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La gitana aristócrata

POR JOSÉ MANUEL CUÉLLARDesvelen la mirada de la Reina de Inglaterra al hermoso ciervo, esa famosa mirada, y lo descubrirán todo de ella, de esta Helen Mirren donde todo es lo que parece, todo, o casi

Actualizado 30/12/2009 - 06:10:13
Desvelen la mirada de la Reina de Inglaterra al hermoso ciervo, esa famosa mirada, y lo descubrirán todo de ella, de esta Helen Mirren donde todo es lo que parece, todo, o casi todo: educación de primera en un colegio de Essex, estudios teatrales, un pasado aristocrático y una gran obsesión por los clásicos (en este caso, por William Shakespeare) sólo comparable a la de Kenneth Branagh, pero sin el alarde vanidoso y ostentoso del ex marido de Emma Thompson.
Pero hay otros datos menos conocidos de la gran dama del cine y el teatro inglés: su verdadero nombre es Illiana Lydia Petrovna Mironova. Es nieta de un aristócrata ruso que negociaba un acuerdo de armas entre Rusia y Japón en Londres cuando estalló la Revolución Rusa. Ligada a los zares, la familia de Mirren tuvo que quedarse en un exilio forzoso en Londres.
Lo curioso del caso es que, a pesar de que su padre pertenecía casi a la realeza rusa, su madre era carnicera y llevaba sangre gitana en las venas. Los antecedentes familiares llevaron a Illiana a los mejores colegios ingleses (en concreto, la escuela de St. Bernard en Essex), y de ahí salió una dama refinada, exquisita, de modales reales y una pasión infinita por los clásicos. Además, salió del colegio con una determinación fiera, completamente segura de sus posibilidades, la cabeza alta y la mente decidida: «Yo nunca quise ser sólo buena en lo que hacía. Quería ser brillante». Lo dicho, otra Branagh pero con mayor fortuna y mucho más talento.
Ser o no ser a los trece años
Según sus propias palabras, a los trece años ya estaba obsesionada con la obra de Shakespeare. Sus padres la empujaban para que fuera profesora, pero ella ya tenía decidido su camino. Cuando entró en la escuela de arte dramático sus mentores no dudaron de que estaban ante una actriz sin parangón posible. A los veinte años ya formaba parte de la créme de la créme: la Royal Shakespeary Company. Lo hizo todo: Cleopatra, Cressida, Ofelia, Lady Macbeth..., todos los papeles femeninos del genial escritor.
Cuando le llegó el papel de «The Queen», Helen Mirren ya era una leyenda. El papel sólo le sirvió para acceder al gran público, pero para el mundo del cine era un gigante y un mito para el universo teatral. También le sirvió para establecer una marca: es una de las pocas actrices que ha ganado los cuatro premios principales del cine comercial por una sola película, la que nos ocupa: el Oscar, el BAFTA, el Globo de Oro y el premio del Sindicato de Actores. Sin ninguna duda, fue su papel más logrado porque, para cuando rodó el filme, Mirren había alcanzado una madurez artística inigualable. Además, en su intento por no encasillarse, había tocado ya todos los palos: cine, teatro, televisión, y había realizado toda clase de papeles, estando inigualable incluso en los secundarios («Noches de sol»).
La Reina en persona
A pesar de todo, el buen trabajo realizado desde el principio hasta el fin de su carrera, trabajo que ha llevado al mundo del cine a considerarla la mejor actriz viva del mundo junto a Meryl Streep, las cotas alcanzadas en «The Queen» fueron tan altas que nunca llegamos a percibir que estamos ante una actriz, sino ante la misma Reina de Inglaterra, tal es la precisión con la que realiza su trabajo: sobria, contenida, sin un gesto ni una palabra de más ni de menos, todo en su justo término, todo en sus marcas, un trabajo pleno de perfección tal que es una película de obligada revisión para ser paladeada en su justa medida.
Ahora se dice que puede volver a encarnar a la Reina Isabel en una película sobre la biografía de Indira Ghandi, un proyecto en el que están involucrados Tom Hanks y Tommy Lee Jones, además de Emily Watson.
Sigue tan inalterable como cuando era joven, tan altiva y segura de sí mismo. Así se cuenta que el año pasado hizo una visita nostálgica a la finca de sus antepasados aristócratas en Kuryanovo. Al llegar allí con su hermana se encontró con que la finca había pasado a manos de un oligarca ruso, una especie de gánster que se presentó con sus dos guardaespaldas y los Kalashnikov a cuestas. «Bienvenidas a mis tierras», cuenta la inglesa que le dijeron. «Bienvenidos a las mías», le contestó la genial actriz.
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