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Nos dejaron Historias inacabadas

Rocío Durcal: en la cumbre de su carrera. Es muy probable que Rocío Dúrcal hubiera continuado su trayectoria artística, porque después de lanzar el disco «Caramelito», en 2003, y ofrecer en la misma

Actualizado 31/12/2006 - 10:25:08
Rocío Durcal: en la cumbre de su carrera. Es muy probable que Rocío Dúrcal hubiera continuado su trayectoria artística, porque después de lanzar el disco «Caramelito», en 2003, y ofrecer en la misma primavera su gran concierto dedicado a las madres tapatías, cuando ya le habían diagnosticado su grave enfermedad, seguidamente volvió a los estudios para grabar «Alma ranchera», en los principios de 2004, recibiendo, en 2005, el Premio Grammy Especial a la Excelencia Musical.
Rocío vivía artística y profesionalmente un momento álgido y tenía firmados cuatro años más con su sello discográfico; seguramente, después del éxito de sus últimas rancheras, sus proyectos pasaban por grabar boleros y baladas, así como intensificar sus actuaciones en España, por supuesto sin abandonar sus giras hispanoamericanas. Incluso deseaba volver a registrar temas a dúo con Julio Preciado, con el que había interpretado el tema «Si nos dejan», poco antes de sentirse enferma.
Rocío Jurado: Discos de flamenco «por derecho». Desde que, en 1962, ganó el Premio de Fandangos de Huelva en el Concurso de Flamenco de Jerez, la proyección artística de Rocío Jurado no tuvo altibajos, fue una continua gira triunfal. Y cuando le llega la cruel enfermedad, lucha por vencerla con una capacidad admirable. Tanto fue así, que en el momento que se sintió un tanto recuperada, participó en una gala televisiva y volvió a los estudios de grabación. No obstante, el 10 de enero pasado, en una entrevista en TVE, contestó sobre su vueltaa los escenarios: «Todavía no lo sé, aún estoy en el compás de espera. He hecho un programa de televisión, un disco... Pero para ponerme delante del público tengo que estar muy recuperada, porque sé que esto me va a tirar un gran pellizco». Ahora bien, lo que tenía en mente era un disco de flamenco por derecho, se lo comentó a Enrique de Melchor, a su «tocaor».
Slodoban Milosevic: el antieuropeo que evitó su condena. El caudillo serbio empeñado en obstruir las ruedas del reencuentro europeo sólo iba a lograr al final evitar su propio juicio, pero no murió aquella madrugada del 6 de marzo. Y si murió es que no le prestaron la ayuda necesaria, que exigía su tratamiento en Moscú, insisten sus familiares y otros fugitivos internacionales que viven allí a sus anchas. Pero no murió, aunque ha reducido su designio histórico a torpedear el desarrollo del Tribunal Penal Internacional, sabiendo que éste se está quedando 10 años después sin fondos y sin ánimo, como avisa Carla del Ponte. Él, que conoce a los occidentales, siempre creyó que lo suyo quedaría en alguna transacción. Si no, aún espera arrastrar con él a Clinton y Blair. Con Chirac siempre pudo hablar, aunque no le importara nada. Si prospera su plan, en Serbia le guarda el puesto en el Partido Socialista su fiel heredero Ivica Dacic, allí colocado en el negro 1992 con sólo 26 años; y en el gobierno tiene al modesto Kostunica, como él un antieuropeo. El problema va a ser que ahoratiene también a la OTAN con oficina en su Ministerio de Defensa, como también Bosnia y Montenegro.
Augusto Pinichet: un juicio ejempar a las dictaduras. Pinochet murió sin saldar cuentas con la Justicia. En realidad, nadie llegó a creer nunca muy seriamente que pudiera ser juzgado y, menos aún, condenado y encarcelado por sus crímenes. Pero se había convertido en emblema, símbolo y resumen de todos los dictadores. Y era como si muchos soñasen con juzgar en la figura de Pinochet a todos los tiranos que en el mundo han sido.
Éste es el capítulo final que no llegó a escribirse, que nunca pudo haberse escrito, pero que muchos hubieran querido mantener en eterno proceso de redacción, como un juicio ejemplar interminable. La enrevesada causa contra Pinochet, en la que se presentaron más de cuatrocientas querellas, llegó a convertirse en la esperanza de que al fin había terminado la impunidad para los crímenes cometidos desde el resguardo del Estado. Crímenes por su posible implicación en la Operación Cóndor o en la Caravana de la Muerte, agravados por la acusación de enriquecimiento ilícito que, para algunos, fue la confirmación de que la brutalidad ni tiene escrúpulos, ni tiene vergüenza. Pero la esperanza de que ya ha terminado la impunidad para los crímenes de Estado sigue a la espera de esa gran función pendiente.
Loyola de Palacio: toda la vida por delante. Le gustaba contar que su etapa en Europa había sido «apasionante», pero que estaba deseando volver a la política española. Tenía unas ganas inmensas de seguir trabajando. Y cuanto más duro parecía el destino que se le encomendara, más encantada estaba. Le habría gustado pelear por la libertad en el País Vasco. Y lo habría hecho con la entrega que ponía en las nobles causas por las que creía que valía la pena vivir. Pero a quienes la conocieron no les cabe duda de que habría sido más alto el lugar que la muerte le ha arrebatado. Su inclinación a buscar el lado más práctico de la política y su experiencia europea habrían hecho de ella una magnífica vicepresidenta económica. Rodrigo Rato lo confirmaría. Y habría seguido siendo una magnífica diplomática, con capacidad de diálogo, don de gentes y flexibilidad. Podría haber sido lo que se propusiese. Porque tenía ese don de convertir en una gran misión el más sencillo cargo que se le encomendase.
José Luis Mena: el salto de la tira cómica al cine. Si convenimos con George P. Burns que un cómico es quien hace reír y un humorista quien primero hace reír y luego pensar, no cabe duda de que José Luis Mena fue un humorista de primera; un humorista cuyo universo podría haberse extendido más allá de las páginas dibujadas de diarios y revistas, pues el gran reto pendiente de Mena fue, a mi juicio, el del cine. Su humor tenía un sesgo de gag reflexivo y no hay más que repasar una colección de las tiras de su gran personaje, Cándido, que durante tantos años acompañó a los lectores de ABC, para vislumbrar el potencial cinematográfico de una criatura que vendría a ser una mezcla del formidable monsieur Hulot de Jacques Tati y el inefable míster Bean de Rowan Atkinson. En fin, la bomba. No me digan que no se imaginan una película basada en las tiras cómicas de Mena protagonizada por ese ser de reminiscencias volterianas y corazón tierno.
Carlos Luis Álvarez, Cándido, un caballero del periodismo. Solía yo escribir unas piezas muy pequeñas en las páginas de verano a las que Jesús García Calero le gustaba llamar «Cándidos de verano» porque ocupaban el mismo espacio en la página que los recuadros que escribía por aquel entonces, en lugar más destacado, todos los días y cada día, Cándido. A mí aquel parentesco, aunque sólo fuera de formato y de palabra, con alguien como Cándido, me encantaba, pues siempre tuve la impresión en su presencia, las veces que nos encontramos, de estar hablando con alguien culto, agradable y muy educado, un señor, un auténtico caballero del periodismo. Todavía no consigo explicarme la honda impresión que aún arrastro por su repentina muerte. Puede que no sea más que la cruel constatación de que, por mucho que escribamos, en el alegre verano, morimos.
Oriana Fallaci, cosas que hacer en la edad madura. La historia no se detiene nunca y quizá después de haber terminado su primer ciclo, Oriana Fallaci se hubiese echado otra vez la mochila al hombro para salir a la calle a entrevistar. En ese devenir ideal, «Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci» (2004) no habría marcado un punto final. La periodista italiana estaba descubriendo muchas cosas en su edad madura. Se encontró con Joseph Ratzinger-Benedicto XVI en el verano de 2005 en Castelgandolfo, y estuvo a punto de encontrarse con la fe. La «nueva» Fallaci sería más dulce con sus amigos, volvería a escribir libros de interés humano y, probablemente, a descubrir el amor con algún combatiente por la libertad. Y de ese amor hubiese nacido otro libro y otro epitafio.
Anna Politkovskaya, denuncia interrumpida. La periodista rusa Anna Politkóvskaya, asesinada a tiros en el portal de su casa el pasado 7 de octubre, no pudo terminar su último artículo. Quería desvelar los brutales métodos de tortura que emplean las Fuerzas Federales rusas en Chechenia para arrancar confesiones a jóvenes inocentes con la finalidad de dar la imagen de que se está luchandoeficazmente contra el terrorismo. Politkóvskaya dedicó la mayor parte de su carrera a denunciar las atrocidades y abusos cometidos por el Ejército ruso. Fue más que una reportera. Condenó el autoritarismo y la corrupción del régimen de Putin y también la xenofobia que se fomenta desde círculos influyentes. Pero su labor quedó inconclusa porque no obtuvo suficientes pruebas ni apoyo para poner ante la Justicia a los responsables de la siniestra industria del secuestro en Chechenia, practicada no sólo por terroristas, sino también por militares y policías rusos. Tampoco vio materializado su anhelo de libertad plena para la prensa en Rusia.
Jason Rhoades, un loco de atar muy cotizado. Jason Rhoades (California, 1965-Los Ángeles, 2006) fallece a los 41 años después de haber inaugurado su última exposición en España, en el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga: la muestra e instalación se titulaba Tijuanatanjierchandelier, y ya podemos considerarla como el más vivo y último retrato de este artista al que quienes lo conocimos no dudamos en definir como «loco de atar». Rhoades siempre quiso vivir al margen de los circuitos más comerciales del arte, pero sus obras se las rifaban los más importantes museos y subían y subían en el mercado del arte. Ahora suponemos que rozan los límites de las cotizaciones imposibles.
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