Francisco Franco

El desprecio oculto hacia Francisco Franco del nazi que dirigió la Legión Cóndor en España

Según desvela Antony Beevor, Wolfram von Richthofen, Jefe del Estado Mayor de la unidad, «despreciaba a los militares españoles» y al propio general. Así lo afirma en «Experimento Stuka», el laureado documental de SUICAfilms

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Wolfram von Richthofen fue un hombre de muy pocos claros y muchísimos oscuros. Quizá la viva imagen de cómo la barbarie puede hacer avanzar la tecnología a pasos agigantados. Nazi convencido y jefe del Estado Mayor de la Legión Cóndor durante la Guerra Civil, logró convertir a la bisoña «Luftwaffe» alemana en una eficiente fuerza aérea capaz de determinar el destino de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, logró esa gesta militar tras usar España como un campo de pruebas y determinar la eficiencia de los bombardeos en alfombra y de precisión sobre pueblos y ciudades como Benassal o Gernika.

Su participación, eso sí, fue determinante para que el bando nacional obtuviera la victoria. Así lo afirmó, al menos, el mismísimo Adolf Hitler: «La gente dice que fue una intervención divina la que decidió la Guerra Civil en favor de Franco; quizá sea así, pero no fue una intervención del estilo de las de la Madre de Dios […], sino la intervención del general alemán Von Richthofen y de las bombas de sus escuadrones que llovían desde el cielo». Por si fuera poco, este oficial recaudó un millón de pesetas destinado «a los caídos de las familias españolas» y fue condecorado en varias ocasiones por el propio Francisco Franco.

Sin embargo, y aunque pueda parecer lo contrario, la buena relación entre Von Richthofen y Franco no era más que una farsa tras la que se escondía cierto odio. Así lo afirma, al menos, el historiador Antony Beevor en una entrevista concedida para « Experimento Stuka» (el laureado documental de SUICAfilms que analiza los bombardeos que la Legión Cóndor perpetró en España para probar, entre otros, sus nuevos aviones JU87): «Richthofen despreciaba a los militares españoles y también al propio Franco». No le falta razón ya que, aunque el oficial sentía gran respeto por los soldados, no tenía el mismo sentimiento hacia los oficiales del bando nacional.

Beevor, un peso pesado entre los historiadores de la Segunda Guerra Mundial (sus libros se caracterizan por una profunda investigación, además de por ser superventas), también define en el documental los ataques perpetrados por la Legión Cóndor como unos «de los experimentos más sanguinarios de la tecnología militar». A su vez considera que, aunque muchos de estos bombardeos han sido olvidados en nuestro país, fueron determinantes para que los pilotos de la recién creada «Luftwaffe» (nacida en 1935 tras las limitaciones del Tratado de Versalles) ganaran la experiencia necesaria para participar en la Segunda Guerra Mundial.

Noble prometedor

Von Richthofen era conocido en Alemania por ser un hombre cultivado que no adolecía de valentía y al que no le importaba llevar a cabo las tareas más mundanas. Así lo demostró, por ejemplo, el 4 de septiembre de 1939, durante la invasión de Polonia. Aquella jornada, desesperado por las malas comunicaciones y por no poder coordinarse con la infantería, no tuvo reparos en ponerse él mismo a los mandos de un avión y viajar hasta primera línea de batalla para dar las instrucciones sobre el terreno. «Las comunicaciones del ejército son incluso peores que las nuestras», afirmó después.

Esta y otras tantas muestras de valor ayudaron a forjar su leyenda entre los germanos y le permitieron hacerse un hueco entre los hombres favoritos de Adolf Hitler. Y todo ello, a pesar de que el «Führer» no apreciaba demasiado a los militares de noble cuna como Von Richthofen, el segundo de los cuatro hijos de un barón con un linaje con casi cuatro siglos de historia. Así lo afirma Jeremy Kreuder en su obra « Lieutenant General Pete Quesada And Generalfeldmarschall Wolfram Von Richthofen What Made Them Great?», donde señala que el oficial nació el 10 de octubre de 1895 en el seno de una de las familias más ricas del país al contar -entre otras cosas- con 875 acres dedicados al cultivo.

Von Richthofen
Von Richthofen

Von Richthofen fue el perfecto noble germano desde su infancia. Ducho en los deportes y en los estudios, todo indicaba que su familia dirigiría sus pasos hacia el ejército. Sin embargo, sus padres siempre fueron contrarios al camino militar. Según Kreuder, eso no le impidió sentirse atraído por las ventajas que ofrecía el mundo castrense a un prometedor joven de noble cuna. Así, cuando sumaba dieciocho años, se enroló en la Academia Militar Gross Lichterfelde. Sus dotes le hicieron dirigir, en un breve período de tiempo, el 4º Regimiento de Húsares, con el que participó en la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, su aventura como oficial de caballería se extendió poco tiempo. Lo justo para que Von Richthofen se percatara de que, en plena guerra de trincheras, los días de los jinetes estaban contados. Por ello, solicitó su traslado a la aviación, una nueva arma en la que ya empezaba a destacar su primo Manfred, el «Barón Rojo». Allí se forjó un nuevo nombre como aviador. Aunque no logró las victorias de su familiar, y en palabras del autor anglosajón, su breve mando en los Húsares le permitió adquirir una perspectiva novedosa sobre la guerra que, años después, le ayudó a alumbrar la «Luftwaffe»:

«Wolfram emergió de la Gran Guerra con un sólido historial y una valiosa experiencia. Se desempeñó como oficial de caballería en batallas terrestres durante más de dos años, lo que le dio una apreciación única de la perspectiva terrestre en la guerra. Después de la transición a la Luftstreitkräfte, destacó como aviador y compartió el interés de Manfred por el desarrollo tecnológico de aeronaves. Pasaría muchos de los años de entreguerras guiando el desarrollo de aviones de combate y bombarderos en preparación para la Segunda Guerra Mundial. Además, combinaría su forma de ver la guerra aérea y terrestre para convertirse, tal vez, en el mejor general de la Luftwaffe».

Técnicas revolucionarias

En 1920 colgó la chaqueta de vuelo, pero volvió a cogerla tres años después. Y lo hizo, curiosamente, tras licenciarse en ingeniería. Fue en 1923 cuando, a pesar de las restricciones del Tratado de Versalles (que impedían a Alemania desarrollar una fuerza aérea de combate), Von Richthofen se valió de sus conexiones personales y de las dos Cruces de Hierro que había ganado para empezar a hacerse un hueco en el ejército. Ese mismo año logró ser nombrado oficial del Estado Mayor, una posición que le garantizaba la preferencia durante la promoción de ascensos.

A partir de entonces la vida de Von Richthofen fue una amalgama de idas y venidas a lo largo de toda Europa. «Más tarde, en 1925, pasó a la URSS para realizar cursos de entrenamiento clandestinos. Continuó sus estudios universitarios, doctorándose en 1929, año en que recibía el cargo de agregado aéreo en Roma, puesto que desempeñaría hasta 1932. A su regreso a Alemania, continuaría progresando profesionalmente, mientras los nazis se asentaban en el poder», desvela Francisco Manuel Vargas Alonso en su dossier « La intervención alemana en el País Vasco (1936-1937)».

Legión Cóndor
Legión Cóndor - SUICAfilms

Por si fuera poco, durante todos estos años colaboró con el germen de la futura «Luftwaffe» participando en decenas de proyectos tildados de «alto secreto». Uno de los primeros consistió en investigar la fabricación en masa de aviones de combate para una futura guerra. «Wolfram estaba interesado en racionalizar la producción en serie de aviones y centró su investigación doctoral en la fabricación y el montaje. Estudió la producción de aviones grandes […] y desarrolló un método para calificar la eficiencia industrial [...] de una empresa para producir aviones en masa», añade el experto en su obra.

Firme defensor de Hitler, fue nombrado Jefe de la Oficina de Desarrollo de Aeronaves tras el ascenso de los nazis al poder en 1933 y, desde ese puesto, comenzó a estructurar los mimbres de la incipiente «Luftwaffe» (creada a nivel oficial en 1935). Para ello, favoreció el desarrollo de bombarderos pesados capaces de asolar regiones con decenas de explosivos y fomentó el diseño de aviones que demostraron su valía durante toda la Segunda Guerra Mundial como el BF 109; el BF 110; el DO 17, el HE 111 o el JU 87. Otro tanto hizo en 1936, cuando fue ascendido a teniente coronel. Por entonces se mostró también defensor de los motores a reacción.

Guerra Civil

Cuatro años después, y tras el comienzo de la Guerra Civil española, fue enviado a la Península junto a la Legión Cóndor, «el nombre dado a la fuerza de intervención mayoritariamente aérea que la Alemania nazi envió en ayuda del general Franco» (según determina Álvaro Valcarce en «Lucha de sangre»). Por su parte, Xabier Irujo señala en « Gernika» (Crítica, 2017) que esta era una unidad «de tamaño reducido, muy operativa» y formada principalmente por miembros de la «Luftwaffe». Todo ello, a pesar de que contaba con «componentes secundarios de las otras dos ramas del ejército». En palabras de Kreuder, Von Richthofen comandó el nuevo escuadrón «junto con el general de división Hugo Sperrle».

A finales de 1936, el teniente coronel Richthofen fue designado jefe de Estado Mayor de la Legión Cóndor. El primo del «Barón Rojo» subió oficialmente al cargo en enero de 1937, aunque había llegado mucho antes al teatro de operaciones para hacer pruebas con los aeroplanos enviados desde Alemania. «La abundante documentación a nuestra disposición demuestra que una de las tareas fundamentales de Wolfram von Richthofen como jefe del Estado Mayor fue experimentar nuevos métodos de guerra y desarrollar nuevas tácticas estratégicas en el campo de batalla en preparación de lo que se denominaba “la próxima guerra”, en referencia a la Segunda Guerra Mundial», añade Irujo en su libro.

En menos de tres jornadas, los aviones de la Legión Cóndor protagonizaron 37 misiones de bombardeo sobre las posiciones enemigas. Operaciones en las que arrojaron 250 toneladas de explosivos. Las bajas republicanas, como el oficial nazi señaló en su diario, fueron «muy grandes entre muertos, prisioneros y heridos». En principio, los vuelos se llevaron a cabo sobre los territorios montañosos ubicados entre Legutio, Elgeta y Durango. Sin embargo, poco después se atacaron varias localidades alejadas del frente de batalla para poner en práctica una idea que nuestro protagonista venía barruntando desde que había oído hablar de su utilización por parte de la RAF inglesa: la de los «bombardeos del terror».

Esta estrategia se materializó con la destrucción de Durango el 31 de marzo de 1937. «Durango fue el comienzo de los experimentos de Richthofen con los bombardeos del terror, destinados a abatir la moral de la población civil y destruir los núcleos urbanos», explica Paul Preston en su libro « El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después». El nazi llegó a decir a Mola en una ocasión que «no es irrazonable ninguna medida capaz de destruir la moral del enemigo y es preferible hacerlo rápidamente».

Richthofen dejó patente en su diario el orgullo que suponía para él aquella estrategia que, posteriormente, quedó patente sobre Gernika.

«Estupendos efectos del bombardeo y de los cazas […]. Por todas partes muertos y mutilados, camiones pesados que llevaban parte de su munición, explotados. [El pueblo de] Ochandiano muy destruido, con muchos muertos».

En «Experimento Stuka» se muestra también otra parte de su diario en la que corrobora el uso de estas bombas sobre ciudades:

«Poder arrojar por fin nuestras bombas sobre verdadera ciudades permitirá averiguar los efectos de nuestras bombas ya que, dado que los pueblos están muy cerca del frente y su conquista es inminente, es de suponer que podremos examinarlas».

Nazis contra Franco

Según desvela Beevor en el mencionado documental (donde se explican las diferentes posturas que existen con respecto a este espinoso tema), la Legión Cóndor llevó a cabo varios de estos ataques (entre ellos, los realizados a cuatro pueblos de Castellón mediante bombarderos tácticos) después de que en España se emitiera la Instrucción General nº 30. Una norma en la que se prohibía (con varias salvedades) atacar desde el cielo los núcleos urbanos. «Richthofen no iba a seguir órdenes. Despreciaba a los militares españoles y al propio Franco». En este sentido, también los tilda de «experimentos sanguinarios».

Con todo, lo cierto es que esta idea ya había sido desvelada anteriormente. Un ejemplo de ello es que, en 1979, en la revista « Hispano Americano», ya se hizo referencia a esta curiosa relación: «La verdad es que Von Richthofen no sentía ninguna simpatía por Franco, ni por Mola, ni por Kindelán. Solía decir que no entendía cómo se podía hacer una guerra si los jefes se levantaban a las ocho de la mañana».

Esta es solo una de las críticas que los oficiales alemanes hicieron contra Franco. Menos célebre, pero más directa, fue la oponión del popular almirante Canaris (entre otras cosas, jefe de la inteligencia germana) sobre el general español poco antes de la entrevista en Hendaya: «No es un héroe, sino un pequeño mequetrefe».

El tono de voz de Franco tampoco pasó por alto en la misma entrevista. De hecho, Hitler afirmó tras Hendaya que Franco le había sacado de sus casillas con su «voz baja y reposada, cuyo monótono soniquete recordaba al amuédano llamando a los fieles a la oración».