Cataluña

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La plaza de toros de la Barceloneta

La plaza de toros de la Barceloneta se inauguró en 1834. Pero en 1835 fue clausurada durante un espacio dequince años por serios altercados públicos cuyo origen se atribuyó a la mansedumbre de los toros. La plaza seconstruyó para sostener a los asilados de la Casa de CaridadLa construcción de la antigua plaza de toros de la Barceloneta, los motivos, el aplazamiento de la obra y circunstancias que lo produjeron, son temas que nadie mejor que don Ventura Bagües, ilustre historiador, los recoge en una brillante y veraz narrativa. Escribe: «... Predominó una idea caritativa, arbitrar recursos con que sostener a los asilados de la Casa de Caridad de Barcelona, cuya institución obtuvo en 3 de marzo de 1827 una Real Cédula de Fernando VII en virtud de la cual le fue concedido permiso para verificar corridas de toros, cuyos productos habrían de destinarse a dicho fin benéfico. Pero durante el mismo año estalló en Cataluña la guerra llamada «dels Malcontents» o Agraviados; las partidas del «Jep dels Estanys», «Cargol» y otros cabecillas invadieron el campo; los hombres de la Regencia de Urgel y el bando Apostólico volvieron a levantar la cabeza; al terminar aquellas luchas, quedó sometida Barcelona a la crueldad inquisitorial del Conde de España, y tal época de terror no era propicia para erigir una plaza de toros. Muerto Fernando VII en 1833 y con la era de relativa expansión que se abrió a su fallecimiento, se pensó en la celebración de corridas, y la Casa de Caridad creyó llegado el momento de construir un circo taurino».El 22 de mayo de 1834, ante el notario don Manuel Planas, firmaron los contratistas, señores Coll, Sagristà, Deocón y Vilaregut, la escritura correspondiente para llevar a cabo la construcción del inmueble que se ubicaría en los terrenos que poseía la Casa de Caridad en las afueras de lo que fue, después, la Puerta del Mar. Dirigió las obras el arquitecto de la Academia de San Fernando don José Fontseré y Domènech e imprimió a las mismas tal actividad que a los dos meses estaban casi terminadas.Por hallarse la plaza dentro de la zona militar, cerca del fuerte de la Ciudadela, se limitó la obra de fábrica al piso de la grada cubierta. El resto hasta la cornisa fue hecho de entramados de madera. En los años 1857, 1862, 1871, 1875 y 1888 se introdujeron sustanciosas reformas de dicho coso completándose así la obra. El coste fue de 213.688 pesetas. El terreno sobre el que estaba edificada la plaza tuvo un valor de compra de 360.030 pesetas. El aforo era de 12.000 almas.Inauguración del TorínPara los días 25, 26 y 27 del mes de julio de 1834 se anunció la inauguración de El Torín con los espadas Juan Hidalgo y Manuel Romero (Carreto). El mayor atractivo del cartel lo constituía el picador Francisco Sevilla, una de las mayores celebridades en tal ejercicio y de una finura y una galantería que contrastan con la dura profesión. La celebridad de Francisco Sevilla era semejante a la de Montes y de uno y otro se ocupó Próspero Merimée en una de sus «Cartas de España».Salió Francisco de Madrid con dirección a Barcelona el 18 de aquel mes de julio en un coche de la Empresa de las Reales Diligencias, en el cual viajaba también la Condesa de Montijo, doña María Manuela Kirkpatrick, acompañada de sus hijas, Paquita y Eugenia, niñas de nueve y ocho años, respectivamente, quienes andando el tiempo serían la primera Duquesa de Alba y la segunda Emperatriz de Francia, las cuales se dirigían a París, huyendo delazote de cólera morbo que invadía Madrid. Al llegar aquí los viajeros de la diligencia, tenían que sufrircuarentena por venir de una zona infestada, librándose de esta obligación el picador Sevilla para que pudiera actuar. Pero él se negó a aceptar dicha excepción, diciendo: «Si esta señora -refiriéndose a la Condesa de Montijo- y sus demás acompañantes no son admitidos a libre plática, yo no picaré. Se hizo, pues, extensivo a todos el permiso de entrada, pudiendo seguir la diligencia su viaje a Francia. Por orden gubernativa no se dio la primera corrida hasta el día 26 con los diestros ya citados. El primer toro pertenecía a la ganadería navarra de Javier Guendulaín.Para el 25 de julio de 1835 se dio una corrida con Manuel Romero y Rafael Pérez de Guzmán y tal fue la mansedumbre de los toros de Zalduendo que el público, indignado, asaltó el ruedo y el último toro fue muerto a palos, siendo arrastrado al grito de «¡Lo bou gros!». La cosa pasó a mayores y, dueñas las turbas de la población, asaltaron los conventos de frailes y dieron muerte a muchos de éstos. La musa popular dedicó el siguiente cantar a tan luctuosa jornada: «El día de Sant Jaume/ de l´any trenta-cinc/va haver-hi bullanga/ dintre del Torin./Van sortir sis toros/ que van ser dolents/ Aixó va ser causa/ de cremar els convents».Como los trágicos sucesos se habían iniciado en la plaza de toros se decretó su clausura por espacio de quince años. En 1841 se dieron algunas funciones de novillos a beneficio del séptimo batallón de la Milicia Nacional y el 29 de junio de 1850 se dio la primera corrida de toros con el Chiclanero y Salamanquino.Y siguió funcionando la plaza, excepto los años 1851, 1854 y 1865 por atravesar críticas circunstancias.En El Torín se produjeron las siguientes cogidas mortales: El 15 de junio de 1881, el joven aficionado alemán Paul Wandersahen; el 6 de mayo de 1883 el banderillero Rafael Bejarano, La Pasera; el 12 de abril de 1896 el picador José Sevilla; el 27 de marzo de 1898 el novillero Juan Ripoll Juanerillo; el 9 de marzo de 1913 el novillero bilbaino Eduardo Arechavaleta Chavacha y, por último, el 29 de junio de 1919 el picador Ezequiel García Briones.La extensión de este sumario nos obliga a omitir muchas efemérides notables. He aquí algunas.El 4 de noviembre de 1858 se presentó El Tato y el toro «Rayo» de Carriquiri aguantó 34 puyazos. El 9 de septiembre de 1860 se celebró una corrida dedicada al general Prim, acogido con delirante entusiasmo. El 1 de septiembre de 1889 le fue perdonada la vida al toro «Culebro» de la ganadería de Andrés García. Después de una brava pelea en varas y luego dejarse acariciar en el ruedo por el mayoral de los corrales Serafín Grego, siguió a éste como un corderillo hasta quedar encerrado en el toril. El 14 de abril de 1895 el toro «Molinero» de Ripamilán saltó al tendido y allí fue muerto por el guardia civil Waldo Vigueras. El 23 de septiembre de 1923 se dio la última función con novillos de Hermanos Hidalgo. Rejoneó dos Faroles y actuaron Alcalareño II y Nacional III.Se hincó sobre la vieja plaza la piqueta demoledora y desde aquel 8 de abril de 1946 los despiadados golpes la hicieron desaparecer. «Ante la tristeza suprema de la muerte, al contemplar sus muros despedazados -escribía Don Ventura- hemos recordado aquellos versos de Rodrigo Caro: «Todo desapareció, cambió la suerte/ voces alegres en silencio mudo...»

Actualizado 31/08/2003 - 05:00:04
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