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Científicos españoles demuestran que el yogur no tiene efectos en la salud más allá de los nutricionales

Actualizado 31/07/2003 - 17:17:47
Los fabricantes de yogur tradicional suelen promover sus productos como más saludables que los yogures pasteurizados por aquello de que estos últimos, al estar tratados térmicamente antes de la fermentación de la leche, pierden las bacterias lácticas características de este alimento antes de su consumo, por lo que su ingesta no aportaría los beneficios que a éstos gérmenes vivos se les
atribuyen: mantener la flora intestinal y evitar la proliferación de bacterias nocivas.
Sin embargo, un estudio realizado por científicos españoles del Hospital Ramón y Cajal ha demostrado que no existe tal diferencia entre la influencia del yogur tradicional y el pasteurizado en el organismo de las personas, pues las bacterias lácticas de ningún yogur sobreviven en el tracto intestinal.
Un equipo compuesto por 20 investigadores del hospital madrileño Ramón y Cajal, bajo la coordinación del Doctor Javier Yuste, médico
de Sanidad Nacional y jefe de Salud Laboral del centro, ha realizado un estudio en población sana con el fin de comparar los resultados
del consumo de yogur tradicional y pasteurizado. Dicho estudio ya se había realizado en animales hace cuatro años bajo coordinación de Emilio Herrera Castillón, Catedrático de Bioquímica y Biología
Molecular de la Universidad San Pablo CEU. En él se compararon ratas sondadas con yogur fresco, termizado o agua destilada, con ratas sin
sondar, y el resultado fue que las bacterias lácticas del yogur administrado sobrevivían en el estomago e intestinos de los animales.
Tras obtener estos resultados con los roedores se quiso comprobar si en el caso de los humanos las bacterias también sobrevivían. Por esto, ciéntificos del hospital Ramón y Cajal llevaron a cabo un
estudio con 114 individuos sanos que fueron divididos en tres grupos:  dos grupos experimentales de 48 individuos y un grupo de control de
18. De forma aleatoria y sin que en ningún momento los participantes supieran qué yogur estaban tomando en cada momento porque el estudio
era ciego, el primer grupo tuvo que ingerir durante 15 días 3 dosis diarias de yogur tradicional y el segundo la misma dosis del pasteurizado. Después de dos semanas de descanso cada grupo tomó
durante otros 15 días la misma dosis diaria del otro yogur que aún no había consumido.
Antes de este proceso y el último día de los dos periodos quincenales se tomaron muestras de sangre de los participantes para recoger sus parámetros inmunológicos y se les efectuó también un estudio bacteriológico para comprobar si las bacterias lácticas del yogur colonizaban, crecían y se multiplicaban en el colon. Según los resultados preliminares, no se detectaron diferencias significativas en los parámetros inmunológicos analizados en los participantes que tomaron yogur tradicional y el pasteurizado, ni respecto al grupo de
control, así como no se encontró ninguna bacteria láctica viva en los organismos de los participantes tras la ingesta de ambos yogures.
Las conclusiones del estudio son preliminares porque de momento sólo se han realizado los estudios bacteriológico e inmunológico que
en septiembre se ampliará, en el mismo hospital, con un análisis estadístico más extenso. A pesar de ello, el doctor Yuste asegura que el yogur no es un alimento probiótico, porque para que un probiótico
sea efectivo, principalemente, debe sobrevivir en el tracto intestinal y llegar intacto al intestino grueso e instalarse allí y "durante el estudio, los gérmenes de los yogures tradicionales desaparecían en el tránsito intestinal, por ello no había efectos probióticos".
Por lo tanto, los supuestos efectos beneficiosos de las bacterias lácticas del yogur sobre el sistema inmunológico o para prevenir el cáncer de colon no son posibles, ya que se ha demostrado que "en el
intestino, donde se deberían producir estos beneficios, lo gérmenes de yogures tradionales mueren", añadió Yuste, y, por lo tanto, no hay
diferencias significativas en el organismo humano entre la influencia del yogur pasteurizado, que carece de gérmenes vivos antes de ingerirlo porque se pierden en el proceso de pasteurización, y el
tradicional cuyas bacterias después de ingerirlo no sobreviven a la acción de los jugos gástricos.
El doctor afirmó que los resultados del estudio confirman la visión que sobre el tema ya tenían numerosos investigadores, que "el yogur no es probiótico ni un medicamento como se había hecho creer a mucha gente", y matizó: "a pesar de ello, el yogur es un alimento altamente nutritivo cuyo consumo es muy aconsejable".
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