Imagen de la Catedral de Reims en el momento del bombardeo en 1914
Imagen de la Catedral de Reims en el momento del bombardeo en 1914

ABC, tras ataque a la catedral de Reims en la IGM: «¿Valía el monumento más que la vida de un hombre?»

El 19 de septiembre de 1914, los alemanes bombardearon la otra gran iglesia de Francia. La población lloraba sobre sus ruinas de la misma forma que los vecinos de París presenciaban este lunes el incendio de Notre Dame

MadridActualizado:

ABC publicó la foto en su portada en cuanto le llegó a la redacción a principios de octubre de 1914. «El bombardeo en la Catedral de Reims», decía el titular bajo la estremecedora imagen del pórtico izquierdo absolutamente destrozado por las bombas, en aquellos primeros compases de la Primera Guerra Mundial. Las primeras cayeron el 19 de septiembre de 1914. La población observaba entonces las ruinas de aquella monumental iglesia con cerca de 800 años de historia con los mismos ojos atónitos y las mismas lágrimas que los vecinos de París presenciaron ayer como las llamas devoraban la impresionante catedral de Notre Dame.

Portada con una imagen de la catedral de Reims tras el bombadeo de 1914
Portada con una imagen de la catedral de Reims tras el bombadeo de 1914- ABC

El periodista Albert Londres de «Le Matin», presenciaba aquel holocausto artístico y arquitectónico y publicaba un par de día más tarde un artículo célebre en la portada del diario sobre la agonía de la basílica. Fue con aquel reportaje con el se empezó a fraguar el mito de la catedral mártir, presentándola a partir de entonces en medio mundo como un soldado cuyo pecho ha sido terriblemente desgarrado. Fue posiblemente esta imagen, por encima de la de cualquier soldado herido, la que curiosamente más influencia ejerció a la hora de movilizar a la comunidad internacional y servir como símbolo de identidad ante el salvajismo del enemigo alemán.

«Si no hubiera en esa indignación mucho del sentimentalismo literario, sería cosa de sentir asco y desprecio por la Humanidad. Hermosa era la Catedral de Reims, joya inapreciable, orgullo de Francia y asombro de las gente. Más, conser todo eso, ¿valía la catedral de Reims, vale el monumento más preciado del universo lo que la vida de un solo hombre? Yo creo que no. Yo creo que lo único grande, respetable y sagrado que existe en este mundo es la inviolabilidad de la vida human. Yo creo que un solo hombre, por miserable, por abyecto que sea, vale más, infinitamente más, que todas las obras de arte, por maravillosas que sean. Una obra, mejor que peor, se puede reconstruir siempre. Una vida muerta no hay quien la resucite», reflexionaba ABC, en una serie de páginas dedicadas al desdichado edificio, en las se incluían sobrecogedoras fotografías de los escombros.

La posición de la prensa

Frente a este torrente de artículos en la periódicos de todo el mundo, los alemanes se justificaron militarmente responsabilizando a Francia de su ataque. Era el gobierno galo el verdadero causante de aquel destrozo arquitectónico al emplear, supuestamente, la catedral de Reims como base de operaciones. Algunos autores, como George Bernard Shaw, pusieron el contrapunto a la opinión generalizada, ridiculizando el supuesto barbarismo de los alemanes al recordar que los ingleses habían hecho barbaridades parecidas con su propio patrimonio medieval en tiempos de paz. Sus palabras, sin embargo, no tuvieron buena acogida entre la opinión pública mayoritaria, que siguió apostando por apuntar a la barbarie germana.

Las estatuas del pórtico izquierdo de la catedral de Reims, tras el bombardeo de la Primera Guerra Mundial
Las estatuas del pórtico izquierdo de la catedral de Reims, tras el bombardeo de la Primera Guerra Mundial- ABC

El 3 de septiembre de 1914, las tropas alemanas había entrado en Reims, la ciudad gala situada a 147 kilómetros de París. Al día siguiente, habían atacado el territorio situado entre la catedral y la conocida como Puerta de París, construcción del siglo XVIII situada al suroeste del monumento y que hacía las funciones de arancel. En la capital francesa, Notre Dame, que ayer era pasto del incendio, permaneció todavía intacta a pesar de que durante el asedio los obuses la habían cercado simbólicamente. El 12 de diciembre, una semana antes del bombardeo que les estamos contando, el Ejército germano fue derrotado y los franceses reconquistaron la ciudad con ayuda de los ingreses.

Sin embargo, la vuelta a la normalidad fue un espejismo. El antiguo lugar de coronación de los Reyes galos fue bombardeado por el ejército alemán el 19 de septiembre, convirtiéndola inmediatamente en símbolo del vandalismo enemigo y del profundo dolor de todo el país. Toda aquella región de La Champagne-Ardenne era frente de batalla y sufrió mucho. «Cuando comenzaron a caer las bombas alemanas, la fachada occidental estaba cubierta de andamios. Los proyectiles les prendieron fuego y toda la catedral quedó envuelta en llamas», escribió la novelista norteamericana Edith Wharton en su libro «Fighting France», que fue testigo del bombardeo de la una catedral que «resplandecía en todo su esplendor y, a la vez, moría ante nosotros, como una puesta de sol».

«La catedral de Reims ya no existe»

Nueve días después del bombardeo, ABC se centraba en este hecho en un amplio artículo titulado « La guerra europea»: «La catedral de Reims ya no existe. Unos cuantos cañonazos han sido suficientes para destruir en unas cuantas horas esa asombrosa maravilla de arte que parecía que debería de haber sido inmortal. El alarido desgarrador de Francia ha estremecido al mundo entero con una sacudida de espanto, de dolor y de horror. La protesta es universal; la indignación, unánime. Y, sin embargo, no intentemos siquiera justificar el crimen. En todos las idiomas que los hombres hablan no se hallará una sola palabra que pueda utilizarse para defenderla. Es odioso, inaudito, abominable, pero es la guerra: Esto es precisamente la guerra: espanto, horror, dolor, ruina, miseria, desolación, destrucción y muerte».

Reportaje sobre la destrucción de la catedral de Reims, en 1914
Reportaje sobre la destrucción de la catedral de Reims, en 1914- ABC

Para los franceses no había ninguna razón estratégica ni militar para semejante ataque, a pesar de los comentario de la revista «Le Correspondant», que poco después encontraron una justificación al considerar las torres de la catedral como lugar de observación del enemigo. Así opinaban no solo los alemanes, también los países supuestamente neutrales de la Primera Guerra Mundial.

El cadáver de Reims, sin embargo, constituyó un monumento monstruoso de referencia para toda Europa. Una lección que obligó a reconsiderar la noción del patrimonio e impulsó, mediante su imborrable plasmación en el imaginario, la firma de la Convención de la Haya y de otros acuerdos internacionales en busca de una mayor protección del arte.