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Testigos de fe

HOY serán beatificados, en una ceremonia en la plaza de San Pedro del Vaticano presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la congregación para las Causas de los Santos, 498 mártires

Actualizado 28/10/2007 - 02:48:29
HOY serán beatificados, en una ceremonia en la plaza de San Pedro del Vaticano presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la congregación para las Causas de los Santos, 498 mártires de Jesucristo que inmolaron su vida en las persecuciones religiosas de nuestro país de los años treinta del siglo pasado. De éstos, 146 sufrieron el martirio en nuestra archidiócesis de Barcelona. Se trata, por lo tanto, de un aconteciendo que nos afecta a todos los miembros de la Iglesia católica.
Los mártires están por encima de las circunstancias trágicas que los condujeron a la muerte. Con su beatificación glorificamos a Dios por la fe que vence al mundo (1Jn 5, 4) y supera las oscuridades de la historia y las culpas de los hombres. Los mártires han dado gloria a Dios con su vida y su muerte, y se han convertido en signos de amor, de perdón y de paz.
En este sentido, esta beatificación ha de ser una hora de gracia para nuestra Iglesia y para toda la sociedad. El testimonio y la intercesión de los mártires estimulan y fortalecen nuestra condición de creyentes, de discípulos y amigos de Jesucristo. La Iglesia, desde sus mismos orígenes, ha manifestado una gran estimación por los hermanos y hermanas mártires de la fe cristiana. Esta contemplación e imitación hemos de realizarla con aquella «purificación de la memoria» de la que habló Juan Pablo II en diversas ocasiones indicando unas pautas de actuación para la Iglesia en estos inicios del tercer milenio. Para nosotros la purificación de la memoria supone a la vez un esfuerzo de objetividad, de reconocimiento de la verdad histórica, de petición de perdón y de voluntad de vivir unos sentimientos y unas actitudes de reconciliación.
Entre los mártires que serán beatificados hay un alumno del Seminario Conciliar de Barcelona, el joven Josep Casas Ros, que fue el hijo mayor de una familia obrera del pueblo de Ordal. Su hermano mosén Francesc Xavier es actualmente sacerdote diocesano de Barcelona, rector emérito de la parroquia de San Paciano. Cuando se produjeron los hechos de 1936, mosén Francesc Xavier tenía siete años. En los recuerdos que ha escrito de aquellas vivencias suyas de infancia, dice que «nunca oí en mis padres ninguna palabra de odio ni de venganza», y que siempre trataron como a un vecino más del pueblo a una persona que seguramente denunció a nuestro hermano. «Mis padres -escribe- en ningún momento le manifestaron ningún resentimiento; hablaban con él como con un vecino más del pueblo, e incluso le ayudaron cuando a causa de una enfermedad lo necesitó». Y en el apartado de sus recuerdos que titula «El perdón de nuestros padres» afirma esto: «La lección de perdón de mis padres ha sido siempre para mí un punto de referencia que siempre me ha ayudado y que nunca quisiera olvidar».
Este testimonio de perdón y de fraternidad es el que ha de estar siempre presente en nuestros corazones con motivo de la beatificación de estos 498 mártires que entregaron su vida por Cristo, amando y perdonando.
Lluís Martínez
Sistach
Arzobispo metropolitano
de Barcelona
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