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Nueva York invierte 600.000 millones de pesetas en cultura

Actualizado 31/01/2001 - 00:22:38
Danza de millones para la Atenas del siglo XXI podría muy bien servir de banderín de enganche para la auténtica fiebre de renovación y nueva planta que le ha entrado a las principales instituciones culturales de Nueva York. Los imanes culturales de la metrópoli de moda pretenden embarcarse en nuevas sedes y fachadas que desbordan los 3.500 millones de dólares, un vértigo que sumado en pesetas supera los 600.000 millones.
Mientras el mercado de valores de Wall Street parece hoy mucho menos sólido que hace un mes y el mago de la Reserva Federal, Alan Greenspan, advierte de un crecimiento cero que equivale a recesión en la primera potencia mundial, y dado que sólo una mínima parte de los proyectos de renovación, como el del Lincoln Center (1.500 millones de dólares), o el del nuevo museo Guggenheim al sur de Manhattan (700 millones de dolares), contarán con una mínima parte de financiación federal, estatal o municipal, «The New York Times», que ayer inventariaba buena parte de estos planes multimillonarios, se preguntaba de dónde sacarán suficientes donantes para asumir esas inversiones astronómicas. El Museo de Arte Moderno ya ha empezado las obras, evaluadas en 650 millones de dólares, para duplicar su espacio, y el Jardín Botánico del Bronx ha presupuestado mejoras por importe de 500 millones de dólares.
Las primeras discrepancias han surgido entre los patrones del complejo cultural del Lincoln Center, con el Metropolitan Opera House en abierta disensión por considerar que para gastar 1.500 millones de dólares presupuestados no se les ha tenido en cuenta, o ante el nuevo Guggenheim de Frank O. Gehry, que ha recibido las primeras críticas por considerar que su proyecto para el río East, junto al puente de Brooklyn, es una versión titánica de su titanio del Nervion insuflado con la hormona del crecimiento.
«Cuando el dinero está disponible, decimos: Podríamos conseguir el dinero para hacer lo que queremos hacer. Vamos a por él porque está ahí», confiesa al «Times» el financiero Michael R. Bloomberg, que forma parte de los consejos directivos de varias instituciones, a las que se accede en función de cuanto se está dispuesto a dar, y si lo que se da es elevado no sólo se garantizan generosos descuentos fiscales sino el derecho a que el nombre del filántropo figure de forma destacada en el ala de un museo o al frente de un teatro.
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