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Un gran «Requiem» de Verdi, en el día del centenario del compositor

Actualizado 29/01/2001 - 00:22:52
Luis Antonio García Navarro. ABC
Luis Antonio García Navarro. ABC
Permítaseme que lo señale al comienzo de esta nota, porque es algo que ha de evitarse en todo lugar, pero máxime en el Teatro Real: una azafata, antes de situarse los intérpretes en el estrado, colocó cinco botellines de agua mineral bajo las sillas de los solistas y, además, tras el podio directorial... La obra que iba a escucharse no tiene descanso o entreacto alguno; me pregunté acerca de quién se atrevería a beber ante el público y, solamente, lo hizo el director y el bajo solista, los otros tres guardaron el respeto debido. Nunca se hizo otro tanto y ha de ser prohibido a rajatabla, porque nunca se creyó necesario. ¡Ya está bien con que los altavoces tengan que recordar que se desconecten los móviles...!
PERFILADOS AGUDOS
En cuanto a la sesión coincidente con el día mismo del centenario de la muerte en Milán del gran operista, autor de una auténtica joya musical, una de las más altas cimas del repertorio sinfónico-coral: su hermoso «Requiem», que exige un cuadro interpretativo de subida categoría; en esta ocasión, lo hubo con plenitud en todos los participantes, a la cabeza un cuarteto solista, del que cabe destacar los perfilados agudos de la soprano francesa, Sylvie Valayre, el dramatismo de una voz espléndida de la «mezzo» bonaerense, Alicia Nafé, la clara emisión de grato timbre del tenor surafricano, Johan Botha, y el bajo uruguayo, Erwin Schrott, con amplitud y poder.
MOMENTOS CALMOS
Si a ellos les añadimos la magnífica actuación del Coro y la veterana Sinfónica madrileña —las voces bien preparadas por el titular de la agrupación coral, Martin Merry—, particularmente extraordinarios en aquellos momentos calmos, sobre la base de los profesores instrumentistas que conforman la prestigiosa orquesta, hallaríamos el total de una versión del sublime «Requiem» verdiano que recordaremos durante largo tiempo. Timón seguro, de holgado gesto, llevando la gran página de memoria, muy atento a la confrontación de matices, al cuidado extremo de los momentos de índole repetitiva, logrados casi siempre con notorio esfuerzo y sabio quehacer, reconoceremos en García Navarro el mayor de los méritos de una noche del Real, festejada por el largo, muy mantenido aplauso del público que abarrotó la sala. ¿Momentos logrados? Fueron tantos...
Teatro Real. «Messa da Requiem», de Giuseppe Verdi. Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid (Director del Coro: Martin Merry). Director: García Navarro. Solistas: Valayre, Nafé, Botha y Schrott. Madrid, 27 de enero 2001.
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