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Gonzalo Suárez: fútbol total

Principios de los años sesenta. Desde Barcelona, Gonzalo Suárez viaja a Italia para espiar a los equipos de fútbol que han de enfrentarse al Inter de Milán de Helenio Herrera (HH), el «más famoso

Actualizado 29/11/2008 - 08:23:00
Gonzalo Suárez, el cerebro oculto de helenio Herrera
Gonzalo Suárez, el cerebro oculto de helenio Herrera
Principios de los años sesenta. Desde Barcelona, Gonzalo Suárez viaja a Italia para espiar a los equipos de fútbol que han de enfrentarse al Inter de Milán de Helenio Herrera (HH), el «más famoso, odiado y admirado entrenador de todos los tiempos», a quien el director de cine le radiografiaba los rivales. HH era el segundo marido de su madre. El padre de Gonzalo era catedrático de francés, traductor y biógrafo de François Villon, autor de gramáticas, antologías y una novela de aventuras en el África Austral. Él le enseñó a leer y escribir. «Y eso sí importa. Incluso para ver partidos de fútbol y contarlos», confiesa Gonzalo Suárez mirando debajo de «La suela de mis zapatos», una deliciosa joya de homenaje al balompié.
Espacios frente al «catenaccio»
Lo que a Helenio Herrera no le dejaba dormir era lo que pasaba donde no estaba el balón. El cometido de Gonzalo consistía en consignar esquemas, variantes, desplazamientos... Italia era un tapete de césped pisoteado sin piedad. En tal marasmo los informes tenían objetivo límpido: cómo provocar espacios que generaran jugadas en condiciones ventajosas, alterando el esquema del rival. Frente al catenaccio [cerrojo] era esencial crear espacios.
Gonzalo Suárez tuvo una larga conversación con Eduardo Chillida, publicada en el libro «Elogio del horizonte», donde el escultor, que fue portero de la Real Sociedad, le confesó que él había aplicado al arte aspectos aprendidos del fútbol. Su percepción del vacío le hacía ver el juego desde perspectivas geométricas en la oquedad del estadio. Un cubilete donde Dios batía sus dados. Se trataba de agrandar o disminuir el peligro según uno se acerca más o menos al que va a rematar, «y así disminuye el tamaño de la portería», Chillida dixit.
Pero HH «no era un artista -dice Gonzalo Suárez-, ni un intelectual, sino un estratega capaz de trucar los dados de Dios». Quería comprobar si los defensas laterales seguían a los extremos cuando estos se retrasaban más allá de mediocampo, explica el director de cine sobre la mesa de su casa mientras su gata Lucy asiste con la mirada fija a la lección magistral. HH planteó un estudio táctico que cree Gonzalo Suárez está en el origen del fútbol moderno. Fue el principio, donde ya comenzaba el fútbol total: «Los laterales, Facchetti, por ejemplo, subían mientras Corso, el extremo izquierda, bajaba más acá de medio campo. Ya era un fútbol estratégico de crear espacios. Se abrirían vacíos por las alas. El delantero centro debía entonces escorarse, hacia uno y otro lado, desarbolando al defensa escoba o líbero, circunstancia que aprovecharía el centrocampista para enviar el balón al hueco donde un compañero, zaguero o medio de ataque, se anticiparía, por previsión, velocidad y sorpresa, al contrincante. En caso contrario, si los laterales no seguían al hombre y permanecían en su zona, el alero retrasado, libre de marcaje, pasaría a organizar el juego. Estas y otras artimañas, que en la actualidad los entrenadores conocen, practican y contrarrestan, casi rutinariamente, con el consiguiente hastío y desigual eficacia, fueron en su día el principio del fútbol moderno. Indicios de lo que se dio en llamar fútbol total». Y en esas estaba Gonzalo Suárez. No sólo en esas, sino también en otras.
La sonora bofetada en el palco
Como cuando desmanteló el complot urdido por un directivo que quería identificar los colores del club neroazurro -negro y azul- con la nostalgia que en aquellos años 60 todavía despertaba en Italia la figura de Mussolini. Tiburones en la bañera. Cuenta Gonzalo Suárez que a HH le habían ofrecido una buena suma por pasar casualmente por el lugar donde el directivo daba el mitín: «Se trataba de una manifestación fascista y eso no le convenía al club. Me llamaron a mí para que lo evitara. Lo hice gustoso y no me resultó difícil. Cuando se lo dije a Helenio estaba furioso: ¡Se creen que soy tonto!». HH había conocido el miedo pedaleando durante la invasión germana temeroso de que le tomaran por gitano o por judío. Helenio Herrera tenía fobia al nazismo. La madre de Gonzalo Suárez pondría colofón al deplorable episodio atizándole una sonora bofetada, en pleno palco presidencial, al rostro del supuesto directivo fascista: «Lasci in pace a mi marito!», le espetó. El asombro de los presentes fue mayúsculo. Su madre se había equivocado de mejilla, y le dio a uno que pasaba por allí, pero el zumbido resonó en los ámbitos del club y aumentó el prestigio de su madre.
«Vi nacer a Facchetti»
El mayor placer de Gonzalo Suárez era jugar los partidos de entrenamiento con los futbolistas del Inter en los campos de Linate ora bajo la niebla ora bajo la lluvia, ora Burgnich, Facchetti, Tagnin, Guarneri, Picchi, ora Jair, Mazzola, Milani, Suárez, Corso... Gonzalo vio nacer futbolísticamente allí a Giaci Facchetti, el «tanque», con el que mantuvo una amistad entrañable: «Salió de los juveniles durante mi estancia en Milán». El llorado Giaci era el «terzino fluidificante». Suárez enviaba el balón a la izquierda y allí asomaba Facchetti con una sublime zancada. Su facilidad para marcar goles hizo reflexionar a algún entrenador posterior a Herrera sobre si colocarlo o no de delantero. Sólo hincó la rodilla en tierra capitaneando a Italia ante el mejor equipo de todos los tiempos: Brasil/Pelé de 1970. HH le hacía observar a Gonzalo si, entre jugada y jugada, los futbolistas ponían brazos en jarras: «Decía que eso es un síntoma de cansancio»; o si rodaban cuando les hacían una falta: «Es que no le han hecho daño».
Y con Luis Suárez siempre ha tenido amistad: «Un jugador al que admiro mucho, un hombre encantador». ¿Por qué con HH se jugaba mejor con 10 que con 11? «Pura boutade para sacar ventaja de la desventaja». A un jugador con 40 de fiebre le animaba: «¡Qué alegría me das! Con esa fiebre los atletas baten marcas». HH, con ironía, sostenía que al tener un hombre menos disponía de un espacio más. Total, el fútbol.
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