Internacional

null

Hemeroteca > 28/10/2005 > 

Occidente condena la «resurrección» del espíritu del ayatolá Jomeini en Irán

La comunidad internacional considera incompatible decir que «Israel debe ser borrado del mapa» y pretender producir combustible nuclear sólo para uso civil

Actualizado 28/10/2005 - 09:27:32
REUTERS  Mahmud Ahmadineyad durante su intervención, el pasado miércoles en Teherán, en el foro «El mundo sin el sionismo»
REUTERS Mahmud Ahmadineyad durante su intervención, el pasado miércoles en Teherán, en el foro «El mundo sin el sionismo»

JUAN CIERCO. CORRESPONSAL

JERUSALÉN. La pregunta no pertenece a anuncio publicitario alguno que pretenda lanzar en todo el mundo, al mismo tiempo, un producto tecnológico de última generación: «¿Qué tienen en común Washington y Viena; Moscú y Londres; París y Ottawa; Canberra y Madrid; Berlín y Bruselas; la ONU y la UE; Tel Aviv y México?».

La respuesta, al menos hoy, es tan obvia que casi no hace falta plantear la pregunta: su unánime condena a las palabras del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, a favor de «borrar a Israel del mapa».

O, con un fondo muy trasnochado para casi todos, su apuesta por resucitar, más de tres lustros después, al ayatolá Ruhollah Jomeini, el padre de todos los odios, rencores e iras, el primero en decir palabras tan malsonantes hoy recogidas al vuelo por el nuevo mandatario persa, el mismo que, un abrir y cerrar de ojos, ha borrado a su vez del mapa los años menos agitados de su predecesor y precursor del diálogo entre civilizaciones, Mohamed Jatamí.

La unanimidad occidental, que convierte en un juego de niños aquella adivinanza de concurso televisivo, no va más allá de algunas fronteras. Llega, eso sí, a Moscú, cuyo jefe de la diplomacia, Serguei Lavrov, compartió en vivo y en directo en Tel Aviv la áspera respuesta de Ariel Sharón. Cruzó mares y océanos hasta llegar a Australia, a México, por supuesto a Estados Unidos pero fue incapaz de derribar el muro árabe y musulmán, que perdió una gran oportunidad para espantar algunos de los fantasmas que pasean sus cadenas por capitales casi siempre sospechosas y más últimamente.

Condena palestina

Silencio sepulcral en El Cairo, en Ammán, en Damasco y Beirut; silencio atronador en Islamabad, Yakarta, Bagdad y Kabul; silencio escandaloso en la Liga Árabe y la Organización de la Conferencia Islámica. Solo la cúpula palestina abrió la boca para calificar de «inaceptables» las palabras del presidente iraní. Curioso.

No es de extrañar que, en este contexto donde esta vez no vale más una imagen que mil palabras, como las pronunciadas el miércoles por Ahmadineyad en Teherán («Israel debe ser borrado del mapa») en el curso de un foro muy explícito («El mundo sin el sionismo»), la comunidad internacional se acuerde y saque de nuevo a relucir el programa nuclear en curso del régimen de los ayatolás.

«No puede decirse al mismo tiempo que Israel debe ser borrado del mapa y que se quiere producir combustible nuclear sólo para obtener electricidad; no se puede alentar a la guerra y a la vez declararse pacifista», aseguraba ayer desde la capital iraní una fuente diplomática occidental citada desde el anonimato por Afp.

Quienes más incidieron en la cuestión nuclear persa, como no puede ser de otro modo, fueron los dirigentes políticos y los mandos militares israelíes.

Simón Peres fue el primero en reaccionar en la noche del miércoles, como recogió ayer ABC, al solicitar la expulsión inmediata de Irán de la ONU por «crímenes contra la humanidad».

Ayer se sumó al carro del número dos, aunque tres, del Gobierno, el primer ministro, Ariel Sharón: «Un Estado que llama a exterminar a otro pueblo no puede ser miembro de las Naciones Unidas. Irán no es sólo un peligro para Israel, también lo es para Oriente Próximo y para Europa».

De hecho, Tel Aviv ya ha ordenado a su embajador en la ONU, Danny Guillerman, que inicie los trámites para lograr la expulsión de Irán de la institución transnacional. No lo tendrá fácil. El atronador silencio árabe y musulmán así lo anticipa.

Y de fondo, más bien en primer plano, las amenazas cada día menos difuminadas del programa nuclear iraní; de sus centrales para enriquecer uranio; de sus misiles balísticos, los mismos que en alguna ocasión, en esos impresionantes desfiles militares que se celebran en Teherán, llevan inscritos en sus lomos frases luego repetidas sin ton ni son: «Hay que borrar a Israel del mapa».

Tanto es así, que en el último de ellos, y precisamente por esos lemas, los consejeros militares de las embajadas europeas en la capital iraní abandonaron la tribuna de invitados como gesto de protesta.

Intervención militar israelí

La alfombra roja para llevar a cabo un ataque militar contra las instalaciones nucleares iraníes, si fracasaran las inspecciones de la Organización Internacional de la Energía Atómica y las negociaciones siempre contra el reloj entre Teherán y Bruselas, ya se ha extendido.

Y curiosamente no lo han hecho operarios israelíes, tampoco norteamericanos, ni siquiera europeos sino el nada arrepentido presidente del país, de nombre Mahmud; de apellido nada sencillo, Ahmadineyad; de espejo, el ahora resucitado ayatolá Ruhollah Jomeini. Para echarse a temblar.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.