacional de la Cruz Roja describió este campo de concentración como «insuficiente» e «inhabitable». A su vez, un informe del mismo organismo afirmó que la mitad de los cautivos vivían en «chozas» y el resto en «tiendas de campaña». Los investigadores han hallado testimonios que corroboran que en los barracones vivieron hasta 70 reos, cuando el máximo debería haber sido de una treintena.

Grandes evasiones

Moor Lodge, al igual que otros tantos campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, vivió también sus particulares «grandes evasiones». El 20 de diciembre de 1944, por ejemplo, un grupo de prisioneros alemanes logró escapar de la prisión, aunque fueron capturados en las cercanías de Rotherham apenas una jornada después.

En él también se vivieron ajustes de cuentas al más puro estilo de Hollywood. En 1945, otro reo, Gerhardt Rettig, fue perseguido por cientos de reclusos y golpeado hasta la extenuación por haber informado (presuntamente) a los guardias Aliados sobre otra fuga. Falleció poco después en la cárcel.