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Otro gallego Nueve siglos de «fala» extremeña

Actualizado 30/04/2006 - 08:20:25

Fala galego» en Extremadura? La propuesta del Bloque Nacionalista Galego de alentar el uso de la lengua de Rosalía de Castro fuera de los lindes territoriales de la comunidad,«incluso también en tres localidades de Cáceres», despertó la ira del presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, martillo de nacionalistas, que pidió a su correligionario socialista al frente de la Xunta que hiciera caso omiso de «los torpes cantos de sirena de estos aprendices de brujo». Las furias volvieron a su cauce, pero el rifirrafe hizo que se volviera a hablar del insólito fenómeno de «la fala», la lengua que desde hace nueve siglos se habla sólo en San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, tres pueblos de la comarca de la Sierra de Gata, al noroeste de Cáceres, tierra bien regada, de clima amable, con huertos, robles, pinos y olivos. La lengua es románica, de matriz gallego-portuguesa, con reminiscencias astur-leonesas, aroma de castellano antiguo e incluso del ladino que los sefardíes se llevaron consigo. «A fala» se habla desde la friolera de nueve siglos, tras la Reconquista. Fernando II y Alfonso IX «trajeron un habla, una orden militar con bienes y poderes hasta la desamortización, unos repobladores, cultivos y vivencias que perduran, como la lengua, aunque ir de aquí a Mérida o Cáceres supusiera la misma distancia que venir de allí a aquí y eso del aislamiento de este valle nos haga sonreír, al menos a mí que he tenido la suerte de pisar con cariño y entrega a Extremadura entera», escribe Domingo Frades, presidente de la asociación Fala i Cultura, miembro correspondiente de la Real Academia Galega, autor de un precioso «Callejeiru mañegu» (de la villa de San Martín) y de «Vamus a falal. Notas pâ coñocel y platical en nosa fala», que va por su segunda edición, y concejal independiente de simpatías socialistas que hace once años ayudó a rotular en bilingüe (castellano y fala) todo el nomeclátor urbano de San Martín.

Comenzó la repoblación de las tierras de la Transierra, hoy frontera de Portugal y noroeste extremeño, en los siglos XI y XII con familias enteras de Galicia, Asturias y León, que milagrosamente han conservado«el habla», un idioma de expresión tan sólo oral hasta bien entrado el siglo XX, cuando se publicaron revistas como «A Furniga», que editaban Frades y otros compañeros universitarios en la Salamanca de 1948, «A Chocolateira» y «Anduriña» (golondrina).

Variedad y unidad

De los casi 6.000 vecinos que suman los tres pueblos alineados como para jugar a tres en raya en la sierra gatuna, el 90 por ciento «falan a fala», si bien con variantes locales:en Sa Marti de Trevellu es más puro y se llama mañegu, en As Ellas se llama lagarteiru y es más arcaico, y en Valverdi du Fresnu, el valverdeiro, pese a hallarse junto a la frontera, es el más castellanizado: por ser aduana eran muchos los guardias y policías que al venir de fuera hablaban sólo castellano. «Pero no varía la unidad sustancial del idioma», apunta Frades.

Salen al umbral («lumbral») de su casa de piedra las tres juntas, tres generaciones de «falantes»: la «güela» Carmen Domínguez, de 80 años; la hija mayor, Teresa, de 52, y la nieta, María, de 5. Se asombran de que el interlocutor entienda su «fala», y se hacen aún más hospitalarias al saber que es y habla gallego. María dice que con sus amigas habla la lengua «du lugal» (del lugar), como su madre, su abuela y su tía. Carmen tuvo siete hijos (viven seis), está «viuva» (viuda) desde hace 16 años, y para contar su vida se pone en pie, gesticula como una actriz, y no se muerde la lengua: «Ibarra es medio macareno». Casi todos los «falantes» consultados parecen más molestos con la furibunda reacción de Ibarra que con la propuesta del Bloque. Es como si la ligazón gallega pesara más. Tanto el marido como la hija mayor, Teresa, encontraron en la emigración el sustento que les negó la tierra. No es extraño que a Eljas la llamen «Suiza la chica», porque a ella emigraron muchos vecinos de la Sierra de Gata. Paradójicamente, allí hicieron buenas migas con muchos gallegos, y hasta surgieron matrimonios con esos españoles «que hablaban casi igual». Aunque hay estudios genealógicos que dan cuenta de apellidos gallegos que se han perpetuado en la zona desde el siglo XII, fue un raro reencuentro lejos de la península.

¿Hablan las piedras? Depende de si se tiene el arte de descifrarlas. Es el caso de Frades, que a sus 69 años gasta una retranca que parece galaica. Destila sus muchos saberes tanto en la «boiga» (bodega) que los maestros Wenceslao (Uves) Carrasco y Marián Domínguez han convertido en museo vivo en su maravillosa casa rual Antolina -el mejor lugar para dormir en San Martín- como en el castillo de Trevejo, que pese a su amenazadora ruina todavía deja ver el escudo del gallego Juan Piñero, comendador que fue del lugar: un pino entre dos torres flanqueado por dos gallardetes con el cáliz (Santo Grial) delantiguo reino de Galicia.El estudioso Antonio Corredera, valverdiano de 48 años, recalca la condición oral de lafala, pero rechaza los intentos de portugueses y gallegos de apropiarse una lengua que tiene carácter propio: «De gallego, nada; es una lengua de transición», y recalca la influencia astur en las terminaciones.

Al igual que fueron campesinos y marineros gallegos los que mantuvieron una lengua despreciada por la burguesía -hasta que Rosalía le dio carta de naturaleza noble-, «a fala» ha sido conservada por el pueblo llano, porque nunca se ha enseñado en la escuela (sólo comoactividad extraescolar; en Valverde se han estrenado diálogos teatrales en fala) y la Iglesia tampoco lo empleaba. Pero se escucha por todas partes y a todas horas. Es una lengua útil. Los paisanos emplean el castellano con forasteros y fala entre ellos, aunque se da el caso de que los maestros Uves y Marian, propietarios de Casa Antolina, como se enamoraron en castellanohablan en castellano, mientras que con el resto «falan». En sus colegios los alumnos «falan» y en fala se soplan las preguntas que no saben. Si se preservó nueve centurias, es porque «se fala na fala».


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