Espectáculos

null

Hemeroteca > 30/10/2006 > 

Los animadores españoles se abren paso en el mundo

En esta tierra de soñadores, Quijotes y conquistadores, en el terreno de la animación hemos pasado de ser un absoluto cero a la izquierda a convertirnos, paso a paso, en elementos indispensables en

Actualizado 30/10/2006 - 14:06:43
En esta tierra de soñadores, Quijotes y conquistadores, en el terreno de la animación hemos pasado de ser un absoluto cero a la izquierda a convertirnos, paso a paso, en elementos indispensables en todo proyecto que se presente, sin que importen las fronteras. Desde hace unos años, un nombre y un apellido español han pasado de ser anecdóticos a ocupar los primeros puestos en los títulos de crédito de toda gran producción.
«Ha sido una lucha, pero lo importante es el resultado: conseguir hacer realidad nuestro sueño», asegura Irina Yébenes, una madrileña licenciada en Bellas Artes y «responsable» de series de animación tan de actualidad como «Pocoyó», de la productora Zinkia (que en estos momentos continúa haciendo realidad sus sueños en Australia) y trabajando para Animal Logic en «Happy Feet». Esta película -la primera de animación realizada en la tierra de los canguros- está dirigida por George Miller y tiene a unos traviesos pingüinos de la Antártida como protagonistas.
Junto a ella está otro madrileño, Miguel Ángel Fuertes. Lleva 25 años en esto y fue uno de los primeros en darse cuenta de que si quería ser alguien en el mundo de la animación tenía que poner tierra y mar de por medio. Su afición por los dibujos le viene desde su más tierna infancia, cuando pintar y dibujar eran su máxima ilusión. Quién le iba a decir que algún día trabajaría con aquellos personajes que él veía en el televisor a la hora de la merienda: «Los Picapiedra», «Scooby Doo», «Los Supersónicos»...
Inquieto, no se paró en la animación tradicional y comenzó al flirtear -mientras trabajaba para Amblin haciendo «Fievel va al Oeste» y «Balto»- con el 2DD. De esta experiencia proceden trabajos como «Casper», «Dragonheart», «El mundo perdido», «La momia 2», «Star wars Episodio 1, la amenaza fantasma», «ET», «Hombres de negro 2» y «Hulk». A lo largo de estos años, sus trabajos han estado supervisados por Steven Spielberg, George Lucas, Ang Lee, Stephen Sommers y George Miller.
Gente buena, sin un líder
Miguel Ángel Fuertes asegura que «en España, como en otros lugares, hay gente muy buena, pero a la que nadie se lo ha hecho saber, porque no hay un centro, un ancla, un líder con quien compararse. Siempre se mira hacia fuera como modelo a seguir». Fuertes añade que para algunos «mirar hacia fuera justifica un estado de victimismo, en el que muchos desean quedarse, porque es más fácil echar la culpa al vecino de lo que hace bien (o mal), que mirar los errores (o aciertos) propios, aceptarlos, superarlos y seguir adelante sin culpabilidad, pero con ilusión, libres de las ataduras de la envidia».
Lo bueno de este trabajo es que, afortunadamente, algunos empresarios o artistas jóvenes están dándose cuenta de que el cine sufragado por subvenciones gubernamentales es un cine limitado en cuanto a proyección mundial y empiezan a crear proyectos en España, preferiblemente con dinero internacional, después de haber aprendido en el extranjero los entresijos de la industria. El problema es que al no haber industria, cada nueva película es como reinventar la rueda. No hay un sistema de distribución que pueda sacar el producto al mercado, a no ser que haya inversores extranjeros interesados en el producto, con su propia distribución.
Aprendizaje y exilio
Esta forma de trabajar no permite mantener una familia, de manera que los animadores españoles tienen que trabajar entre tanto en otras disciplinas o escapar al extranjero buscando experiencias y algo de seguridad monetaria. Pero, de nuevo, esta limitación es una enorme ventaja, porque les obliga a aprender todo tipo de herramientas y tareas, mientras en el extranjero, hasta ahora, sólo se valoraba la especialización.
Esto está cambiando, debido a que es más barato contratar a tres personas que sepan hacer diez cosas bien, que a treinta que sólo sepan una, de manera que los españoles están más capacitados para conocer en profundidad la herramienta con la que trabajan que sus compañeros internacionales, que han profundizado más en un solo aspecto del programa que utilizan.
Cuando se habla con ellos de la posibilidad de volver a casa, plantean la misma duda: «¿Que te propongan crear un estudio de animación?». Agradecen la propuesta e incluso la escuchan y se lo plantean seriamente, pero al mismo tiempo piensan que «no es cuestión de hacer una película que tenga éxito, sino crear un sistema de producción y distribución que haga llegar a la mayor cantidad de audiencia no sólo un producto esperado por ella, sino una serie en sucesión que estableciera la credibilidad y reputación del estudio que los creara. Como asegura Miguel Ángel Fuertes, se trataría de crear «una especie de boutique que empieza vendiendo un producto diferente hasta llegar a crear una clientela fiel que le permita expandirse».
Trabajar lejos de los hijos
A la hora de hablar de «veteranos» en la animación no hay que olvidarse de Pepe Valencia, quien, junto con Luis Labrador, es uno de los «responsables» de «Monster house», película de terror infantil producida por Sony. A la pregunta de si duele tener que trabajar fuera, la respuesta de Pepe Valencia es contundente: «Duele, sobre todo la parte familiar, que es la más dura. Me gustaría ver a mis hijos crecer con su abuela, pero es el precio que tienes que pagar. Siempre pienso en volver».
En este largo viaje por el mundo a través de las opiniones y los trabajos de los animadores españoles no hay que olvidarse de tres jóvenes que en estos momentos viven y trabajan en Nueva York en los estudios Blue Sky y que son los responsables de «La edad de hielo 2», secuela que en estos momentos es uno de los grandes éxitos en vídeo.
Eric O. Malvarez, Juan Carlos Navarro y Eduardo Robbins son unos «locos» de la informática que representan la nueva generación española en el mundo de la animación y que se encargan de que personajes como la simpática ardilla Scrat de «La edad de hielo» tengan apariencia real, todo ello a golpe de chip. Juan Carlos Navarro asegura que «cada nuevo personaje es un desafío. Trabajar en estas producciones nos hace sentirnos muy contentos, ya que a la vez que hacemos lo que nos gusta estamos aprendiendo. En este trabajo las cosas van muy rápidas y cambian de un día para otro».
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.