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Reformas sin tocar el «alma»

A las doce en punto del próximo miércoles, 1 de agosto, se cerrará la última de las habitaciones del hotel Villa Magna, en el paseo de la Castellana. Saldrán los últimos clientes y dará comienzo un

Actualizado 30/07/2007 - 09:01:01
A las doce en punto del próximo miércoles, 1 de agosto, se cerrará la última de las habitaciones del hotel Villa Magna, en el paseo de la Castellana. Saldrán los últimos clientes y dará comienzo un cierre temporal del establecimiento para reformar todas sus estancias y sus infraestructuras. Sus responsables confían en abrir de nuevo en octubre de 2008 habiendo logrado un nuevo hotel, «con un sofisticado lujo contemporáneo» pero sin perder el «alma» y el calor humano que desde hace 35 años ha mantenido el local contra viento y marea.
La renovación de este hotel -favorito de políticos, empresarios, artistas, escritores, realeza y aristocracia-, tiene una faceta muy especial: conservará a la totalidad de su plantilla, unos 220 empleados. No son vacaciones. Es una pausa; un punto y seguido. De hecho,se ha diseñado el programa «Pause» para que todo el personal se mantenga en contacto.
Con profesionalidad, aprendizaje, unidad, sonrisas y emociones -las cinco pautas de «Pause»-, la plantilla tendrá acceso a cursos de perfeccionamiento de idiomas, formación «on line», informática, e intranet, además de actividades lúdicas para verse lo más posible. Podrán juntarse para jugar al mus o participar en un cibercafé. Hay muchos empleados que llevan aquí desde que se abrió en 1972. La media de permanencia en el puesto de trabajo, en estos momentos, es de 18 años.
Y lo más importante para sus bolsillos: durante los catorce meses de obras, los empleados cobrarán sus salarios mensuales porque este capítulo forma parte de los 50 millones de euros que, se calcula, costará la puesta a punto del hotel.
El Villa Magna abrió sus puertas un 2 de mayo de 1972. ABC dio fe de ello en sus páginas. Se anunciaba como «el más alto nivel de confort y atención personal en un ambiente suntuoso». Treinta y cinco años después, esas siguen siendo sus señas de identidad.
Tiene, a día de hoy, una clientela fiel que pasa grandes temporadas alojada aquí. Ahora también se han apuntado a este «punto y seguido» con todo el dolor de su corazón. Clientes que vivan todo el año, el Villa Magna no tiene ninguno pero sí que pasan grandes temporadas en alguna de sus habitaciones o suites. El director, Franck Sibille, calcula que un treinta por ciento de los huéspedes «tienen este hotel como su segunda vivienda, eso sí. Se pasan en "nuestra casa" hasta tres meses. Creo que unos 400 clientes pasan con nosotros más de cien noches al año».
Uno de los «fijos» es Valentín Díez Morodo, cliente desde hace treinta y cinco años y presidente del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, que ha dejado escrito: «Hay empresarios y amigos de México que me dicen: "He abierto despacho en Madrid. Y tú, que tanto viajas allá, ¿no tienes casa? Yo les respondo: "Sí, claro que la tengo. Es el Hotel Villa Magna"... Lo importante, también, era que la cerveza llegaba de la mano de Pilar y aquello refrescaba mis ideas hasta situarlas a medio metro de las puertas de la gloria».
Es interminable la lista de «celebrities» -como dicen por aquí- que han pasado por las habitaciones del hotel. Basta recordar que, con motivo de la boda de los Príncipes de Asturias, en el Villa Magna se alojaron numerosos miembros de Casas Reales: la reina Rania de Jordania; los reyes de Bélgica, Alberto y Paola; Kyril de Bulgaria y su esposa Rosario Nadal; Guillermo de Holanda y Máxima Zorreguieta; los reyes de Suecia, Carlos Gustavo y Silvia; el príncipe Moulay Rachid de Marruecos, la reina Beatriz de Holanda y Al Ahmad Al Jaber al Sabah, entre otros muchos.
Con sus excentricidades -imposible de saberlas por boca de los empleados del hotel- también se han alojado en el Villa Magna Sharon Stone, Charlton Heston, Michael Douglas, John Travolta, Gregory Peck, Anthony Quinn, Tom Cruise, el músico Barry White, Julio Iglesias, Mariah Carey, Plácido Domingo. Alejandro Sanz, Phil Collins, Elton John... Y así hasta decir basta.
El proyecto de renovación del Villa Magna-Park Hyatt ha sido adjudicado al arquitecto y diseñador de interiores Thomas Urquijo, quien combinará el estilo moderno con el diseño tradicional para conseguir «un sofisticado lujo contemporáneo». El grupo Sodim SGPS, propietario del hotel, ha dado el visto bueno.
Tras la reestructuración, la imagen y distribución del hotel girarán en torno al concepto de «confort de lujo», manteniendo el estilo «distinguido». Se rebajará el número actual de 182 habitaciones a 151 aunque se incrementan en un 34 por ciento las suites de más de cincuenta metros cuadrados. Los colores del nuevo hotel andan entre los pálidos, el blanco y el verde jade.
La reforma es, claro está, compleja y ambiciosa. No quieren dar muchos detalles. Aseguran que «se salvarán» algunos muebles, lámparas y alfombras debido a su gran valor. Muchos rincones del hotel también volverán a lucir muchas de las obras de arte con las que cuenta hoy este establecimiento hotelero.
Dos de las piezas claves de este proyecto de reforma son, por un lado, los jardines que rodearán el hotel que, bajo un diseño innovador, trasladarán la luz de un santuario al centro de Madrid. Por otro lado, la espectacular cúpula lucernario con vidriera que esconderá el hotel en su interior. La última planta estará presidida por una Suite Real «que albergará todo lujo de detalles aún por descubrir», nos dicen en el Villa Magna.
Habrá cambios drásticos en la climatización, domótica y sistemas anti-incendios. Se mirará al futuro pero también están pensando en jardines con aire granadino a modo de palacio nazarí... A esperar.
Franck Sibille. Director General
«Después de treinta y cinco años de vida a este hotel le ocurre como al águila: tiene que cambiar sus plumas y sus uñas para seguir viviendo otros treinta y cinco años, como mínimo», asegura el director general del establecimiento. «Me siento -añade- con mucha ilusión y muchas emociones. El cierre temporal del hotel, con sus 220 empleados aproximadamente, es una parada muy importante, qué duda cabe. Pero es una parada para coger fuerzas, energía y un modelo nuevo que nunca se olvidará de las señas de identidad del Villa Magna». A juicio de Sibille, este será siempre «un hotel emblemático de Madrid, tanto a nivel nacional como internacional. Queremos aprovechar esta pausa de catorce meses para mejorar las instalaciones y para "cuidar" a toda nuestra plantilla, que es nuestro mayor tesoro».
Víctor Manuel Colmenas. Recepción
Este hombre, segundo jefe de Recepción del Villa Magna, entró a trabajar aquí con sólo catorce añitos, de botones. Ahora, lleva treinta y dos de servicio y encantado de la vida. Su sonrisa y su conversación hablan por sí solas. Es feliz de cara al público y le gusta ayudar a los clientes «aunque yo prefiero hablar de huéspedes», dice. «Recuerdo una anécdota algo triste. Era una pareja de Nueva York. Se iban a casar. Por la mañana, la joven salió a hacer "footing" pero tardaba mucho en volver. Su novio nos preguntó. Estaba muy preocupado por la tardanza. Sabíamos que había habido un accidente aquí cerca, en la calle de Serrano. Se trataba de su novia. Murió. Yo le acompañé al hospital. Después me escribió en varias ocasiones para agradecer mis "atenciones" pero creo que es lo menos que podía hacer».
Juan Morillas. Servicio de Habitaciones
«Llevó trabajando aquí treinta y cinco años. Los que tiene el hotel. Se puede decir que yo vine con los muebles», asegura, en tono jocoso, uno de los responsables del servicio de habitaciones. «No me gusta mucho la idea de tener que dejar de venir durante más de un año pero hay que pensar que todo va a ser para mejor. Es lo de "renovarse o morir". Echaré de menos a todos mis compañeros porque, aunque ya no se den mucho estas circunstancias, formamos un equipo profesional y nos tenemos mucho respeto y cariño. Eso lo hay en poquitos sitios», asegura Morillas. «Me gusta atender al público. El 90 por ciento son gentes de negocios. También hay mucho extranjero. No me da ningún reparo decir que este hotel es único, engancha. Y tratan al personal de forma maravillosa. Hay mucha calidad humana».
Tomás Vaillo. Dtor. de Mantenimiento
«Soy empleado del Villa Magna desde hace nueve años, pero yo ya he pasado por otros establecimientos hoteleros. Procedo del mundo naval. Mis andanzas me han llevado, incluso, a la guerra de Irak». Vaillo presume de su trabajo. Le gusta. Lo pasa bien. «Mi día a día es diverso y muy entretenido. Lo mismo estoy colgando un cuadro que controlando la sala de calderas. El mantenimiento de un establecimiento de estas características es complejo pero, a la vez, apasionante. Tengo la sospecha que en esta reforma, yo voy a ser uno de los que tendrá que venir por aquí porque habrá que vigilar las obras en materia tecnológica y tendré que enterarme de cómo va quedando todo. ¿Quiere saber un secreto? Si el mantenimiento está bien o mal, sólo se nota cuando falla. Estoy seguro que tras la reforma este hotel será el "number one"».
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