Castilla y León

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HONORIS CAUSA A ALFONSO ORTEGA

Actualizado 30/09/2004 - 02:07:52

SEISCIENTOS treinta kilómetros separan Salamanca de Murcia -según marcaba el contador de mi coche- la tarde del sábado pasado, mientras entraba al aparcamiento del Hotel Siete Coronas de la capital murciana. Desde la castellana Universitas Salmanticensis había bajado hasta la mediterránea Universitas Murgetense para acompañar al maestro Alfonso Ortega Carmona en un acto de especial significación para él.

La Universidad de Murcia, séptima en calidad investigadora entre las cuarenta y ocho universidades públicas, iniciaba su curso académico con la habitual ceremonia que congrega al mundo académico junto a cargos políticos y poderes económicos del lugar. Pero el rector Germán Ballesta había querido que ese 27 de septiembre resultase especial y por ello incorporó -como acto relevante de la apertura- la investidura del doctorado Honoris Causa propuesto por la Facultad de Filosofía y Letras y aprobado el pasado año. Cuando los maceros entraban al salón, precediendo al doctorado, al Padrino y al profesor acompañante, mi memoria se agarraba a otros tiempos de ilimitadas satisfacciones, cuando -entre el palpar de las piedras salmantinas- había conocido a este sabio cuya obra y figura sigue en Salamanca la estela de Unamuno. Para mis lectores que todavía no saben de él, les adelantaré lo siguiente: Alfonso Ortega Carmona (Águilas, Murcia, 1929) es una de las cumbres del humanismo europeo contemporáneo, cuyo pensamiento ha venido irradiando desde Salamanca hacia el mundo, en sus cuarenta años de magisterio como Catedrático de FilologíaGriega en la Universidad Pontificia de Salamanca, hasta su jubilación en 1998. Es doctor en Filosofía y Filología por la Universidad de Friburgo de Brigovia; realizó estudios en las universidades de Munich, Tubinga, Friburgo, Oxford y Estrasburgo. Es Doctor Honoris Causa por las universidades de Hamburgo (Alemania), San Martín de Porres (Perú) y Ricardo Palma (Perú), además de Premio Nacional de Periodismo (1964), profesor Honorario de la Universidad de Friburgo y de haber sido reconocido con las más altas distinciones de las universidades Central y de Los Andes (Venezuela). Filólogo, poeta, dramaturgo, filósofo, maestro de retórica, traductor de Píndaro, Prudencio, Quintiliano, San Isidoro de Sevilla y Horacio, europeísta convencido, fue fundador y director del Instituto de Estudios Europeos y Derechos Humanos; fundador y director de la Cátedra de Poética «Fray Luis de León» y fundador y director de la Cátedra de Taurología, todas dentro de la Universidad Pontificia de Salamanca; sapiencia y vocación universal, que ahora está siendo felizmente asimilada por la Universidad de Murcia.

Pero estaba en la ceremonia y era cuando el profesor José García López, como Padrino, le iba diciendo: «Do tibi facultatem legendi, intelligendi et interpretandi». Era cuando el Rector Ballesta, después del juramento, terminó la investidura: «Utinam fiat quem ad modum adseris. Ojalá acontezca como lo afirmas». La lección del maestro versó sobre el humor en los escritores griegos y latinos. Los aplausos fueron atronadores por largo tiempo. En lugar primero lo celebraron Ramón Luis Valcárcel, presidente de la Región de Murcia, los rectores Jesús García (Universidad Miguel Hernández de Elche) y Félix Faura (Politécnica de Cartagena), así como la profesora Natalia Egea, Secretaria General de la Universidad. En la fila once, la familia espiritual del maestro: Antonio Marco, Úrsula Kramer, la musa Jacqueline A. Polanco y el niño José Alfredo. Un saber antiguo actualiza la nostalgia del mar y la playa infinita donde el maestro simplemente querrá amanecer dormido.
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