Gregorio Marañón: el liberal que intentó parar la Guerra Civil

Entre 1934 y 1936, el médico hizo llamamientos constantes a la concordia. Pese a su republicanismo, tuvo que huir de Madrid en 1937 al sentirse amenazado por comunistas y anarquistas

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A lo largo de 1934 la crispación había ido creciendo de manera paulatina. […] Para Marañón, habían vuelto a chocar las dos Españas. Mientras una, representada por Menéndez Pelayo, miraba hacia el pasado, hacia la «tradición, hecha dignidad y eficacia y no sólo herrumbre», la otra, representada por Giner de los Ríos, afrontaba el futuro con «la esperanza hecha método y no sólo quimera».[…] Para Marañón, lo grave era que no tenían por qué ser corrientes irreconciliables, la nueva España podía y debía fundir ambas concepciones, para lo que «sólo se necesita un poco —o un mucho— de comprensión, de tolerancia en cada bando. Esto sólo: que se pongan de acuerdo en una cosa esencial: en el reconocimiento de los valores morales; lo que el mundo actual, para desdicha suya, ha olvidado». […]

Aunque la CEDA no violó la legalidad republicana, su desafección hacia ella no ayudo

Aunque la CEDA no había violado la legalidad republicana, su desafección hacia ella no facilitó las cosas. Marañón, al que algunos veían entonces como cercano a Gil Robles, corroboró que la actitud de éste y de la CEDA no vulneraba la legalidad y reprochaba al PSOE «no haber sabido, o no haber querido captar a las clases medias españolas […] porque, no nos engañemos: la clase media, en la política española, es la que da y quita». […] Una vez más, Marañón fue consultado por Alcalá-Zamora en septiembre de 1935, deseoso de saber si una figura como la suya, reconocida, de prestigio, acuerdo y encuentro entre las diferentes facciones políticas, podía dotar de cierta estabilidad a la política republicana. Marañón, al tiempo que declaró a los medios que había que evitar la radicalización y favorecer la estabilidad, no fue capaz de lograr componer un gobierno de concentración nacional porque «Lerroux [...] creía que los radicales no debían colaborar en ningún gobierno en que tuviesen participación los socialistas. Esta actitud hacía imposible la realización del conglomerado de todos los partidos republicanos, al quedar fuera de él un grupo tan importante como el socialista y al hacer dificil la gestión para que colaborasen otros partidos de derecha». […]

Cuando las izquierdas ganaron las elecciones de febrero, Marañón publicó un artículo con el significativo rótulo de «Comprensión». Haciendo un llamamiento a la convivencia, invocaba que las izquierdas no obviasen la opinión y posturas de las derechas. Como decía a Azorín por carta, se abría un periodo que debía tener como criterio rector la «humana comprensión de que la verdad nuestra es sólo una parte de la verdad, y hay que dejar, por lo tanto, un margen de respeto para los que no piensan como nosotros; porque sólo con que profesen sinceramente su ideal, éste, aunque no sea el nuestro, es parte también de la verdad». […]

«La verdadera situación de España»

El 2 de junio de 1936 Marañón publicó en El Sol un artículo elocuentemente titulado «La verdadera situación de España». Al abordar la delicada situación política, Marañón pensaba que las izquierdas «han reincidido en su pecado eterno: en la debilidad en el mantenimiento de la autoridad», mientras que las derechas no se habían adecuado «a la trayectoria inexorable del proceso revolucionario». Por eso, para que la República llegase a buen puerto, era fundamental que las derechas se modernizasen y dejasen de ser las «tradicionales de la predictadura». Éste era el gran problema a solventar para garantizar el futuro de la República. Con todo, se mostraba optimista y consideraba que «el desnivel inicial entre ambos bandos no es excesivo, y el tiempo lo atenúa\[...\]

Si no hubiera más que Araquistaines y Calvo Sotelos era cosa de irse del planeta

Marañón escribió a Baroja el 21 de junio con motivo de su obra El cura Monleón que «la parte política me ha entusiasmado. ¡Gran pintura la de las derechas farisaicas y las izquierdas fanáticas y pedantes! Lo único noble de la vida es el que algunos hombres puedan sustraerse de la grey borreguil de uno de los dos bandos. Si no hubiera más que Araquistaines y Calvo Sotelos era cosa de irse del planeta, porque estas dos razas pugnan, como aquí, en todas partes» […]

El 16 de julio de 1936, Marañón escribía a Marcelino Domingo, líder del Partido Republicano Radical Socialista: "El vil, el infame asesinato de Calvo Sotelo por los guardias de la República, a los que todavía no se ha condenado, por los que el Gobierno da la sensación de una lenidad increíble, nos sonroja y nos indigna a los que luchamos contra la Monarquía. […] España está avergonzada e indignada, como no lo ha estado jamás […]. Esto no puede ser. Todos los que estuvimos frente a aquello [ la Dictadura de Primo de Rivera] tenemos que estar frente a lo de hoy […]. No se alegue ningún otro ejemplo. A Castillo le han matado, cobardemente, unos señoritos armados […], a Calvo le han asesinado en nombre de la autoridad, que sigue ahí, sin un acto de condenación, haciendo creer a toda España que es cómplice de lo ocurrido […]. No somos los enemigos del Régimen, sino los que luchamos por traerlo; […] los liberales de siempre, y por eso hablamos así ahora».

«¡Paz!»

Habían transcurrido tres días desde el asesinato de Calvo Sotelo y el poder legítimamente constituido no había condenado con rotundidad el crimen; nunca sabremos si, de haberse hecho, se hubiera abortado la sublevación militar. Posiblemente no, pero, sin duda, le habría restado apoyo. El 17 de julio de 1936 Marcelino Domingo contestó a Marañón con una carta en la que manifestaba su «pesadumbre por esta realidad dramática en que vivimos». […] Los peores presagios se confirmaron. Esa misma tarde algunas guarniciones militares de Ma rruecos se sublevaron y, a las pocas horas, la rebelión se había extendido. […] Marañón, que el 17 de julio se encontraba en Estoril atendiendo a una enferma, decidió regresar inmediatamente a Madrid, donde, el día 19, escribió de nuevo a Marcelino Domingo, ministro de Instrucción Pública en el gobierno abortado de Diego Martínez Barrio: «Ahora sólo es tiempo de decir ¡Viva la República y España!».

Me avergüenza estar como espectador en esta lucha que desangra a nuestro pueblo

[...\] Marañón dirigió una nueva carta a Marcelino Domingo el primero de agosto en la que se ponía de manifiesto la gravedad de la situación y la verdadera dimensión del conflicto: «\[...\] ¡Paz! La paz podría salir de nosotros, los que estamos al margen de la lucha política; y de los que, como Vd., aunque político militante, es y será, sobre todo, hombre de pensamiento y de responsabilidad más honda que la meramente actual que dan los partidos. ¿Le parece a Vd. que podríamos hacer algo? Me aterra el aspecto de pugna crónica que empieza a tomar el combate. […] Me avergüenza estar como espectador en esta lucha que desangra a nuestro pueblo. Porque, en el otro lado, hay pueblo también».

L os acontecimientos revolucionarios vividos en Madrid en los meses de agosto y septiembre de 1936 soliviantaron a Marañón. Pronto tuvo verdaderas dificultades para ir al hospital y desplazarse por la ciudad. […] Una noche, Marañón fue obligado entre fusiles a pronunciar una alocución radiofónica revolucionaria. También compareció en dos ocasiones ante checas, una socialista, en la plaza de Colón, y otra comunista instalada en el puente de Segovia. De una de ellas le salvó otro médico, Francisco Grande Covián. A la otra acudió en compañía de su hija Mabel, a la que pidió que le esperara durante una hora en el coche. Transcurrido ese tiempo, Marañón apareció lívido y las ropas desordenadas. En el trayecto de vuelta a casa no cruzó palabra con su hija, a la que cogió y apretó la mano con fuerza como si fuera un corazón palpitante. Unos parientes suyos a los que había aconsejado que permanecieran en España por creer que la República garantizaría el orden público fueron también asesinados. El diario largocaballerista Claridad publicó un suelto que decía: «Si queréis saber algo sobre Gregorio Marañón, consultad las listas fascistas».

Todos estos episodios hicieron que Marañón sintiera seriamente amenazada su vida y se fuese distanciando de la República, por lo que decidió iniciar algunas gestiones para salir de España. En noviembre, el Hospital Provincial notificó al presidente de la Diputación de Madrid que Marañón se había ausentado de la ciudad. Tras desechar invitaciones de los Gobiernos mexicano y argentino para dar clases en alguna de sus universidades, optó por marchar a París, donde había sido invitado a dictar una conferencia en La Sorbona, universidad de la que era doctor honoris causa desde 1932. Salió de España en compañía de Ramón Menéndez Pidal.

[Fragmentos extraídos de «Gregorio Marañón, rediografía de un liberal» (Taurus), de Antonio López Vega, que se publicará el 27 de abril].