Imagen de una crucifixión realizada en Arabia Saudí
Imagen de una crucifixión realizada en Arabia Saudí

La crucifixión, la cruel práctica que sigue vigente en Arabia Saudí

Esta forma de castigo, que surgió en Asiria en torno al siglo VI a.C., todavía sigue vigente en varios países

MADRIDActualizado:

El asesinato del periodista Jamal Khashoggi, que fue asesinado hace unos días en el consulado de Arabia Saudí en Estambul, supone un episodio más dentro de las numerosas actividades cuestionables llevadas a cabo en este estado de Oriente Próximo. Y es que el Gobierno de Riad lleva ya varios años bajo la lupa de la ONU. Especialmente por sus actuaciones en conflictos bélicos, como la llevadas a cabo recientemente en la Guerra de Yemen, y por su laxitud en materia de derechos humanos. Dentro de los severos castigos que se aplican dentro de su territorio a aquellos que infringen la ley destaca, quizá particularmente, la crucifixión.

Esta forma de castigo fue creada en Asiria en torno al siglo VI a.C. Posteriormente, la práctica fue imitada por grandes potencias mediterráneas, como la Macedonia de Alejandro Magno, quien la importó unos 200 años después de su aparición en Oriente Próximo. Desde sus orígenes, la crucifixión ha sido considerada como una forma innoble de morir. El cuerpo de la víctima solía estar desnudo y expuesto, además, sobre su cabeza normalmente se colocaba un cartel en el que se escribía algún tipo de burla. Precisamente los romanos, el pueblo que la popularizó, no podían aplicarla a los ciudadanos debido a ese carácter humillante. En su lugar, en el caso de estar condenados a muerte, eran decapitados o se les seccionaba la medula desde el cuello con una espada.

La crucifixión, que desapareció en Roma durante el gobierno de Constantino (272-337), todavía permanece vigente en varios países. En lo que se refiere a Arabia Saudí, donde según Amnistía Internacional solo durante 2017 se ejecutó a 146 personas, la práctica habitual consiste en decapitar al reo. Después, la cabeza es cosida al resto del cuerpo para, finalmente, exhibirlo publicamente. A pesar de que este tipo de condena no es tan habitual, realizando una rápida búsqueda en Google aparecen una gran cantidad de casos. Quizá el caso más sonado, al menos dentro de los que han tenido lugar en los últimos años, es el del joven Ali Mohammed al-Nimr. Sobrino de un clérigo chií ajusticiado, desde 2015 está condenado a este tipo de pena acusado de oponerse al régimen de Riad. Según varias organizaciones pro derechos humanos, solo el perdón real le puede salvar.

«Estas brutales ejecuciones son el episodio más reciente de la persecución que las autoridades de Arabia Saudí llevan a cabo contra la minoría chií. Se está utilizando la pena de muerte como arma política para castigar a esta minoría por atreverse a protestar contra el trato que reciben y para silenciar a otros mediante la intimidación», afirmó Lynn Maalouf, directora de Investigación de la oficina de Amnistía Internacional en Beirut, en una nota realizada por esta ONG.

Maalouf, en declaraciones a BBC, explicó hace unos años que la crucifixión es practicada por el régimen de Riad para atemorizar a los disidentes: «Las crucifixiones son vistas como una forma de disuasión. Típicamente las ejecuciones tienen lugar mediante decapitación. La cabeza vuelve a unirse al cuerpo y se lo coloca en una plaza como un mensaje para evitar futuros crímenes. La crucifixión es una fase póstuma de la ejecución».