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VEINTE AÑOS DE LA DIMISIÓN DE SUÁREZ: Adolfo, ¿por qué te fuiste?

Actualizado 29/01/2001 - 00:22:52
Suárez, en el momento de comunicar por TVE su dimisión como presidente del Gobierno, el 29 de enero de 1981. Ep
Suárez, en el momento de comunicar por TVE su dimisión como presidente del Gobierno, el 29 de enero de 1981. Ep
De sus labios, firmes para el silencio,como los de castellano viejo, nunca saldrán las verdaderas razones de su dimisión. Y sin embargo es un hecho incontestable que la renuncia de Adolfo Suárez a la Presidencia del Gobierno fue un acto esencial de su compromiso con la democracia. Veinte años después, él no lo dirá pero es cierto, aparece prístina la idea de que Adolfo Suárez presentó al Rey Don Juan Carlos su dimisión en defensa de la Constitución, amenazada por la derecha fragmentada y ambiciosa y el acoso de la izquierda intrigante y sin escrúpulos.
Un sentido fatalista de la Historia concluiríaque sin aquella dimisión atormentada no hubiera sido posible la victoria por mayoría absoluta de la derecha hoy liderada por José María Aznar. Pero el hecho real es que de aquellas experiencias traumáticas - tanto como para incluir en ellas el intento de un golpe de Estado- sobrevino después la conciencia de que solamente con una profunda transformación de los modos y maneras de estar en la política democrática, la derecha podría algún día llegar al poder. Tardaron nada menos que 16 años en lograrlo.
Fue la amarga lección de aquella tarde de febrero en la que, según cuenta uno de sus excepcionales confidentes, Federico Ysart,«sin un reproche y exagerando la autonomía de su decisión con el fin de salvaguardar la supremacía de la soberanía popular, abandonado por sus compañeros y denostado por sus adversarios, pero con la confianza puesta en que la Historia de España podría seguir escribiéndose a golpes de libertad, Adolfo Suárez cedió la presidencia del Gobierno rodeado de la misma incredulidad con que fue recibido».
En aquel otoño-invierno de 1980 el poder de la Democracia no podía ser ejercido plenamente, por el simple hecho de que algunas instancias de la Nación se negaban a admitir un posible gobierno de izquierdas. La ruptura de la UCD hacía inevitable la victoria del PSOE a través de cualquiera de las formulas previstas en la Constitución. Los enfrentamientos y ambiciones de los diferentes líderes políticos de aquella derecha fragmentada entre UCD y Alianza Popular, - los Fraga, Herrero de Miñón, Garrigues, Fernández Ordóñez, Alzaga, Martín Villa-eran la perfecta encarnación del perro del hortelano: con ellos Suárez no podía gobernar, pero sin Suárez estaban condenados a perder el poder.
PENSADA COMO UN REVULSIVO
La dimisión de Adolfo Suárez, pensada como revulsivo ante la descomposición cicatera y egoísta de aquel centro-derecha ombliguista y vanidoso, sopesada en todos sus detalles y consecuencias,tuvo el efecto de una catarsis. Su gesto fue incomprendido durante largo tiempo, sobre todo por quienes no querían asumir su parte de responsabilidad en aquella debacle frente al PSOE. Pero no había grandes secretos en la determinación asumida por Adolfo Suárezcasi en soledad. A veces la evidencia es tan dolorosa que provoca laautoceguera. Y durante mucho tiempo la pregunta era: ¿por qué te fuiste, Adolfo?
Incluso ahora, veinte años después, aquella amarga decisión, no exenta de elementos íntimos y personales, suscita una morbosa curiosidad que en realidad tiene una respuesta tan sencilla como esta: Suárez dimitióen aras de aquella democracia que sin él no hubiera sido tan posible como fue. Atrás quedaban la reforma política, los secuestros de Oriol y Villaescusa, los asesinatos de Atocha, la legalización del PCE, el apoyo al PSOE, el consenso Constitucional, el regreso de Tarradellas, los Estatutos de Autonomía, los Pactos de la Moncloa, las mociones de censura, los incidentes de Guernika, las afrentas golpistas, la conspiración de La Casa de la Pradera...
Pero Adolfo Suárez, un poco como ocurre a los artistas, se había enamorado de su criatura. Y no quería que la libertad conquistada «fuera una vez más un paréntesis en la historia de España». No hizo falta que se lo pidiera su Majestad el Rey. Sabía que tenía que marcharse. Y también su familia, su mujer y sus hijos, que no entendían otro camino que la renuncia para demostrar la cierta generosidad del hombre que había dirigido la transición contra tantos vientos y mareas.
LA SOLEDAD DEL HOMBRE LIBRE
Ahora, veinte años después, Adolfo Suárez es un hombre querido por todos, pero en realidad todavía a veces muy sólo, en la soledad de los hombres libres que permanecen con su conciencia incólume. Y conla hombría de bien que ha demostrado en esa discreta y generosa manera de ejercer como ex-presidente de la Nación. Dispuesto al consejo, si se lo piden; en primer tiempo de saludo, si se le llama para una cuestión de Estado; leal, con quien considera que ha de estar hoy por encima de toda sospecha. Sin rencor, porque siempre supo el auténtico valor de la democracia, donde el poder no ha de ser personal. Dedicado por entero a aquella familia que la víspera del día de autos le dejó un mensaje sobre la almohada: «Papá, ¿qué haces?»...Sus memorias están depositadas en algún lugar ignoto de Estados Unidos. Como los papeles del Pentágono, sólo se conocerán cuando hayan pasado muchos años.
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