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Por fin, todo Valente

ABCJosé Ángel ValenteOcho años después de su muerte concluye la publicación de las obras completas de José Ángel Valente. El volumen de sus ensayos, algunos inéditos, como los que publicamos en estas

Actualizado 30/10/2008 - 02:46:24
ABC
José Ángel Valente
Ocho años después de su muerte concluye la publicación de las obras completas de José Ángel Valente. El volumen de sus ensayos, algunos inéditos, como los que publicamos en estas páginas, termina el retrato de uno de los grandes poetas del siglo XX
POR JESÚS GARCÍA CALERO
MADRID. Con la publicación de todos los ensayos de José Ángel Valente, incluyendo numerosos inéditos, el poeta orensano nacido en 1929 y fallecido en Ginebra en 2000 se ha convertido en el primer poeta de la generación de los 50 que ve culminadas sus obras completas. La edición de la prosa crítica de Valente completa el singular retrato literario de uno de los grandes poetas de nuestra lengua en el siglo pasado. Ello ha sido posible gracias a la labor de investigación y edición del también poeta Andrés Sánchez Robayna, su albacea y gran experto en su obra y también al esfuerzo de la editorial Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.
Dice Sánchez Robayna que Valente es un escritor de excepción, «en cierta medida un escritor anómalo, en el que se produce una curiosa convergencia, ya que coinciden en él por gracia de los dioses un gran poeta y un gran ensayista, en esa tradicción que arranca de Petrarca y Dante y llega a Eliot y Valéry». Para el responsable de la edición de sus obra completas, en Valente «la palabra creadora y crítica resultan indistinguibles».
La prueba estriba en que su primer poema arranca exactamente en el mismo momento en el que empieza a escribir prosa crítica, a fines de los años cuarenta. Su prosa estará marcada «por una conciencia universalista, europea, arraigada en la tradición literaria y a un tiempo en una modernidad radical, con la que se compromete. Eso y su interés indeleble por las tradiciones místicas», subraya Robayna.
Pero Valente no fue un intelectual aislado -tampoco un poeta ensimismado-, era un hombre que opinó continuamente sobre la actualidad económica, política y social, sobre la sociedad en que vivía. «Se interesa desde muy pronto por el problema de la droga como fenómeno social, desde los años setenta. También destacan los artículos dedicados a la decepción que le produce la revolución cubana -en los sesenta-. Participó en el congreso de intelectuales de 1967 y empezó a darse cuenta de que todo conducía a una sociedad ahogada bajo un régimen dictatorial». El caso Padilla no hace sino confirmar en 1969 sus temores.
Si hay algo propio de Valente es su continua evolución, que hace que todos sus libros adquieran su propia relevancia. «Desde premisas diferentes, Las palabras de la tribu es una visión histórica de una tradición poética española que surge de su estudio de Unamuno y Machado, mientras Variaciones sobre el pájaro y la red es una lúcida reflexión sobre la mística».
Entre los descubrimientos que este volumen de 1.800 páginas permite, cabe subrayar la enorme y temprana influencia de la literatura hispanoamericana, desde los años cincuenta. Poco conocidos resultan su «interés por el cine (escribe sobre Pasolini en los 60) y sus reflexiones sobre el papel de la Universidad en la sociedad de su tiempo. Su perfil de ensayista es bastante insólito».
Por otro lado, hay que recordar que su formación -y su vida- estuvieron marcadas por dos sacerdotes. «A uno ni lo conoce, pero se educa en su biblioteca. Se trata de Basilio Álvarez, el cura republicano que había dejado sus libros en casa de los padres del poeta. Ahí lee desde los clásicos del marxismo hasta los clásicos del erotismo. Esa enorme biblioteca lo marcó para toda la vida. Luego, en sus primeros años de estudiante, otro cura, Maximino Romero de Lema, le orientó hacia los estudios literarios y rompió su previsible destino de abogado en Santiago para que marchase a Madrid a estudiar filosofía y entrase en contacto con las ideas de la democracia cristiana».
El resultado es un cosmopolitismo raro en la España de entonces. «Como Arrabal y Goytisolo, cultiva una dimensión de la cultura europea. Valente vive en Oxford nada más acabar la carrera y luego reside en Ginebra durante años, traductor en la ONU. Más tarde alterna sus estancias entre París y Almería. Desde los veintipocos años hasta el final de su vida mantiene esa dimensión europea sin dejar de ser un escritor profundamente español e hispánico.»
No casaba fácilmente Valente en aquel entorno. Robayna recuerda que «se negó a practicar la hipocresía del medio cultural patrio. Como esa hipocresía era la norma y él se atrevía a decir lo que pensaba vivía situaciones incómodas. A mí me solía decir: «Yo no agredo a nadie, pero si me preguntan no mentiré, daré la opinión que tengo»». Jamás calculó sus palabras en función de intereses del mundillo literario «algo contrario a la tónica habitual en España. Eso es lo que tuvo de anomalía», afirma el poeta canario.
Además, si Valente fue crítico hasta la médula con el medio español, también mostró una generosa capacidad de admiración, desde Blas de Otero, Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Lezama, Celan o Jabés, de quien fue amigo.
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