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Sarasola se casó a lo grande

Después de catorce años junto a su novio Carlos y una vez legalizadas las bodas gay, el jinete Enrique Sarasola no se lo pensó mucho: quería sellar su relación y celebrarlo a lo grande, con todos los

Actualizado 30/10/2006 - 09:19:11
Enrique Sarasola y Carlos Barrero acompañados por sus madres
Enrique Sarasola y Carlos Barrero acompañados por sus madres
Después de catorce años junto a su novio Carlos y una vez legalizadas las bodas gay, el jinete Enrique Sarasola no se lo pensó mucho: quería sellar su relación y celebrarlo a lo grande, con todos los amigos que le quieren y, por supuesto, con su familia que le apoya. Encantador, listo, educado y muy divertido Quique vivió su momento más emotivo el pasado jueves cuando formalizó su unión con Carlos Barrero. Llegó a la ceremonia civil del brazo de su madre, la viuda del empresario Enrique Sarasola, María Cecilia Marulanda, quien lució un elegante conjunto blanco ribeteado en piel. Lo mismo hizo su novio al acudir a la Casa de la Panadería de Madrid, donde se ofició el enlace junto a su madre. Los novios iban con elegantes trajes a medida en azul. Las madrinas con sus mejores perlas en forma de pendiente o collar. Las dos coincidieron al lucir bolsos plateados y una sonrisa que dejaba claro que estaban ilusionadas y contentas por llevar del brazo a sus hijos.
Pero una ausencia fue más que notable por extraña y sorprendente. El único hermano de jinete, Fernando Sarasola, a quien sus amigos llaman Gigi, no estuvo en la ceremonia. Nadie sabía muy bien el motivo de su ausencia cuando los Sarasola han sido siempre dos hermanos que se han querido y apoyado. Recuerdo años atrás, en vida de su padre, cuando los dos despuntaron como jinetes de elite, la cantidad de noches y días que les vi juntos en las fiestas que daban en su casa de Torrelodones o en la de Puerta de Hierro y cómo se querían. Quique siempre ha sentido adoración por Gigi y de ahí que su ausencia, en el que debería ser uno de los días más importantes en la vida de su hermano no deje de ser algo extraño. Cercanos al jinete no han sabido entender los motivos por los que no ha ido. En fin, en todas las familias cuecen habas.
Pero la boda de Quique fue una fiesta. Él también lo es. Tras la ceremonia hubo banquete y copas en el Museo del Traje, donde acudieron sus íntimos, como pueden ser Bibiana Fernández, Simoneta Gómez Acebo y su marido, Eugenia Martínez de Irujo y Pascua Ortega, Cayetana Guillén Cuervo... y también los amigos de su padre como Felipe González, con Carmen Romero, o José Bono con su esposa Ana. Pero ahí no acaba la historia. Tras la fiesta hubo cita en Barajas, donde los invitados subieron al avión privado que contrataron los novios para pasar el fin de semana en Tenerife y vivir tres días de fiesta.
De unas bodas a otras
Otras bodas fueron las que tuvo la Nietísima, hoy bailarina, Carmen Martínez Bordiú, que sigue feliz y flamante junto a su marido José Campos, el chicarrón del Norte que le hizo olvidar las penas tras su última separación sentimental y con el que se ha prometido amor eterno y muchos besugos a la espalda en Santander. Tanto juego está dando nuestra bailarina televisiva, que la periodista Paloma Barrientos ha tenido que reeditar el libro que publicó hace doce años sobre ella «Carmen Martínez-Bordiú. A mi manera» (Ediciones B) y que ya está de nuevo a la venta con nuevos capítulos sobre los últimos años de su vida. En un estilo muy ameno y cargado de anécdotas Paloma lleva a los lectores a esos primeros años de correrías por el palacio de El Pardo, donde Carmencita reinaba a sus anchas y disfrutaba de todos los lujos y mimos por ser la nieta favorita de Franco. De sus amores de adolescente, sus amistades del colegio y hasta el empeño de su padre en convertirla en esposa de Alfonso de Borbón y soñar con la corona para su niña, se da cuenta en estas páginas que, desde luego, recomiendo al propio Campos para conocer aún mejor a la que es su mujer desde el pasado mes de junio, y con quien suele aparecer en las exclusivas que ella negocia con arte y la experiencia que dan los años en esas labores. De los palacios y la exquisitez parisina al encanto de la vida de provincias la actual señora de Campos, antes de Borbón, de Rossi, y de Federicci, es hoy una mujer feliz que saborea los minutos del día al instante y sigue fiel a su lema de vive y deja vivir, mal que le pese a muchos.

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