Ruinas de Mari
Ruinas de Mari - CC

El desastre arqueológico de Mari, la ciudad sagrada en mesopotámica expoliada por Daesh

El profesor Jean-Claude Margueron, a través de su obra «Mari, le temple d'Ishtar revisité. Nouvelles conclusions», realiza una nueva aproximación al templo sagrado edificado en la antológica ciudad de Mari

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Custodiado a la derecha por Ignacio Márquez Rowe, asiriólogo y director de la colección del CSIC Biblioteca del Próximo Oriente Antiguo, y a la izquierda por Juan Luis Montero Fenollós, arqueólogo y discípulo, el insigne profesor Jean-Claude Margueron presentó este jueves en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid su volumen «Mari, le temple d'Ishtar revisité. Nouvelles conclusions». Su autor ha corregido algunas tesis de su compatriota André Parrot, primer director de la misión arqueológica francesa en Mari, y este libro concluye que fueron dos los templos edificados en honor a la diosa babilónica Ishtar y no tres, suposición consuetudinariamente aceptada.

El rigor científico y lo revolucionario de sus resultados convierten a esta novedosa visión del lugar sagrado edificado en Mari en un fiel reflejo de la obra de Margueron. En palabras de Márquez, ésta añade a la solidez de su método el alcance de unos planteamientos que «tienden a sacudir los cimientos de los postulados tradicionales del saber convencional de la disciplina». La máxima que reza que la «historia no está nunca escrita sino que todo se puede reestudiar o reescavar en los archivos», apuntada por Fenellós, se conecta con la relevancia de ofrecer una nueva interpretación acerca del lugar sagrado erigido en tan milenaria urbe mesopotámica.

El yacimiento de Mari ha sido víctima del terror islámico

El trabajo de campo de Margueron no tiene rival ni parangón, aval de ello son los 50 años que ha dedicado a participar y dirigir de forma ininterrumpida misiones arqueológicas en Siria e Irak. Pero el valor añadido que ofrece la innovadora revaluación que realiza «Mari, le temple d'Ishtar revisité. Nouvelles conclusions» se encuentra, precisamente, en el hecho de no ser fruto del proyecto arqueológico sino de una información exclusivamente de archivo: «los materiales sobre los que se basa este nuevo estudio consisten en la documentación gráfica y escrita de la labor en Mari desde que salieron a la luz los primeros vestigios del templo de Ishtar allá en 1934».

El acto, organizado por el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo (CSIC), el Centro de Estudios del Próximo Oriente y el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, ha servido también para «rendir el homenaje que indiscutiblemente merece el pueblo sirio víctima de la barbarie y de las injusticias», declara Márquez. El Estado Islámico y las mafias han derribado el gran yacimiento de Mari al aprovecharse de la situación que sufre la región del Medio Éufrates para expoliar un patrimonio excepcional y universal. Tanto es así que Fenollós subraya que, aparte de su calidad erudita, «este libro tiene el valor añadido y no menor de inmortalizar, difundir el valor histórico de una ciudad tan importante como Mari, a la que tanto esfuerzo dedicó el profesor Margueron a restaurar, consolidar, un proyecto magnífico para que ese acervo fuese heredado por las futuras generaciones».

Unas líneas sobre el autor

Jean-Claude Margueron junto a J.L. Fenollós
Jean-Claude Margueron junto a J.L. Fenollós- Pablo F. de Mera Alarcón

Jean Claude Margueron es Director de Estudios emérito en la École Pratique des Hautes Etudes IV de París y el más célebre investigador en lo que respecta a la arqueología preclásica en la cuenca sirio-mesopotámica. Según Ignacio Márquez, su prestigio e implicable trayectoria tiene acostumbrada a la comunidad científica «al rigor de sus planteamientos, el análisis de sus datos y observaciones sistemáticas, y a sus razonamientos lógico-deductivos».

Entre 1979 y 2004 dirigió la misión arqueológica en Mari reemplazando a Parrot y se convirtió en el segundo director de la misma. Sus veinte campañas al frente del que es uno de los yacimientos más importantes de la arqueología de Oriente Próximo, le convierten en el quizás mayor conocedor de la que es considerada una de las maravillas del mundo durante su ciclo de vida.

La leyenda de Mari

Hasta entonces únicamente conocida por diversos textos mesopotámicos, la aventura arqueológica en Mari comienza en 1933 al aparecer una estatua de estilo sumerio en la colina de la ciudad siria de Tell Hariri. En un momento en el que Francia ejercía un protectorado en Siria, el teniente Cabane comunica el hallazgo a las autoridades francesas y el museo del Louvre envía al arqueólogo André Parrot para verificar el descubrimiento. El telegrama remitido por Parrot a París el 24 de enero -cuatro estatuas completas, tres inscritas, una rey Mari- puso fin al misterio de la localización exacta de Mari. Dichas efigies, como informa «National Geographic», eran una ofrenda depositadas en lo que resultó ser un templo dedicado a Ishtar.

Esta ciudad del valle del Medio Éufrates, en la frontera entre Siria e Irak, ocupaba un enclave estratégico para las rutas comerciales proveniente del Golfo Pérsico y permitió que recursos como el metal, el cual escaseaba en el perímetro desértico de Mari, pasasen por Mesopotamia. En este sentido, Fenollós habla de un lugar clave situado «en un territorio intermedio, en esa cuenca sirio-mesopotámica controlando el principal afluente del Éufrates, el río Jabur».

Su larga historia, iniciada alrededor del 2900 a.C., finalizó en 1760 a.C. cuando el rey Babilonio Hammurabi la arrasó completamente al entender que era una «ciudad molesta» para su proyecto imperial, comenta Fenollós. Sin embargo, las casi 25.000 tablillas en escritura cuneiforme descubiertas por Parrot y su equipo, las cuales informan acerca de asuntos administrativos y económicos, conforman un valiso archivo que permitió conocer con detalle la historia, cultura e instituciones del período babilónico antiguo.