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César simón, poeta vivo

EL pasado día 24, viernes, tuvo lugar en Benetússer un homenaje a César Simón, poeta valenciano fallecido en 1997. El evento contaba con el patrocinio municipal y la colaboración de diversas entidades

Actualizado 28/11/2006 - 12:57:38
EL pasado día 24, viernes, tuvo lugar en Benetússer un homenaje a César Simón, poeta valenciano fallecido en 1997. El evento contaba con el patrocinio municipal y la colaboración de diversas entidades literarias y ciudadanas, y fue organizado por viejos amigos del poeta como José Antonio Cañada o Manuel Rubio entre otros. En presencia de los hijos del escritor, los parlamentos en torno a su figura humana y a su obra corrieron a cargo de amigos suyos también, esta vez del mundo de las letras, todos ellos de una categoría que explicita sin comentarios su simple enumeración: Jaime Siles, Jenaro Talens, Miguel Mas, Manuel Ramírez, Carlos Marzal, Vicente Gallego, Luis Antonio de Villena y Francisco Brines.
El homenaje, por tanto, nació de un impulso coral y coral fue su desarrollo. Nada que extrañe, pues la persona de César Simón concitó una infrecuente unanimidad de afectos y admiraciones. La suerte de su obra literaria, en verso y prosa, no ha sido sin embargo la misma, no porque haya generado opiniones encontradas, sino más bien por el hecho de que, de forma tajante, o ha recibido reconocimiento y aceptación inquebrantables o no ha logrado romper la barrera del desconocimiento. Tiene férreos admiradores y tiene desconocedores. Yo soy capaz de sostener que su obra no puede producir indiferentes verdaderos ni detractores. La suya es una de las aportaciones más intensas al pensamiento poético y la emoción lírica de toda la segunda mitad del siglo XX español.
Así que César Simón disfruta de un estatuto envidiable. Ahora es poeta de poetas, poeta para poetas. Esta circunstancia no tiene nada de negativa. Le asegura, por el contrario, un eco sostenido. La luz de su poesía honda, emocionante y mineral, como de cuarzo a la intemperie, permanecerá incrustada en la conciencia de lectores futuros. Habrá una hora para el conocimiento mucho más amplio de este poeta hoy semioculto. La belleza de su decir y la profundidad de lo que dice lo ponen en conexión con lo perdurable. No formulo una profecía, expreso una convicción.
Esta seguridad mía se fundamenta en y se justifica por la originalidad de una obra poco extensa pero de enorme tensión literaria y filosófica. Originalidad en el sentido acostumbrado del término, sin duda, como contribución personal e inconfundible al arte de la palabra. También, no obstante, en el sentido de originariedad, el modo en que entienden el concepto grandes hermeneutas como Heidegger o Vattimo, es decir, como la capacidad que alcanzan ciertas manifestaciones estéticas de favorecer un origen, el afloramiento de lo inaugural y fundante, eso que recibe el nombre de ser.
En la poética de César Simón se da esa apertura ontológica. Ahora bien, siempre a través de un cauce de escritura precisa y tersa, de gran potencia lírica. Sus poemas son fuente inagotable de conmoción, contienen el empuje pensante de la alta poesía. Su prosa, contenida en dos singulares novelas y en tres fantásticos volúmenes de diarios -dos de ellos compuestos durante sus últimos años de vida, bajo la certeza de la enfermedad mortal- constituyen un raro y condensado ejemplo de unión entre inteligencia y estremecimiento, de inteligencia terca, atenta desde un enfoque único y pudorosamente estremecida.
El pasado viernes, en Benetússer, quedó bien de manifiesto que el poeta César Simón está vivo. No puede dejar de estarlo, porque supo mostrarnos, con razón y temblor, que el problema del hombre y del mundo, el problema, el enigma, contra la opinión más común, está en la claridad. La transmisión de esta enseñanza por medio de palabras cargadas de bellísima radiación vivifica su obra y la orienta hacia la permanencia.
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