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Uríos-Fis, la conexión cubana en España

Dujshebaev y Xepkin, dos rusos, abrieron brecha . Ahora los nacionalizados tienen acento caribeño

Actualizado 30/01/2006 - 02:46:27
Uríos y Fis, inseparables en la concentración española
Uríos y Fis, inseparables en la concentración española

TEXTOMANUEL FRÍAS FOTO IGNACIO GIL

BASILEA. Son amigos y, desde esta temporada, residentes en Ciudad Real y compañeros de selección. Ambos, además, tienen dos cosas en común que les unen (¡y de qué manera!): la camaradería, que les hace no estar separados en la concentración del equipo español ni un solo minuto, y el pasado, la parte más dura de sus vidas.

«Me gusta estar con Julio porque es muy alegre y me hace reír», señala Uríos mientras Fis pone cara de modelo para posar delante de un fotógrafo. «Lo que te gusta salir en las fotos», le apunta Uríos haciendo poses Fis. «¿Sabes lo que hacía Napoleón?», añade Julio logrando la atención de toda la concurrencia. «Cuando ganaba una batalla mandaba hacer un cuadro para que se viese que él estuvo ahí. Por eso me hago fotos, para que el día de mañana sepa todo el mundo que un negrito estuvo aquí».

Ambos se conocieron en el Centro de Alto Rendimiento del Cerro Pelado, en La Habana, donde se mezclaban boxeadores, luchadores, jugadores de voleibol, de balonmano, atletas... Todo deportista que destacaba era enviado allí para una más completa formación. Uríos llevaba seis años cuando llegó Julio (Juuuuulio, como le llaman sus compañeros de la selección española imitando el acento cubano). Y Julio,pese a su carácter extrovertido, lo pasó peor en ese primer momento. «Yo tenía casa en La Habana y por las noches me podía ir a dormir», apunta Uríos.

Julio, en cambio, recién llegado de su ciudad (Guantánamo), se quedó allí con su timidez de principiante pese a su cuerpo de armario (1,95 metros y 100 kilos de peso). «Aquello era como la ley de la supervivencia, chico. La clave era no dejarse pisar por nadie. Por eso llevaba todo el día conmigo un machete con el que amenazaba a quien se atreviese a pisarme. Figúrate que papel, yo que soy incapaz de matar a una mosca».

Generación de oro

Aquella generación de balonmanistas cubanos en la que se encontraban Uríos y Fis explotó técnicamente en el Mundial del 99. Cuba quedó octava -el mejor puesto en su historia- y Fis acabó como el tercer máximo goleador del torneo -«y sin tirar los penaltis», puntualiza-. Cualquier oferta que les llegase del extranjero les sonaba a gloria teniendo en cuenta que la asignación mensual del Gobierno cubano para sus deportistas de elite era de 20 dólares al mes.

Pero en esa época fue cuando comenzaron los problemas de los deportistas para salir de Cuba, porque eran muchos los que lo habían solicitado y eso no le gustó al Gobierno de Fidel Castro. Lo que no fue obstáculo para que lo consiguieran prácticamente todos, para más tarde nacionalizarse en sus países de destino. Por eso no es extraño ver hoy a los «españoles» Uríos y Fis, a los «húngaros» Carlos Pérez, Ivo Díaz o Humberto Julien -además del fallecido Vladimir Rivero, que también tenía la nacionalidad húngara-, los «islandeses» Ialeski García-Padrón y Roberto Julián Duranona, o al «alemán» Alberto Chamberts.

Ninguno de los dos ha tenido problemas de integración en España ni en el grupo de la selección. «No soy un chico problemático» apunta Fis, quien se ha hecho con la amistad de todos porque siempre cuentan con él para las tertulias. Sus risas y sus comentarios se oyen desde lejos hasta cuando habla con los jugadores de la selección alemana en los pasillos del hotel que comparten, pues los conoce de su etapa de jugador en la Bundesliga.

Una semana encerrado en Budapest

La salida de Cuba de Julio Fis fue traumática. Tenía un acuerdo con el Bidasoa para jugar en España, pero todo dependía del permiso del Gobierno cubano, que no llegó por los problemas antes citados de exceso de nacionalizaciones. Pero Julio decidió jugársela y estuvo una semana escondido en un cuarto de Budapest a la espera de que un grupo de la mafia húngara le llevase a Irún, en cuyo equipo jugó una temporada. Además del Bidasoa militó en el Kiel alemán -allí ganó la Bundesliga y la Copa EHF- y el Valladolid (tres temporadas), donde estuvo a las órdenes de Juan Carlos Pastor antes de acabar en el Ciudad Real. Es español desde marzo de 2005 por haber residido cinco años en España. Si pisase el aeropuerto de La Habana sería detenido al instante.

Menos traumática fue la salida de Rolando Uríos, que dejó la isla con un permiso temporal de trabajo y nunca regresó. Tras los Juegos de Sidney fichó por el Ciudad Real y de ahí no se ha movido. Su nacionalización llegó por parentesco familiar.

Ambos echan de menos a los suyos. Uríos puede entrar en su país, pero prefiere que su familia venga a España. Fis no lo puede hacer y no lo entiende. «Mando dinero allí para los míos, pero no puedo estar yo ahí. Es incomprensible que prefieran que gaste mi dinero en otros sitios, de vacaciones, antes que hacerlo en Cuba».

A nivel deportivo ambos se han adaptado rápido. «El balonmano español es más táctico y rápido que el cubano. En Cuba es más físico, de impacto, de mucha potencia. Al principio me costó adaptarme porque no sabía de qué iba la historia, pero pronto supe lo que había que hacer», dice Fis, mientras Uríos, como siempre,asiente.
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