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«El público no entiende que no podemos sonar como en los discos» Marcelo Álvarez _ Tenor

POR MARTA MOREIRAFOTO ROBER SOLSONAVALENCIA. En palabras de Pavarotti y Di Stefano, la de Marcelo Álvarez ha sido la carrera más fulgurante que jamás habían conocido. El tenor argentino, nacido en

Actualizado 30/10/2008 - 02:55:00
POR MARTA MOREIRA
FOTO ROBER SOLSONA
VALENCIA. En palabras de Pavarotti y Di Stefano, la de Marcelo Álvarez ha sido la carrera más fulgurante que jamás habían conocido. El tenor argentino, nacido en Córdoba en 1962, encontró su verdadera vocación con treinta años. Vendió la fábrica familiar de muebles en la que trabajaba para consagrar su vida al «sacerdocio» de la música. No sabía solfeo, ni cantar «Oh! Sole Mio», pero seis años después de haber iniciado sus estudios, debutaba en la Fenice de Venecia, el primero de los grandes teatros de ópera con los que llenaría su voz en adelante.
Esta vocación tardía lleva aparejadas sus ventajas, entre ellas, «que no estoy contaminado y no me da miedo decir lo que pienso, porque sé que podría vivir de otra profesión». Marcelo Álvarez es la voz más crítica del panorama lírico actual, agostado, en su opinión, por la excesiva exigencia que se vierte sobre los cantantes.
-¿Cómo es esta producción de «Luisa Miller»?
-Todavía no tengo una opinión completa, pero he visto la escenografía y creo que puede ser entretenida, aunque a su vez eso puede romper el verdadero drama de la obra.
-¿Qué cualidades debe tener la voz de un tenor para dar lo mejor de sí en el repertorio verdiano?
-La obra de Verdi ha estado muy contaminada (sobre todo a partir de la década de los cincuenta), con un verismo que el compositor no quería. Se ha llegado a convertir en una cuestión atlética. Mi propuesta es diferente, y tengo la suerte de que por el momento ha sido muy bien acogida. Creo que hay que cantar Verdi con todos los colores posibles, donde lo más importante sea el legato, el control de la técnica y el amor por la palabra hablada, que todo se entienda bien.
-Comparte escenario con otra gran voz verdiana, la del barítono Carlos Álvarez, que interpreta el papel de Miller.
-Espero que pueda recuperarse a tiempo, porque el otro día tuvo que suspender su actuación en el Real con «Un ballo in maschera». Este tiempo...
-¿Sufren mucha presión con los cuidados de la voz?
-Es muy difícil tener una voz «top». Hay que llevar una vida de monja de clausura, porque además el público no permite que nos pongamos enfermos. La gente no sabe el estrés y los nervios que padecemos antes de salir al escenario. La gente está acostumbrada a escuchar en sus casas discos de las grandes estrellas, y a todo volumen. Luego quieren que en el teatro suene igual, y no se dan cuenta de que todo ha cambiado.
-¿Qué les hace distintos de los grandes cantantes de antes?
-Todo. Los instrumentos eran más brillantes, los coros eran menores y no estaba formados por solistas como los de ahora, y las orquestas no tenían tanto nivel. Además, no se escenificaban tantas funciones, ni los cantantes estaban obligados a realizar tantos ensayos, ni se les hacían correr, subir escaleras y saltar en el escenario. Eran como estrellas de Hollywood, cortaban la obra a su gusto, cantaban en el idioma que querían, y los teatros estaban cerrados para proyectar mejor su voz. Los directores no mandaban nada. Ahora las producciones son abiertas, con lo que la voz, por lógica, se escapa por la boca, y el público se queja de que no suena tan alto como las grabaciones que ellos escuchan en casa. Los grandes divos del pasado, como Corelli o Bergonzi, se equivocaban mucho más que nosotros, pero no estaba internet para dispersarlo por todo el mundo.
-Sin embargo, luego se cambiaron las tornas, y el director es ahora el jefe del cotarro.
-Nunca se ha tenido valor para hablar de este tema, pero hace 25 años se intentó denigrar al cantante para aumentar la importancia del maestro. Ahora ejercen un gobierno de facto.
-¿Cómo es su experiencia con Lorin Maazel? Tiene fama de ser bastante duro con los músicos.
-Es el último gran director con el que me falta trabajar. La severidad suele surgir cuando no estás satisfecho con la calidad de los elementos que tienes alrededor, pero nosotros (los cantantes) sabemos hacer nuestro trabajo, y yo soy tan exigente con el director como él lo puede ser conmigo.
-¿Cómo explica que haya tantas voces sudamericanas en la cima de la lírica (Juan Diego Flórez, Erwin Schrott o usted mismo), como italianas?
-A que nosotros estamos menos influidos por el pasado que los europeos. La importancia creciente de los directores ha limitado a los cantantes a ser fríos y técnicos, pero nosotros llevamos la cultura del amor al canto, y el público está demandando un cambio.
-¿Un consejo para las jóvenes generaciones de cantantes?
-Que no se traumaticen pensando que tienen que ser como Corelli. Que crean en ellos mismos.
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