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El totalitarismo vasco

Actualizado 28/07/2002 - 00:29:25
La velocidad con que se producen acontecimientos significativos en la sociedad vasca, como los ocurridos esta semana con el Profesor Francisco Llera y el párroco de Maruri, empuja a uno a hacer pública su opinión en los medios de comunicación quizá con excesiva frecuencia. Pero en la situación en que vivimos, creo que todos los esfuerzos de clarificación son pocos, por lo que no quiero regatear mi modesta aportación a este objetivo.
Totalitarismo viene de «totus» (todo) y es un concepto que se aplica a los regímenes políticos que, en lugar de limitarse a desarrollar sus funciones de liderazgo y gestión de los intereses comunitarios, tratan de imponer su propia ideología de una forma excluyente mediante su omnipresencia dominante en todas las actividades sociales.
Es evidente que una concepción de la política de estas características choca frontalmente con la idea de libertad. Una sociedad debe ser libre para desarrollar sus energías de una forma espontánea, sin más condicionamientos que los que se derivan del imperio de la ley y los ideológicos que cada uno quiera asumir. En ningún caso, ni los poderes públicos, ni los partidos políticos deben interferir en este proceso fuera del ámbito de acción que les es propio.
Es la misma sociedad la que debe crear y fortalecer sus propias estructuras para el mejor desarrollo de sus actividades, potenciar las iniciativas del poder político o defenderse de él si fuera preciso. Sin embargo, otra vez tengo que constatar con pena que en nuestro país está ocurriendo precisamente lo contrario.
Llevamos ya casi veinticinco años bajo la hegemonía de un nacionalismo con tendencia creciente al totalitarismo. Un nacionalismo que tiene dos brazos: una vanguardia terrorista que es ETA, que pretende imponer su proyecto político mediante la exterminación física de quienes no se someten a él; y un enorme poder institucional detentado por el Partido Nacionalista Vasco, que lo utiliza al servicio de las mismas reivindicaciones políticas.
No queremos decir con esto que entre ETA y el PNV exista una unidad de acción, ni que éste último tenga implicaciones de ninguna clase en las actividades terroristas de áquella, aunque no las combate con todos los medios a su alcance, pero sí se da una convergencia evidente en sus objetivos, como ha quedado demostrado en las últimas resoluciones del Parlamento Vasco. En definitiva, poder institucional y poder fáctico al servicio de un objetivo común, que no es otro que la construcción de un Estado independiente llamado Euskalherria. Confluencia de poderes que manifiesta, además, una tendencia creciente al totalitarismo. Veamos algunas muestras.
El profesor don Francisco Llera acaba de anunciar su marcha a Estados Unidos, al no poder soportar la falta de libertad en su actividad académica. Si recordamos lo ocurrido anteriormente con Edurne Uriarte, Mikel Azurmendi, etc., en todos los casos por no someterse al imperio nacionalista, no creo que pueda ponerse en duda la influencia de éste mismo en el mundo universitario.
Por lo que se refiere a la Iglesia Católica, está muy reciente todavía el debate sobre la última Carta Pastoral de nuestros obispos para que cada cual haya formado su opinión. Pero basta pensar en lo ocurrido al párroco de Maruri, que necesita escolta como consecuencia de una comunicación difundida por un Ayuntamiento gobernado por el PNV, simplemente por pertenecer a un foro de resistencia a la ofensiva nacionalista, para que resulte imposible negar la pretensión de sus dirigentes de utilizar en su favor la gran capacidad de influencia de la Iglesia.
¿Y qué decir del mundo sindical, dominado en nuestro país por los sindicatos nacionalistas ELA y LAB? ¿O de las organizaciones empresariales, muchas de ellas cautivas de las subvenciones y beneficios fiscales que reciben de las Instituciones gobernadas por el PNV? ¿O de esa organización de «emakumes», cuyo nombre no recuerdo en este momento, cuya influencia educativa en las familias todos sabemos que es determinante? ¿O de la red de ikastolas públicas, que sin llegar a ser como se dice, a veces con exageración, escuela de terroristas, sí son germen de educación nacionalista? ¿O de los batzokis y herriko tabernas, que más que sedes de partidos políticos son centros de convivencia que sirven para alimentar sentimientos nacionalistas y antiespañoles?
Ni siquiera el deporte escapa al intervencionismo nacionalista. Nadie puede desconocer su participación en las elecciones de los dirigentes de nuestros grandes clubes, ni el papel de Euskaltel o Kirolgi. Y todavía no conocemos la razón por la que la Real Sociedad, que hace ya casi quince años abrió su plantilla a jugadores no formados en su cantera, ha fichado docenas de futbolistas procedentes de todas partes del mundo, pero a ningún español sin origen vasco, a pesar de que una reciente encuesta entre sus seguidores daba, precisamente, el resultado contrario.
A todo esto llamo yo totalitarismo y la consecuencia, como manifestaba el profesor Llera esta misma semana, es que son ya aproximadamente doscientas mil personas las que se han ido a vivir fuera del País Vasco. Y la mayoría de ellas, personas de alta cualificación, que buscan simplemente libertad.
La cifra me ha dejado estupefacto y permite empezar a pensar que no es tan utópica la pretensión de ETA de obligarnos a abandonar el país a todos los que no compartimos la ideología nacionalista.¿Es capaz la sociedad vasca de articular una defensa ante esta ofensiva totalitaria, que desprecia las ideas y sentimientos de la mitad de sus componentes?
No soy amigo de ejercicios de adivinación, pero tengo la convicción de que la lucha por la libertad triunfa siempre, de que se producirá una rebelión democrática de la que emergerá una alternativa de gobierno respetuosa con los derechos y libertades de todos. No va a ser fácil, porque nada permite alimentar la esperanza de que los nacionalistas vayan a modificar su estrategia, por lo que todo el que quiera defender su libertad, tendrá que luchar por ella. Pero sobre todo, más que pensar en el resultado, estamos ante una cuestión de dignidad personal y de solidaridad con tantas personas que lo están pasando mal. Para todos, felices vacaciones y un ratito para la reflexión.
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