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Defensa del Monasterio de Jasna Góra, uno de los episodios del «Diluvio sueco» que golpearon de muerte a la Mancomunidad formada por Lituania y Polonia.

ABC Historia recomiendaLa historia de la Mancomunidad de las Dos Naciones: las luchas de nobles que palidecen a Juego de Tronos

La unión polaco-lituana supuso la aparición inesperada de un Estado enorme en la Europa central y oriental. Un gigante de casi un millón de kilómetros cuadrados, que fue recibido con hostilidad por el resto de potencias europeas

MásQueOca edita en castellano el juego de mesa «Magnates: Lucha por el poder», que desde ABC Historia recomendamos por su cuidado transfondo más allá del mero entretenimiento

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La expresión divide y vencerás se cumple también a la inversa: unelos y, lo más probable, es que pierdas. La historia está repleta de ejemplos donde países débiles se han unido, con éxito, para aunar esfuerzos contra sus enemigos comunes. Así ocurrió cuando Polonia y Lituania, dos naciones erosionadas por sus vecinos, crearon una mancomunidad entre 1569 y 1648 que sorprendió a Europa por su fortaleza militar y su empuje. Para unos, fue un prototipo de democracia moderna en manos de los nobles; para otros, una oligarquía en manos de una nobleza revoltosa que haría palidecer a cualquier trama de Juego de Tronos .

La República de las Dos Naciones, también llamada Mancomunidad de Polonia-Lituania, fue introducida por Segismundo II Augusto Jagellón, Rey de Polonia y Gran duque de Lituania, cuando fue consciente de que no dejaría sucesor tras tres matrimonios sin hijos. La Unión de Lublin de 1569 estableció la fórmula de Estado federal para llevar a otro nivel político lo que hasta entonces había sido una simple unión personal entre ambos países. Con el fin de mantener la autonomías de las partes, Segismundo confirió nuevos privilegios políticos a la nobleza, representada en las cámaras del Sejm (Parlamento) y el Senat (Senado), y otorgó un carácter electivo a la monarquía.

El ejército de los Húsares alados

La nobleza polaca, lituana y rutena, más numerosa que en cualquier otro país de Europa, gestionó el poder a través del Parlamento central y de asambleas locales (las dietinas), de modo que los reyes eran elegidos por la aristocracia a través de un método razonablemente democrático. Este parlamento estaba formado por el Sejm, con 114 diputados polacos y 48 lituanos; y el Senado, compuesto por 113 representantes polacos y 27 senadores lituanos.

La unión polaco-lituana supuso la aparición inesperada de un Estado enorme en la Europa central y oriental. Un gigante de casi un millón de kilómetros cuadrados, gran vehículo de la cultura occidental hacia el este del continente, que fue recibido con hostilidad por el resto de potencias europeas. La Mancomunidad se armó para defender sus extensas fronteras con un ejército militar solvente que, especialmente durante el reinado Esteban I Báthory, amenazó con conquistar buena parte de Rusia y jugó un papel reseñable en la Guerra de los 30 años como aliados de los Habsburgo .

Estos ejércitos estaban bajo el mando del Rey, pero, en segunda instancia, las fuerzas polacas obedecían al Gran Hetman de la Gran Corona y las fuerzas lituanas al Gran Hetman de la Gran Lituania. En este sentido, lo más extraordinario de esta potencia militar era su caballería pesada, los míticos Húsares alados. Por cada infante, se calcula que había una proporción de tres o cuatro jinetes.

Unión de Lublin de 1569, por Jan Matejko

El poder militar de este Estado decayó lentamente con los reyes de la dinastía Vasa , Segismundo III y Vladislao IV, que se enfrascaron en disputas dinásticas con los poderosos magnates, aparte de con Rusia, Suecia y el Imperio otomano. Estas luchas internas entre la baja nobleza (szlachta), la alta nobleza (los magnates) y los reyes acabaron impidieron llevar a cabo las reformas necesarias para oponerse a la pujanza de Prusia.

El episodio final que marcó la decadencia de las Dos Naciones como potencia europea recibe el nombre en Polonia de «El Diluvio sueco», en referencia a la guerra llevada a cabo contra Suecia de 1655-1660, que dejó al país al borde de la extenuación. Se estima que se perdió un tercio de la población en esta contienda y en los conflictos derivados (pérdidas mayores las sufridas en la Segunda Guerra Mundial ).

Se estima que se perdió un tercio de la población en estas contiendas (pérdidas mayores las sufridas en la Segunda Guerra Mundial), donde los suecos, en alianza con parte de la nobleza lituana, ocuparon casi todo el país

Durante el Diluvio, los suecos, en alianza con parte de la nobleza lituana, ocuparon casi todo el país, causaron miles de muertes, destrozaron los tesoros culturales polacos y abrieron un cisma entre polacos y lituanos. Janusz Radziwill, Gran Hetman (segundo mayor comandante militar) de Lituania, que mantenía tensas relaciones con el Rey Juan Casimiro, llegó a romper la Unión de Lublin y admitir la soberanía sueca hacia 1655. Gran parte de la nobleza lituana dio la espalda al Monarca, que necesitó de un lustro para recuperar parte de sus apoyos y expulsar a los suecos del país.

No había terminado de luchar con cosacos, rusos y suecos, cuando estallaron nuevas protestas entre los nobles ante la perspectiva de una nueva elección de soberano. Juan Casimiro pidió que se aceptara a Enrique III de Borbón-Condé como su heredero, pero lo único que obtuvo fue una rebelión iniciada por el hetman Jerzy Lubomirski, que derrotó al Rey en el campo de batalla. Incapaz de imponer nada, Juan tuvo que abdicar a cambio de una cifra millonaria y se mudó a Francia hasta su muerte.

Con él terminó la historia de la Mancomunidad como gran potencia europea.

Magnates, un juego de mesa para medrar cargos

El juego de mesa «Magnates: Lucha por el poder», editado en castellano por MásQueOca y diseñado por Jaro Andruszkiewicz y Waldek Gumienny, se inspira en las disputas entre la nobleza de la Mancomunidad por colocar en posiciones de influencia a gente de su facción y lograr el máximo poder sin que la monarquía estalle en mil pedazos en el proceso.

Como en todos los productos de esta distribuidora y editora, el libro de instrucciones explica de forma muy sencilla el mecanismo del juego, con un ejemplo ampliado de cada una de las fases. El contexto histórico se plasma en cada detalle, empezando por el nombre de estas fases: elección del Rey (Electio), Senado (Senatus), Sejn (Sejm), Conflictos (Conflicti) y Interregno (Interregnum).

De 2 a 5 jugadores, cada magnate asume el control de las principales familias del periodo, Lubomirski, Potocki, Radziwill, Sapieha y Zamoyski, que lucharon por aumentar su riqueza durante el auge de esta Mancomunidad. La mecánica del juego consiste en ir empleando las 13 cartas de familia, siempre las mismas, para disputar cargos (Primado, Tesorero, Hetman o Canciller) en el Senado; para obtener privilegios en el Sejn; y, finalmente, para reaccionar a los dos eventos que surgen en cada provincia durante la fase de Conflictos.

El buen estratega debe recordar que aquellas cartas que utiliza al principio ya no las puede utilizar más adelante , de modo que tal vez acapare gran número de cargos y prebendas, pero de poco le servirán luego si no quedan personajes (cartas) lo bastante fuertes para imponer el dominio familiar en la fase de los Conflictos. Entre esos eventos adversos se citan guerras, invasiones y rebeliones... El pan de cada día de este enorme Estado en un lugar entre la Europa occidental y la oriental.

Y, precisamente, son las recompensas que se obtienen al final de esta fase lo que determina quién controla cada provincia. En la fase de Interregno se calcula la riqueza de cada familia en base a las provincias donde cada jugador ha logrado una «ventaja» o «dominio» colocando un mayor número de «estados».

Llevando la idea histórica de la Mancomunidad hasta su última fase, «Magnates» termina con la derrota de todos los jugadores si en la fase de Interregno los espacios de al menos tres potencias se encuentran en «conflicto» no derrotado, es decir, tres provincias sufren guerras internas y han sido invadidas por el enemigo sin que los jugadores hayan conseguido imponerse. La Mancomunidad salta en mil añicos y nadie gana. De ahí que, como en la realidad, no quede a veces más remedio en las partidas que sacrificar los intereses particulares en favor de salvar la Mancomunidad, aunque sea para seguir acaparando riquezas en el futuro, lo que en el juego se traduce en reservar alguna carta buena para repeler las invasiones de los enemigos.

Cada carta de familia representa personajes notables de la historia de esta Mancomunidad, de Stefan Czarniecki (Hetman en las guerras con Carlos X de Suecia ) a Ludwika Karolina (poderosa terrateniente casada con Luis de Hohenzollern), que permiten acercarse sin necesidad de volúmenes de texto enciclopédicos a este periodo tan desconocido en España. Incluyen un retrato de cada miembro, su nombre, una breve biografía y su escudo de armas, detalles que, si bien no tienen ninguna influencia en el juego, ayudan sobremanera a introducir al jugador en el contexto.

Cada personaje aparece con un indicador de fuerza e influencia (en el caso de los hombres es lo mismo) que determina la capacidad que tienen de interferir para la obtención de cargos y privilegios, así como en la reacción a los conflictos. La partida la gana casi siempre quién sabe destinar lo mejor posible cada carta, sabiendo que no todas las batallas se pueden ni se deben ganar. Los miembros más débiles de la familia, las ovejas negras, también tienen su «momentum» tarde o temprano en «Magnates».

Ejemplar cedido por MásQueOca, con una carta del mazo de privilegios

El resultado es un juego de subastas trepidante (se puede jugar partidas de cinco jugadores en menos de una hora) y muy didáctico, puesto que los términos típicos de la Mancomunidad y los personajes de las cartas son rigurosamente históricos. « Magnates» incluye en su caja de juego:

•Un tablero de gran tamaño.

•119 cartas

•17 marcadores de cartón

•192 piezas de madera

•Un inserto de cartón y bolsas de cierre tipo zip para guardar los componentes.

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