Deportes

Deportes

Hemeroteca > 29/10/2002 > 

Fernando Escartín se retira del ciclismo profesional

Actualizado 29/10/2002 - 12:54:57
Foto de archivo del ciclista aragonés. Efe
Foto de archivo del ciclista aragonés. Efe
El ciclista aragonés Fernando Escartín anunció hoy en Zaragoza su decisión de retirarse del ciclismo profesional después de trece años en el pelotón ciclista. Escartín empezó su carrera como profesional el 22 de mayo de 1990 con el equipo del Clas Cajastur y la ha finalizado en las filas del Coast.
El aragonés Fernando Escartín, que en enero cumplirá 35 años, anunció hoy su retirada del ciclismo profesional con la misma humildad y timidez con la que irrumpió en él hace más de dos lustros.
Escartín, uno de los corredores más queridos por la afición
española desde la retirada de Pedro Delgado, deja un vacío en las
cumbres montañosas que parece difícil de cubrir a corto plazo.
No posee un palmarés excepcionalmente lleno de grandes triunfos,
nunca ha ganado una de las tres grandes rondas por etapas, ni un
mundial, ni muchas etapas, pero era un ciclista que, cuando la
carretera apuntaba hacia el cielo, siempre estaba ahí.
Con un estilo peculiar, que reflejaba una capacidad de
sufrimiento que hacía olvidar su falta de estética sobre la
bicicleta, Escartín perteneció a la escuela de los escaladores
auténticos, esa que alberga a los ciclistas que parecen pequeños
cuando la carretera carece de desnivel, pero que se hacen enormes
cuando se aproximan las cimas de los grandes puertos.
El currículo de Escartín, nacido en Biescas (Huesca), contempla
23 victorias de etapa y, "sólo" tres podios entre Vuelta a España y
Tour de Francia, carrera en la que ha estado cinco veces entre los
12 mejores.
Desde que debutó en 1990 en las filas del Clas-Cajastur de Juan
Fernández, Escartín se ha mostrado fiel a sí mismo tanto dentro como
fuera de la carretera, como una persona sencilla y ajena al
protagonismo que otorgan las cámaras y los grandes reconocimientos.
Así, el biesquense nunca destacó por comandar una carrera,
siempre permanecía en un discreto segundo plano que alimentaba las
críticas de sus pocos detractores, ni por mostrarse eufórico en los
homenajes recibidos. Ese es Escartín, el que reconocía que lo pasaba
peor en los grandes recibimientos que le tributaban que en las
etapas de montaña del Tour de Francia.
En estos doce años, el que ha sido símbolo del equipo Kelme ha
vivido, gracias al mundo del ciclismo, muchos momentos dulces en las
carreteras y alguno muy amargo.
Entre los más dulces se encuentra, sin duda, la tarde del 20 de
julio de 1999, en las laderas del Piau Engaly, donde Escartín obtuvo
la victoria de su vida, la que tantos años llevaba persiguiendo en
su imaginación, la que parecía que nunca iba a llegar.
Era la decimoquinta etapa del Tour, el primero de Armstrong,
cuando el aragonés decidió rebelarse contra su pasado, aquel que le
otorgaba cierta fama de segundón, y se tiró en pos de la victoria
con cinco puertos de primera categoría de por medio.
Esa jornada el ciclismo no sólo premió a un ciclista, sino que
hizo justicia con una forma de ver el deporte, esa que hace gala de
una capacidad de sacrificio y un coraje fuera de lo común.
Esa temporada, a las órdenes de Vicente Belda y un año antes de
decir adiós al Kelme y enrolarse en su última aventura con el Team
Coast alemán, Escartín alcanzó el cenit de su carrera.
Pero no todo han sido alegrías en estos 12 años. El 15 de febrero
de 2000, cuando el corredor de Biescas apuraba sus últimos meses en
las filas de Kelme, falleció uno de sus compañeros de equipo,
Ricardo Ochoa, mientras se entrenaba.
En 1996, cuando aun estaban por llegar sus mejores momentos sobre
la bicicleta, Escartín vivió uno de los grandes sinsabores de su
vida, las inundaciones que se llevaron por delante a 87 personas en
Biescas, su pueblo. Ese día no pedaleó, sino que estuvo ayudando en
las labores de rescate.
Ese clase de comportamiento, unido a su sencillez en el trato, a
su talento sobre la bicicleta y a su modestia y timidez cuando
bajaba de ella, le han valido a Escartín para ganarse el cariño de
la afición y, sobre todo, la de sus paisanos.
Su reservado carácter nunca le ha impedido dirigirse, tantas y
tantas veces, desde el balcón de Biescas a sus vecinos que tanto le
adoran, pero seguro que se hubiese sentido más cómodo dando pedales
en algún puerto, haciendo lo que le gusta, coronar cimas con su
bici.
El próximo Tour de Francia, cuando la afición esté atenta a las
evoluciones de Lance Armstrong, de Oscar Sevilla o de Aitor
González, y la carretera vuelva a apuntar hacia el cielo, faltará
alguien. Aquel que parecía que nunca estaba.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.