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Estratos fósiles de la crisis

APARECERÁN fósiles en forma de euro cuando haya quien indague en los orígenes más remotos de nuestra época. Al fin y al cabo, será

Actualizado 29/04/2010 - 02:31:35
APARECERÁN fósiles en forma de euro cuando haya quien indague en los orígenes más remotos de nuestra época. Al fin y al cabo, será como uno de esos trilobites que el paleontólogo descubre en una playa desconocida y regala a su alumna predilecta como colgante post-hippy. Mi reino por un euro, diría el clásico. Grecia por un euro, tendría que decir hoy un Pericles que hubiese superado las sesiones insomnes en la cumbre de Maastricht. Hace unos meses, hablábamos del «tsumani», luego de la gripe A, al poco de una nube de ceniza volcánica y ahora del efecto-contagio. La Europa que creó el euro, sufre ahora de su efecto vírico y anda en busca de las mejores vacunas.
Ojalá que en cuestión de unos millones de años el paleontólogo descubra estratos rebosantes de euros fósiles donde estuvo la Europa del colesterol, del envejecimiento y de la baja natalidad, entre otros fósiles como los corchos de la viuda Cliquot, la mandíbula de José Blanco, unas entradas para la Feria de Sevilla, el esqueleto de Lady Gaga, unas páginas de Ortega y una docena de pimientos de piquillo. La Historia congelada regresará así, ya distanciada de la gran fiebre de estos días, del sube y baja de las Bolsas, de tanto pronóstico y trepidación entre el apocalipsis y el edenismo europeísta. Ni tanto ni tan poco. Ahí están el FMI con Strauss-Kahn y el BCE con Trichet, jugando al polo en lo que queda de la llanura de Waterloo, con Angela Merkel como presidenta de la confederación de deportes hípicos. Es como para una de esas grandes telas históricas que pintó Anton von Werner en celebración de los mejores momentos del canciller Bismarck.
La Grecia que en la antigüedad contagió Occidente de platonismo y de aristotelismo ahora convierte el euro sólido en gaseoso. Eso ya estaba en el pensamiento pre-socrático,donde todo fluye o todo permanece según el fragmento que vayamos leyendo. Hay una Europa para Heráclito y otra para Parménides. Por una parte están los grandes ríos europeos con sus castillos y monasterios; por otra, Aquiles y la tortuga -según el discípulo Zenón-persiguiéndose a lo largo de los siglos, sin que sepamos nunca quién llega primero. Nos lo dirá algún paleontólogo.
En un meandro de las «Memorias de un hombre de acción», Baroja se llega hasta la Grecia que el poeta Lord Byron intentaba liberar de un marasmo inextricable y de la ocupación turca. Aviraneta se pone a disposición del poeta cojo y de antojo, después de pasar por Alejandría dispuesto a alistarse como oficial del ejército de Mohamed Alí, en 1923. El barojiano Aviraneta estuvo unas semanas con Byron. Ahora es Zapatero quien se empeña en salvar el euro en Grecia, se diría que casi por su cuenta y riesgo. ¿Qué gratitud espera de Papandreu? Lo que se da no se quita aunque Zapatero insiste en que presta y no da. Como era de prever, a Grecia no va a bastarle con lo que pedía hace poco.
Entre la sobrecarga eléctrica de los mercados y un futuro en el que esas cosas ya solo sean fósiles, habremos vivido intranquilamente el transcurso de una historia natural cuantificable en millones de años. Del tiempo de vértigos que marca el diapasón de Standard & Poor´s al tiempo geológico. Un fémur de Zapatero ya fosilizado, a pocos pasos de un puñado de euros, quizás sea interpretado por los manuales como la mano dadivosa que hoy tanta generosidad muestra con la Hacienda griega.Mi reino por un fémur, diría el puñado de euros.
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