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Diccionario de insultos políticos

Actualizado 29/03/2002 - 00:33:39
ABCJosé Luis Rodríguez Zapatero y Alfonso Guerra, en el Debatesobre el Estado de la Nación del año pasado
ABCJosé Luis Rodríguez Zapatero y Alfonso Guerra, en el Debatesobre el Estado de la Nación del año pasado
MADRID. Nada original hubo en la apelación a Goebbels hecha por uno de los componentes del conocido trío de espadachines socialistas que Zapatero envió al Parlamento en defensa de González con ocasión del «bulo marroquí». Fue precisamente González quien, cuando comenzaban sus primeras trifulcas con la Prensa, llamó «gusanos goebbelianos» a los infelices periodistas que se atrevían, en aquellos tiempos de mayoría absoluta, a incomodar al Gobierno. Quizá el soplo, la cita culta (aunque es impropio atribuir cultura al recuerdo de un siniestro personaje como Goebbels), le llegóde su colaborador Julio Feo, más perito en Propaganda que su jefe, o del periodista Eduardo Sotillos que, en otra de los primerizos rifirrafes con un periódico, calificó de «basura amarilla» el estilo y el fondo de una información. Goebbels sirve a los socialistas lo mismo para un roto que para un descosido, aunque el ministro de Hitler no era para Guerra, el gran vituperador del PSOE, el referente más citado.
Guerra empezó por los dicterios clásicos: «fascista», «franquista» y demás lindezas, y terminó «por ahora» con ingeniosidades como «Bambi» (para Zapatero), que si bien son insultos en toda regla están llenos de ingenio. Durante algún tiempo, Guerra tuvo un contrincante: Miguel Herrero y Rodrígez de Miñón, probablemente el orador más brillante que ha tenido el Parlamento desde la reapertura de la democracia.
De caperucita a Pavía
Guerra inició su carrera comparando a Soledad Becerril con «Caperucita Roja vestida de Carlos IV», la siguió afirmando con desparpajo que «Suárez entraría en el Parlamentro a la grupa de su caballo como Pavía», y terminó destrozando la imagen del alcalde Tierno Galván, llamándolo: «víbora con cataratas».En una ocasión aseguró sin torcer el gesto ante cuatro periodistas del «Grupo 16»: «Están ustedes equivocados: en la «Bodeguiya» no hay palmeros, se ven más cucarachas». Muerto ya, un vate socialista que asistió compungido al entierro, malescribió un verso titulado «Óptica La Esperanza» que concluía con esta recomendación. «No lo dude más, esté en lo cierto, póngale gafas al muerto». Y es que a Tierno le enterraron con sus sempiternos lentes «Amor», como a «la Pasionaria» la depositaron en tierra con sus horribles zarzillos. La izquierda se lo lleva todo puesto. Y desde la derecha, Miñón, como al principio le denominaba Fraga, respondía al vicepresidente riéndose literalmente de la atroz osadía intelectual de su oponente: «simulador de cultura» era su apelación más generosa, y, desde luego sin recato alguno, cosa difícil de hallar en unos tiempos en que atizar al dúo Guerra-González conducía a la Inspección de Hacienda. En la célebre ocasión del despojo de Rumasa, Herrero, que hablaba en la tribuna con enorme sapiencia jurídica, observó cómo Guerra reía sin parar y le espetó: «Usted se ríe, señor Guerra, porque es un ignorante». Corrían años de desigual reto entre el PSOE y AP, en las filas de AP moraba el hoy comunista Verstrynge, al que Guerra tildaba de «nazi estúpido», y en el PSOE renqueaba Galeote al que Guerra calificaba de «cojo inútil».
Miñón ya se las veía con Fraga: «Oscila de babor a estribor y lo mejor que te puede pasar es que no te pille debajo», y González escuchaba la que es, quizá, la más tremenda anécdota jamás contada sucedida en el Parlamento. La escuchaba, naturalmente, de Guerra: «Aquí en el Congreso todos somos decentes, salvo dos: Carrillo, que es un asesino y Roca, que puede vender dos o tres veces diarias a su madre y que, además, nunca se sabrá si está en posición de comprador o vendedor». O sea, un par de halagos. En la derecha ya hacía también arma el rocoso Luis Ramallo, que atizaba la corrupción del PSOE sin parar y que ironizaba, más bien a la extremeña (estilo Ibarra, vaya) increpando una intervención de González de esta guisa: «Ha «meao» fuera del tiesto». Ahora le ha salido un imitador a Ramallo en Andalucía; se llama Gaspar Zarrías, es primer monago de Chaves, otro extensor de basuras, que utilizando también la micción como símil, ha dicho de Arenas: «Lo suyo es para mear y no echar gota».
«Un orejas de pana»
Para completar el florilegio de los faltones del país, queda Arzalluz, al que ríen en las campas sus muchachotes de «kaiku» y boina. Arzalluz le ha dedicado adjetivos de bruda especie a casi todos, pero con quien peor se ha portado es con Garaicoechea, al que una vez motejó así: «Es un orejas de pana». No es sin embargo Arzalluz un estilista, como tampoco lo son los miembros del trío citado al principio Caldera, Blanco y Cano. Ahora Zapatero los cree listos para la alternativa; la que el miércoles les concedió en plaza de primera. Todos no llegan ni a la suela de los zapatos al más sardónico de los políticos que en España ha habido: Azaña, que dejó escrita un frase para quien corresponda: «La tontería es la planta que más se cultiva».
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