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La última entrevista en ABC: «Mi carrera siempre ha sido estimulante»

Actualizado 30/08/2001 - 23:56:59
Paco Rabal, en su casa madrileña, en un momento de la entrevista
Paco Rabal, en su casa madrileña, en un momento de la entrevista
El pasado doce de agosto ABC publicó una de las últimas entrevistas que el fallecido actor concedió a los medios de comunicación. Éstas fueron algunas de sus palabras:
Debería estar trabajando, como siempre, pero los retrasos de dos rodajes le han regalado unas pequeñas vacaciones con las que no contaba. Un descanso que él, como buen lector, sabrá aprovechar gracias a ese magnífico salón-biblioteca donde tomamos un café con leche y conversamos. Los estantes están llenos de libros con evidentes muestras de uso, y los huecos que dejan en las paredes los ocupan fotografías de amigos que son genios: Alberti, García Márquez, Buñuel... También hay fotos familiares en un rincón; pero no se ven, en cambio, del propio Francisco Rabal. Es significativo y agradable; dice mucho acerca de la poca vanidad de un hombre del que nadie habla mal.
-Cumplió setenta y cinco años el pasado marzo. Cuando era joven ¿cómo imaginaba que sería llegar a esta edad?
-Pensaba que no llegaría a alcanzarla. El año 2000 para mí quedaba tan lejos... Por suerte, mi carrera siempre ha sido estimulante. Vivo para adelante, no para atrás. No me ha faltado el trabajo ni todo eso. Por lo tanto, siempre he tenido ilusión.
-Leyendo sus memorias se diría que nunca ha hecho planes de futuro.
-Nunca. Pero ahora sí: mi plan de futuro es tener dinero y no dilapidarlo, porque tengo gente a la que he de ayudar todavía, y para tener una vejez acomodada, no angustiada. Por eso sigo trabajando, aparte de que me gusta mucho y me lo paso bien. Mientras tenga memoria... Hombre, lo que ya no puedo es hacer películas de aventuras, saltar con el caballo y cosas de esas...
-¿Por qué le gusta trabajar?
-Porque tengo vocación sincera.
-Lo pregunto porque de sus memorias se desprende que el trabajo de actor le vino casi de casualidad.
-Pero lo buscaba. Entré en los estudios de cine como electricista porque era un vehículo para llegar adonde yo quería. Lo que pasa es que el bautismo me llegó a los cinco años de trabajar de eléctrico, y ya estaba un poco desilusionado. Pensaba irme a Australia a cazar conejos, pero me llegó una pequeña ocasión y me aferré a ella como un náufrago.
-¿Nunca se ha arrepentido de algo en su carrera?
-No. De lo que me he arrepentido es de no haber aprendido inglés bien, porque he tenido varias ofertas de Hollywood.
-De Merle Oberon...
-Sí, y también me he perdido «El nombre de la rosa», donde querían que hiciese el papel del monje español. Hay otras películas para las que me llamaron, como «French Connection». Fui yo quien recomendé a Fernando Rey. Me mandaron un telegrama diciendo que estaban interesados, y no hice caso. Sin embargo me llamaron quince días antes, y en quince días no podía tener preparado mi inglés. Siempre me he despreocupado. Merle Oberon me decía: «Yo te puedo llevar a Hollywood». Pero hacía teatro, cine..., y descuidé el inglés. Pero no me arrepiento mucho, porque no creo que la formación de un actor sea Hollywood. Conozco mucha gente que ha estado en Hollywood y se ha ido desesperada, como Alida Valli. Yo lo que tenía que ser era buen actor en mi lengua.
-¿Se siente europeo?
-Me siento del mundo, pero me gusta mucho Europa. Encuentro las cosas más cercanas a mi pensamiento. He hecho una película en Norteamérica, y no me gusta la vida de allí. Esa ambición por el dinero, antes que las personas, que no hay casi aceras y si quieres ir a un parque tienes que ir lejísimos. En fin, nunca he tenido una gran ilusión por irme a Norteamérica, pero quizá he hecho mal en no estudiar inglés y no haber aprovechado alguna ocasión como «French Connection».
-¿Le gustaba hacer el cine político que tenía que ver con sus ideas?
-Mucho, pero yo no buscaba hacer ese cine en el extranjero. Me llamaban y, si me apetecía, pues bien. En Italia, los primeros amigos que tuve eran todos comunistas o muy de izquierdas: Pontecorvo, Visconti, De Santis, Ugo Pirro, que es un guionista cojonudo... Trabajé con esta gente, eran mis amigos y todos tenían ideas parecidas a las mías.
-¿Echa de menos esas ideas?
-Que no se hayan materializado, que se hayan estropeado. La idea me sigue pareciendo bien. Lo que no me parece bien es lo que han hecho con esas ideas los hombres.
-¿Se siente frustrado o engañado en sus ideales?
-Me he sentido muy traicionado. Hay otras maneras de desarrollar la idea que no sea coartando la libertad o llegando a la dictadura. La dictadura del proletariado se convirtió en otro tipo de dictadura. Pero yo sigo siempre diciendo que la idea sigue. Antes se decía: «El rey ha muerto. ¡Viva el rey!». Ahora se dice: «El comunismo ha muerto. ¡Viva el comunismo!»
-En las paredes de su salón cuelgan fotografías de artistas comunistas de aspecto patriarcal. Paco Rabal, sentado en su sillón con la gorra en la rodilla, parece un patriarca también.
-Es verdad. Mi familia es murciana, y tú sabes que allí existe mucho eso del abuelo, de la familia unida en torno al patriarca. Un poco parecido a los gitanos. Patriarca ha sido mi padre, luego lo ha sido mi hermano y ahora lo soy yo. Mi hermano Damián era muy patriarcal. Yo no lo soy tanto, pero lo soy. Pero he de decir que me falta la envergadura de un patriarca.
-¿Es patriarca con su familia?
-Sí. Mi hermana vive conmigo. Mi hijo vive muy cerca. Mi hija aquí al lado.
-¿Le importa la unión familiar?
-Para mí es muy importante. No soy un hombre institucional, pero la institución de la familia me agrada. Dentro del carácter español hay algo anarquista. No soy institucional porque me parece más hermosa la libertad, no estar condicionado a reglas. Soy una especie de comunista muy sui generis. Soy de la idea. No soy asambleario ni nada eso. Lo que me preocupa es la justicia social. Se puede decir que soy un humanista.
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