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Cantabria. Tomar las aguas con clase

Hay que reconocer que los balnearios han atravesado una época de mala fama. Durante el siglo XIX se asociaban exclusivamente a la sanación de enfermos a través de los efectos beneficiosos de las aguas

Actualizado 29/04/2007 - 10:01:51
La gran piscina termal (849 metros cuadrados) del Balneario de Solares aúna funcionalidad y moderna estética arquitectónica  Habitación con vistas. Este es el panorama desde la habitación 505 del Hotel Real de Santander  La reconstrucción del Balneario de Solares ha respetado el estilo neomudejar original que data de 1910
La gran piscina termal (849 metros cuadrados) del Balneario de Solares aúna funcionalidad y moderna estética arquitectónica Habitación con vistas. Este es el panorama desde la habitación 505 del Hotel Real de Santander La reconstrucción del Balneario de Solares ha respetado el estilo neomudejar original que data de 1910
Hay que reconocer que los balnearios han atravesado una época de mala fama. Durante el siglo XIX se asociaban exclusivamente a la sanación de enfermos a través de los efectos beneficiosos de las aguas minero-medicinales. Eran lugares de retiro, una especie de ghettos para ancianos, que los menos viejos veían con recelo y, sobre todo, con aburrimiento.
Desde que los romanos construyeron los primeros balnearios (termas) en Occidente -los indios (abishekam), los japoneses (onsen), y los turcos (hamam) ya lo habían hecho en Oriente- sus clientes se dividían en dos grupos irreconciliables: los «curistas», que buscaban la curación, y los «agüistas», que simplemente tomaban las aguas por placer. Hoy, ambas corrientes se han unido y gracias a los esfuerzos de los propietarios de los balnearios, que han dotado a sus instalaciones de todo tipo de diversiones, el usuario busca tanto la salud como el entretenimiento. Cantabria es un buen ejemplo. A sus siete manantiales de aguas termales hay que añadir una lista cada vez más larga de hoteles con instalaciones balnearias.
Tradición
La tranquilidad del pueblo de Puente Viesgo (2.300 habitantes en el corazón de Cantabria) se contagia a su balneario. El Gran Hotel (www.balneariodepuenteviesgo.com) es un lugar ideal para el descanso. Absténganse los que busquen turismo de aventura, aunque lo podrían encontrar muy cerca, en los Picos de Europa, por ejemplo, o en la movida santanderina, pero en el balneario reina la paz.
Sus instalaciones, que nacieron como «caseta de baños» en 1766 se encuentran a la orilla del salmonero río Pas y se nutren de un manantial propio con aguas que brotan a 34,6 grados.
Cabe destacar el llamado «Templo del agua», una gran piscina rodeada por un conjunto de instalaciones en las que se aplican tratamientos antitoxinas, aromaterapia, cromomusiterapia que pueden durar desde unas horas a varios días.
El hotel, de un refinado estilo inglés, es la imagen viva de la tradición, que se refleja hasta en sus cuidados jardines repletos de magnolios centenarios. Lugar habitual de concentración de selecciones deportivas desde que lo hiciera la nacional de fútbol en 1994 para preparar el mundial de Estados Unidos. En aquella ocasión llegaron a los cuartos de final. ¿Tuvo algo que ver el balneario?
Modernidad
El Balneario de Solares, sin embargo, se encuadra mejor en la modernidad. No es que sea reciente -las primeras noticias de su existencia datan de 1753- sino que su última remodelación a cargo de un grupo de excelentes arquitectos ha sabido combinar funcionalidad y estética, aún siendo muy respetuosos con el estilo y los materiales de 1910.
Unida su fama a la de sus aguas embotelladas, el Hotel Balneario de Solares (www.hotelbalneariodesolares.es) cuenta con unas magníficas instalaciones inauguradas el año pasado. Todo en él se basa en la luz. Desde el hall de entrada, con una cúpula circular que parece abrirse al cielo pintado en el interior de su cimborrio, hasta sus habitaciones claras, diáfanas, decoradas siempre en suaves tonos pastel.
Como no podía ser menos, entre sus tratamientos ocupa un lugar destacado la cromoterapia. El juego de colores es también importante en su principal piscina de 849 metros cuadrados, cuya techumbre de madera está sostenida por una columna central que se abre como un enorme paraguas.
Refinamiento
Desde que la Familia Real respaldase con su presencia los modernos «baños de ola» a mediados del siglo XIX, Santander ha sido sinónimo de veraneo elegante y señorial. A la creciente llegada de la nobleza, la ciudad reaccionó en 1917 inaugurando el Hotel Real, el refinamiento hecho palacio. Su silueta blanca de estilo neofrancés se levanta sobre una colina que domina la bahía.
Orientado al sur, para poder recoger mejor la energía del sol, el Hotel Real (www.hotelreal.es) cuenta hoy con 123 habitaciones convenientemente renovadas, aunque muchas conservan algunos muebles originales. Desde la 505, por ejemplo, y a través de su ventana abuhardillada, se puede asistir al incomparable espectáculo de las regatas vespertinas en la bahía.
Perteneciente a la cadena HUSA y al exclusivo club The Leading Hotels of the World, el Real se ha unido a la tendencia balnearia y desde 2003 cuenta con más de 1.400 metros, en lo que fueron antes cocheras, dedicados a la talasoterapia: tratamientos lúdico-curativos con aguas marinas.
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