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«Annie», una fiesta musical

Actualizado 31/01/2001 - 00:22:38
@«Annie». Libreto: Thomas
Meehan. Música: Charles Strouse. Letras: Martin Charnin. Versión: Nacho Artime. Dirección artística y escenografía: Luis Ramírez: Coreografía: Luka Yexi. Vestuario: Luis Rada. Iluminación: Felipe Ramos. Director de orquesta: César Belda. Intérpretes: Leire Martínez, Enrique Sequero, Raquel Grijalba, Eurídice Such y Andrea Ramírez, entre otros. Teatro Nuevo Apolo.
Parece que el arraigo del teatro musical en Madrid es ya algo más que una moda pasajera. El Nuevo Apolo mantiene ahora mismo en cartel dos espectáculos del género, «Jekyll & Hyde» y, en funciones matinales de fin de semana, «Annie», animadísimo y muy bien hecho cuento de hadas ambientado en el Nueva York convulsionado por las consecuencias de la Gran Depresión y que se basa en un cómic sobre las peripecias de una huerfanita creado por el dibujante Harold Grey en los años veinte. El musical original se estrenó con éxito en Broadway en 1977 y cinco años después el gran John Huston rodó una versión fílmica que, todo hay que decirlo, no está a la altura de sus grandes trabajos.
El montaje que se presenta en Madrid lo firma Luis Ramírez que, con habilidad, aprovecha alguno de los elementos escenográficos de «Jekyll & Hyde» y los incorpora a «Annie» con muy buenos resultados. El argumento visita las fuentes del melodrama aunque impriendo un alegre tono de comedia esperanzada a los tristes tintes de la historia: la protagonista vive en un orfanato cuya encargada tiraniza a las niñas a su cargo, el multimillonario Oliver Warbukcs invita a una de ellas a pasar la Navidad en su casa y la elegida es, lógicamente, Annie, que conquistará su corazón y que, además, logrará que su protector arregle la situación del orfelinato.
Este musical está empaquetado con hechuras de gran espectáculo servido con eficacia, sensibilidad, humor y buen gusto. Las niñas cantan bien y los mayores también.En fin, un trabajo redondo, aunque, por poner alguno, un pero un poco tiquismiqui: se comenta en varias ocasiones que la acción transcurre en 1933; en un determinado momento, Annie y Warbucks van al cine y la película que ven, según puede comprobar el espectador —que contempla en el reverso de la pantalla las imágenes proyectadas en el anverso—, es «¡Qué bello es vivir!», rodada por Frank Capra... en 1946. Una pequeña licencia que en nada hace palidecer el buen espectáculo conjunto.
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