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Clase de Matemáticas, Lengua... y también de ducha y desayuno

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Actualizado 01/04/2003 - 23:58:03
Un momento del almuerzo en una de las aulas del colegio valenciano. EDUARDO MANZANA
Un momento del almuerzo en una de las aulas del colegio valenciano. EDUARDO MANZANA
VALENCIA.
Con más del 85 por ciento de estudiantes gitanos y el resto inmigrantes, muchos de los cuales viven en chabolas y proceden de familias desestructuradas, el colegio Santiago Apóstol de Valencia ha hecho frente a las graves carencias afectivas, familiares, educativas y de higiene de sus alumnos con innovadoras iniciativas que incluyen programas de ducha, desayunos o lavandería, y que le han valido recibir el Premio Nacional de Integración
«Les duchamos, les damos de desayunar, de comer y merendar, y encima les enseñamos». De esta forma tan gráfica refleja el inspector de la Conselleria de Educación la laborque desde hace años lleva a cabo el Colegio Santiago Apóstol de Valencia. Una inciativa que les ha obligado a romper no sólo con los horarios lectivos y las rutinas escolares, sino también con cualquier idea preconcebida de cómo debe funcionar un colegio, pero que les ha hecho merecedores del primer Premio Nacional de Integración de Marginados, que desde hace dos años concede el Ministerio de Educación. El premio, 36.000 euros, además de reconocer el esfuerzo de la dirección y los profesores, permitirá solucionar algunos de los numerosos problemas de infraestructuras. De momento, se destinará a pintar el colegio.
Para María del Carmen Gans, directora del Santiago Apóstol, situado en un emblématico edificio del barrio del Cabañal, «cuando existen muchos problemas y pocos recursos, se tiene que echar mano de ideas innovadoras».
Carencias afectivas
Hace una década, tras detectarse un importante aumento de la escolarización de niños que procedían de familias marginales, con graves carencias, no sólo económicas sino también afectivas y de socialización, el centro puso en marcha varios programas para compensar desigualdades. Hace unos años, según su directora, «nos dimos cuenta de que sólo estábamos poniendo parches, y lo que se necesitaba era un programa que abarcara todo el centro, con un proyecto de compensación educativa global». Así, en el curso 2001-2002, la Administración aprobó la denominación de centro CAES (Centro de Acción Educativa Especial).
Autoestima y absentismo
Los 16 profesores, con su directora a la cabeza, comenzaron entonces a poner en marcha distintos programas para potenciar la autoestima, la interculturalidad o para frenar el absentismo escolar, ya que entre los alumnos del centro son habituales los problemas de carencia de afecto, autocontrol, agresividad, retraso madurativo o faltas de habilidades sociales, lo que conlleva dificultades de aprendizaje y conducta.
La propia directora reconoce con humor que se trata de un colegio cuanto menos peculiar. «Aquí no hay nada normal, ni los horarios, ni las clases ni nada de nada», dice. Y para muestra, un botón: Cualquier reunión de padres que se convoque debe llevar incluida merienda, «ya que es la única forma de que vengan». En esta misma línea, las circulares dirigidas a las familias han sido sustituidas en tres ocasiones por vídeos. «Muchospadres no saben leer, pero de lo que nos dimos cuenta es de que en todas las casas no falta un vídeo, aunque sean chabolas, así que hicimos uno en el que participaban los propios alumnos y que transmitían de forma sencilla los mensajes que queríamos hacerles llegar a los padres», explica.
Los resultados, según la dirección, han sido muy satisfactorios hasta el momento, y los programas desarrollados incluso sorprendieron a los inspectores del Ministerio que visitaron el centro como parte del jurado del Premio Nacional de Integración. «Les llamó la atención que no desarrolláramos un programa de integración al margen del colegio, sino que todo el colegio estaba involucrado», señalan tanto la directora como la jefa de estudios del centro valenciano.
Además, aunque el centro es únicamente para Educación Primaria, se ha habilitado un aula especial para estudiantes mayores. «Cuando acaba la etapa de primaria muchos alumnos no siguen en el instituto, ya quelos propios padres los introducen en el tráfico de drogas o se dedican a trapichear..., así que pedimos un permiso a la Administración para que los estudiantes de entre 14 y 15 años que quisieran pudieran continuar la escolarización, aunque fuera un tanto irregular».
Monitor gitano
La dirección del colegio no ha dudado tampoco a la hora de buscar ayuda del exterior, ante los problemas que se van presentando. Así, cuentan con el asesoramiento de catedráticos de la Universidad y, desde hace tres años, trabajan con un monitor gitano que además de tratar el tema del absentismo escolar sirve de mediador con las familias. «Hace unos años, destaca Gans, nos dimos cuenta de que los padres no se involucraban en la educación de sus hijos y no acudían a las reuniones; el problema era que no existía vinculación con las familias de los alumnos, así que solicitamos ayuda».
Otro problema al que está haciendo frente el colegio es el número cada vez mayor de alumnos inmigrantes. Para solucionar esta nueva situación se está desarrollando, paralelamente al programa de compensación educativa, un programa de interculturalidad, que seguro que no será el último.
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