«Blanco y Negro», el principio de un sueño
Primera portada de «Blanco y Negro», del 10 de mayo de 1891 - ABC

«Blanco y Negro», el principio de un sueño

Se cumplen 120 años del nacimiento de esta singular revista, que se convirtió en el paradigma de la mejores publicaciones de la época

MADRID Actualizado:

Hace escasamente tres meses conmemorábamos los ciento cincuenta años del nacimiento de don Torcuato Luca de Tena, fundador de ABC y Blanco y Negro. Y hoy, 10 de mayo, se cumplen los ciento veinte de la salida a la calle de aquella revista singularísima, que se convirtió en el paradigma de las mejores publicaciones de su época.

Los dirigentes del Partido Liberal le tientan para que se meta en política

Tenía don Torcuato treinta años y era su primer «salto» en serio en el mundo del Periodismo. Atrás quedaban los balbuceos del periodiquito «La educación», sacado con Luis Romea a los catorce años. Pero lo de ahora no es un anhelo adolescente. Se acaba de casar, representa los negocios familiares de Sevilla en Madrid, los dirigentes del Partido Liberal le tientan para que se meta en política; pero él no puede quitarse de encima el veneno del Periodismo.

Así que se marcha con su viejo amigo de correrías Luis Romea a Múnich para estudiar a fondo la organización de la revista «Fliegende Blätter». Y a su regreso es la escena, tantas veces contada, del Círculo de Bellas Artes, donde los pintores se quejaron de que no hubiera algo así en España, y don Torcuato contestó: «Pues yo seré ese editor». Y creó Blanco y Negro.

Las primeras fotografías

Del éxito de Blanco y Negro todavía se habla. Fue un nuevo Periodismo con magníficas ilustraciones, fotografías llamativas, los estrenos teatrales, la vida social, los toros, la literatura. Grandes firmas sin mirar ideologías, pintores que hicieron escuela, la vida, en fin, recogida en una publicación pensada para entretener y divertir honestamente. Fue «un hijo agradecido», en frase del fundador.

Al comenzar el siglo XX la revista alcanzaba los 80.000 ejemplares de tirada. Y este detalle: de un capital de 4.000 pesetas y una imprenta alquilada se pasó a construir el palacete de Serrano con magníficas maquinarias traídas de Alemania dispuestas al gran sueño: sacar a la calle un periódico que se llamaría ABC. Casi nada.