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El guerrista Marugán desoye a Zapatero y arremete contra el tripartito catalán

El diputado socialista escribe en la revista de Alfonso Guerra que «la izquierda en Cataluña se organiza en un esquema politeísta plagado de divinidades menores»

Actualizado 28/07/2005 - 04:28:02

J. L. LORENTE

MADRID. «¿Es posible hacer un cambalache jurídico en virtud del cual una reforma estatutaria invierta de manera radical el ordenamiento constitucional?» Esa pregunta bien podría hacérsela el líder de la oposición, Mariano Rajoy, que desde hace semanas denuncia el intento del Gobierno socialista por «desmantelar el Estado». Pero no, no se trata de Rajoy, sino del diputado del PSOE Francisco Fernández Marugán, que en un artículo publicado en el último número de la revista «Temas» arremete contra el tripartito que gobierna en la Generalitat y acusa a sus sus compañeros de partido en Cataluña de organizarse mediante un «esquema politeísta plagado de divinidades menores».

Además, Marugán escribe en la publicación cuyo consejo de redacción preside Alfonso Guerra que la izquierda catalana «lidera un proceso que puede hacer saltar, o al menos aflojar intensamente, el muelle de la solidaridad». «Después de 25 años viendo cómo se construye el Estado autonómico -sostiene el que fuera uno de los miembros más destacados del antiguo sector guerrista del PSOE-, ha dado el paso de cuestionar el edificio constitucional de 1978, abriendo una brecha en una idea muy sólida que tienen los españoles: que la democracia ahora es prosperidad para todos».

Con este artículo, el diputado del PSOE apoya las críticas de Guerra al nuevo Estatuto catalán y desoye al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que ordenó hace diez días la ley del silencio en su partido tras aceptar la «sugerencia» del líder de ERC, Josep Lluis Carod-Rovira, de poner orden «en el gallinero socialista».

Un «ippon» financiero

Marugán critica en términos muy duros la propuesta de financiación que el Gobierno de Cataluña pretende que se incluya en el futuro Estatuto. Para el diputado del PSOE, la intención de la Generalitat responde a un planteamiento confederal, que choca con la Constitución española de 1978. Argumenta que el propósito de la iniciativa es llevar a cabo una modificación importante de las relaciones de poder en España y busca acordar bilateralmente el reparto de los impuestos recaudados en Cataluña para así reducir la contribución de los ciudadanos de esa Comunidad a la política estatal de redistribución. A la vez, trata de condicionar, en su opinión, las políticas de gasto de Estado para aumentar la cuantía de los que éste realiza en aquella Autonomía. «Un verdadero «ippon» financiero», recalca Marugán.

El diputado socialista se opone a los cambios en el concepto de solidaridad que plantean el tripartito y algunas personalidades de la vida política catalana, como el anterior presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. «Si las cosas van a ser así, esa operación que el señor Pujol sugiere que realicemos, que repensemos el concepto de solidaridad porque ya no es justo, puede conducirnos a un punto en el que el precepto constitucional que ha inspirado íntegramente la bóveda de la Carta Magna quede reducido a poco más que a un óbolo cuasi voluntario», señala Marugán en su artículo.

Además, el parlamentario socialista considera que hay bastantes razones para sostener que la propuesta del tripartito se presenta financieramente como «un planteamiento confederal». «Ante ello, podría decirse que nuestro Estado, que cada día resulta más complejo, puede también empezar a ser algo raro». No obstante, Marugán quiere dejar a un lado esas opiniones para preguntarse si una organización política confederal tiene cabida en la Constitución de 1978.

La postura de Roberto Dorado

No acaban ahí las críticas que el último número de la revista «Temas» hace del futuro Estatuto catalán. Roberto Dorado, el que fuera uno de los principales «fontaneros» de Moncloa entre 1982 y 1993 -durante la etapa de Felipe González en el poder-, señala en otro artículo que «la pretensión de incluir el término «nación» en algunos Estatutos choca con la definición que hace la Constitución de 1978 del Estado español».

«Sería temerario aceptar su inclusión en los nuevos textos estatutarios, porque estaríamos introduciendo un nominalismo de carga retardada, que algunos no dudarían en hacer estallar en el futuro. No juguemos con las palabras que a veces, como las armas, las carga el diablo». Dorado concluye que «no queremos que nos den gato por liebre y, con la excusa nominalista, se meta el zorro en el «gallinero»». Otra vez el famoso «gallinero».
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