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Las cicatrices de Portmán

La emblemática bahía situada entre Cartagena y La Unión, sepultada por miles de toneladas de estériles mineros, lleva quince años esperando su regeneración

Actualizado 28/11/2005 - 10:03:53
Desde que una fría mañana de marzo de 1990 cesaran los vertidos de estériles mineros en la bahía de Portmán, este emblemático espacio situado entre Cartagena y La Unión llevaba tres lustros esperando un acuerdo entre las tres administraciones, los vecinos y los ecologistas que permita su regeneración. Esa posibilidad está ahora al alcance de la mano, ya que existe un principio de acuerdo sobre la fórmula para recuperar parte de la antigua playa y sellar los estériles que colmatan la bahía, con un coste superior a los 150 millones de euros que está dispuesto a sufragar el Ministerio de Medio Ambiente. En el año 2010, Portmán podrá mostrar su nueva cara, aunque muchas cicatrices serán difíciles de borrar.
Se trata de saldar unadeuda pendiente con la naturaleza, ya que Portmán ha sufrido uno de los mayores atentados ecológicos del Mediterráneo, cuando hace 50 años comenzaron a percibirse las consecuencias: los minerales extraídos de la sierra de Cartagena-La Unión para obtener plomo, zinc y plata se sometían a un proceso de lavado que luego depositaba los desechos de fango y estériles directamente en el mar, a través de una larga tubería que terminaba a unos pocos cientos de metros de la bahía. Las corrientes hicieron el resto cuando miles de toneladas fueron colmatando durante varios decenios el fondo marino y anegando la recoleta bahía hasta hacerla desaparecer junto con el puerto pesquero situado en uno de sus extremos.
Codiciada pieza turística
Un paisaje gris y lunar domina ahora la base de un anfiteatro montañoso que guarda una enigmática belleza. Sus entrañas horadadas por siglos de actividad minera son todo un espectáculo para los sentidos.No en vano Portmán sigue siendo pieza codiciada para futuros desarrollos urbanísticos, dada su proximidad al privilegiado entorno de La Manga Club, enclavado al otro lado del parque natural que conforman Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila.
En las cartas de navegación seguían apareciendo la antaño coqueta bahía de Portmán, pero cualquier barco que se ha ido acercando a sus costas sólo ha encontrado una inmensa muralla de fango contaminado; y algunas embarcaciones de recreo incluso han encallado. La opinión pública giró sus ojos hacia aquel impune atentado medioambiental -existía una autorización ministerial para efectuar los vertidos- cuando varios activistas de Greenpeace se encadenaron en los años 80 a los tubos que depositaban los desechos al mar. Les valió una cita en los tribunales, pero consiguieron su objetivo de llamar la atención sobre aquel desaguisado.
La tubería que escupía los estériles al Mediterráneo hacía su trabajo al ritmo que marcaba la cuenta de resultados de la antigua multinacional Peñarroya, que vendió la explotación a la empresa Portmán Golf a finales de los años 80, cuando ya no le resultaba demasiado rentable a la vista del vaivén de las cotizaciones de Londres. El daño ya estaba hecho. Ni siquiera los miles de años de explotación minera -que tuvo una álgida actividad paralela al esplendor de la Roma Imperial- habían causado tanto daño al entorno como las últimas décadas del siglo pasado. Miles de empleos creados en Portmán, La Unión y Cartagena fueron desapareciendo conforme se apagaba el brillo de la minería.
La nueva sociedad, propiedad de dos empresarios de la zona, decidió clausurar los vertidos en marzo de 1990 bajo la administración del Gobierno socialista de Carlos Collado. Aquella mañana el sol se ocultó. El mar estaba embravecido y enojado. Hacía frío y lloviznaba. La embajada de políticos y periodistas que acudían a cerrar la llave del lavadero se encontró con la rabia de un Mediterráneo herido e ignorado.
Quince años de desacuerdo
Desde entonces, y a lo largo de 15 años, han sido inútiles los intentos de alcanzar un acuerdo que contentara a las administraciones implicadas, a la Unión Europea, a los vecinos y a la empresa propietaria de los terrenos de la sierra minera. La ministra Cristina Narbona, que visitó la bahía en el año 1994, cuando era secretaria de Estado de Medio Ambiente, autorizó los primeros sondeos del fondo previos alos trabajos de regeneración. Ahora le llega la oportunidad de terminar aquello que empezó.Las teorías de que el oleaje del mar iría lamiendo la costra creada por los estériles no han dado su fruto, ya que la colmatación de la antigua playa y del fondo marino ha sido concienzuda; tiene la misma factura que cualquier fábrica humana.
Las cicatrices de Portmán atraen a muchos visitantes que, ante la mirada cansada de sus habitantes, se aventuran con paso bíblico por la inmensa playa ocre cimentada de estériles para comprobar su textura. Luego se toman un caldero mientras contemplan las fotos antiguas de aquellas barcazas y veleros que se adentraban casi hasta el pueblo para cargar el mineral en bruto. Unos recuerdos casi bucólicos que no presagiaban el desastre final.{Titular}

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