Atano III revolucionó la pelota a mano
Atano III revolucionó la pelota a mano - ARCHIVO ABC

Atano III, el José Tomás de la pelota a mano

Se cumplen 90 años del triunfo del pelotari de Azcoitia frente al coloso Mondragonés que lo encumbró a lo más alto de este deporte, donde reinó durante 22 años. Apenas jugaba 12 partidos al año y abarrotaba los frontones

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El frontón Euskalduna de Bilbao tuvo que cerrar sus puertas media hora antes de que comenzara el partido aquel 1 de enero de 1927. No quedaban localidades para la última de las tres pugnas entre Juan Bautista Azkarate, el coloso Mondragonés, y un menudo pelotari de Azcoitia que había conseguido imponerse en los dos duelos anteriores jugados en 1926 en San Sebastián (22-19) y Eibar (22-12). Mariano Juaristi, conocido como Atano III, se impuso con facilidad a su rival, dejándolo en 9 tantos. «A partir del tanto siete la impresión del público era que Atano no tenía contrario», señaló entonces el cronista Juan de Irigoyen. Con contundencia, aquel joven de boina calada hasta las orejas arrebató al gigante de Mondragón un título de campeón manomanista que mantendría en su poder durante 22 años.

Mondragonés y Atano III
Mondragonés y Atano III- JOSÉ JAVIER ALBISU

«Un fuera de serie como Atano III solo nace cada 500 años», sostiene José Javier Albisu, expelotari aficionado y prolífico autor de una docena de libros sobre la historia de la pelota. En el último, «Homenaje a dos especialidades de la pelota vasca: mano y remonte», para el que busca editor, Albisu recorre, entre otras, la trayectoria de este mito de los frontones que «revolucionó el juego de la pelota a mano».

Este «alfeñique» como hubo quien le denominó, que jugaba siempre con chapela por sufrir de alopecia, «era un felino» que se movía por la cancha «como un gato montés». «Defendía mucho, sacaba mucho, restaba pelotas inverosímiles y resolvía con contundencia», señala el escritor, que destaca la habilidad de su juego, así como sus excepcionales reflejos, buena vista, flexibilidad, mano suelta y buena zurda. «Su saque era venenoso, la dejaba (la pelota) muerta en la pared izquierda o a veces sacaba a la derecha directamente a la grada. También cuentan que con el saque libre podía ganar a los tres mejores pelotaris del momento», relata.

Albisu explica cómo en aquellos años en los que se jugaba a cansar al zaguero hasta que fallaba, Atano III impuso un nuevo estilo de juego. El pelotari de Azcoitia no podía competir con la «pegada terrorífica» del rey de los pelotaris de entonces. De 1,90 metros de altura y complexión ancha, Mondragonés «llevaba al rebote» la pelota en frontones de 56 metros (los de ahora son de 36 m). «Atano III no le ganaba a pegada, sino delante. Era un bailarín que destacó por el arte de saber interpretar el juego de la pelota», subraya.

«Fue un fenómeno incomparable», añade el experto, y así lo recogen las crónicas de la época. «No hemos visto jugar nunca tanto y con tanta facilidad como juega este muchacho», señalaba El Imparcial en 1925; «Atano III, el guerrillero del juego a mano», titulaba El Sol y en ABC se le calificaba en 1931 como «el fenómeno más grande que la pelota ha producido». En 1930 este diario afirmaba: « No se recuerda en los frontones un caso más genial y más definitivamente destacado que Atano III, el pequeño gran jugador de Azcoitia».

Un caché de estrella

«Para hacerse una idea de lo que representaba Atano III en el mundo pelotazale basta saber que por un partido por parejas ganaba 6.000 pesetas de las de entonces y 7.000 si era mano a mano, cuando la media de un buen pelotari como Mondragonés en 1928 era de 250 pesetas», resalta Albisu. Porque Atano III «abarrotaba las canchas en cada partido», añade. Juan de Irigoyen destacaba en ABC en 1934 cómo los precios de las localidades subían a 10 y 12 pesetas cuando jugaba Atano III, frente a las 3 pesetas de una entrada corriente.

Retrato firmado de Atano III
Retrato firmado de Atano III- ABC

El propio Atano III confesó sus honorarios a Crónica en 1929 cuando el diario habló con este «ídolo el más encumbrado» a su paso por Madrid durante su viaje de bodas. Juaristi relató en esta entrevista cómo de sus 9 hermanos, los siete varones habían hecho de su afición por la pelota su profesión, cómo había debutado como profesional en Eibar en 1922 ganando a Arriola, que su rival más terrible era Mondragonés y que hasta esa fecha nunca había sido vencido en un mano a mano. También apuntaba cuántos partidos jugaba al año: «Doce. A lo sumo quince». No es de extrañar que cada reaparición se convirtiera en un acontecimiento.

Juaristi no se prodigaba en las canchas porque «arrastró un gran problema: las manos no le respondían y debía tomarse largas temporadas de descanso para recuperarlas», explica Albisu en el libro que prepara. Claro que Atano III jugaba a mano limpia, sin protección alguna como las que ahora utilizan los pelotaris.

«Cuando las tenía tan hinchadas que no podía seguir jugando y le dolían, se las metía en un balde de agua muy caliente o le cortaban con una cuchilla en la palma», relata el escritor que recuerda multitud de anécdotas de la vida de Atano III, como el partido que jugó en la finca Bordaberry de Hendaya donde veraneaba Winston Churchill o el disputado con Atano II de zaguero frente a Arcé, Ignacio Sara y Mondragonés, en el que ganaron los hermanos Juaristi 25-15.

Atendiendo a la prensa
Atendiendo a la prensa - ABC

El Imparcial recogía en 1929 su exhibición en solitario ante el trío formado por Martínez, el Marino y el Artillero en un Frontón Madrid lleno a rebosar. Hasta el general Primo de Rivera quiso ver jugar a Atano III.

Dos años después, Juan de Irigoyen destacaba en este periódico otro «intento extraordinario que dio la máxima medida de lo que alcanzó el juego de Atano III» como fue «aquel partido del Carmen de Marquina en el que, con su hermano de zaguero, supo dominar y mandar en amo durante los doce tantos que le duró la mano al máximo terceto, integrado por Ulacia, Mondragonés y Artazo, máxima suma de valores pelotísticos que se le pudo oponer, después de haber ganado a varias "ternas" en las que figuraban Rubio de Guernica, Zabala, Eguía, Pérez, Chapasta, Mondragonés y cuantos tenían significación presente en el pelotarismo».

En una inusual imagen sin chapela
En una inusual imagen sin chapela- ABC

Cinco son «las chapelas de campeón manomanista que por derecho propio tiene» Atano III, aclara Albisu. Desde 1927 hasta 1940, fecha en que la Federación Española de Pelota instauró los campeonatos manomanistas oficiales en los años pares (los de parejas se jugaban los impares, no encontró rival que le disputara su reinado. Una vez creado el campeonato oficial, Atano III revalidó su título en 1940 frente a Txikito de Iraeta (22-8); en 1942 contra su hermano Atano VII (22-5); en 1944 frente a Felipe (22-8); y en 1946 ante Akarregi (22-16), sumando estas cuatro chapelas a la que ya tenía y a los innumerables trofeos que reunió en su carrera.

Otro gran pelotari, Miguel Gallastegi, acabó con la supremacía del fenómeno de Azcoitia en 1948 (22-6). Atano III tenía entonces 44 años, catorce más que su contrincante.

Se retiró como profesional un año después, aunque Albisu resalta con admiración que «los 50 años todavía seguía jugando con pelota goxua y aficionados», citando un encuentro en Andoain. Falleció el 12 de enero de 2001 a los 96 años.

La edad dorada

Juaristi formó parte de «la edad dorada de la pelota» que el autor de «Los grandes manomanistas»» que pretender reeditar con datos de hasta 2016, sitúa entre 1925 y 1950. En aquella época «pletórica», Jesús Ábrego, otro mítico de este deporte que «convirtió el remonte en un arte» y destacaron Erdoza Menor en cesta punta y Oroz III en pala.

Atano III y Jesús Ábrego
Atano III y Jesús Ábrego - JOSÉ JAVIER ALBISU

Tanto Atano III como Jesús Ábrego recibieron junto al remontista Arano II la medalla al Mérito Deportivo en 1967. Fue en el frontón Anoeta de San Sebastián, el mismo que desde 1995 se denomina en su honor Frontón Atano III. Junto a las taquillas, un busto de bronce de Juaristi, con su característica boina, recuerda al más grande de los pelotaris guipuzcoanos y, para muchos, el mejor en la historia de la pelota a mano.