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Marlene, escapada del infierno

ABC«Cuando le hice esta foto, le dije que sonriera. Hizo de tripas corazón y sus ojos brillaron. Pero en ellos, detrás de sus pupilas, se esconden 540 días de esclavitud»Esta niña que veis en la foto

Actualizado 28/02/2010 - 02:58:11
ABC
«Cuando le hice esta foto, le dije que sonriera. Hizo de tripas corazón y sus ojos brillaron. Pero en ellos, detrás de sus pupilas, se esconden 540 días de esclavitud»
Esta niña que veis en la foto se llama Marlene y tiene 14 años y medio.
Vive en la diócesis de Bangassou (Centroafrica) a donde acaba de volver, escapándose literalmente del infierno. Este infierno es la selva,en la que ha vivido desde que fue raptada de su hogar a los 13 años. Los diablos de ese infierno son soldados de una guerrilla que se hace llamar LRA (Ejército de Resistencia del Señor). Cuando Joseph Kony fundó este grupo en el norte de Uganda hacia 1980, parecía un movimiento de liberación. Luego se convirtió en una auténtica pesadilla de crímenes, saqueos y violaciones en masa, raptando miles de niños y niñas, pisoteando los derechos fundamentales de civiles inocentes y matando también al último puñado de mártires de la familia comboniana, todos sacerdotes, entre los años 80 y el inicio de nuestro siglo.
Entonces el ejército regular los expulsó hacia el sur de Sudán, donde tuvieron su santuario durante algunos años, hasta que de allí los expulsaron hacia el parque nacional de Garamba, en el Congo, 12.000 kilómetros de sabana arboreada y selva tropical. Varios intentos por firmar la paz resultaron fallidos y Kony se ha vengado de los ataques del ejército ugandés y congoleño masacrando civiles indefensos. Es una de las caras más repugnantes del continente africano.
En marzo de 2008, un centenar de soldados entraron en Obo al este de la República Centroafricana, la que fue mi primera misión durante 7 años. Como ya he contado a menudo, aquella noche horrorosa saquearon cientos de graneros, violaron mujeres por turnos de tres o cuatro soldados, en sus propias camas, y sembraron la desesperación, dejando decenas de familias en llanto. Las huellas de las botas embarradas de aquellos brutos mancharon no sólo las sábanas de aquellas familias, sino que mancillaron el honor de toda la población. Aquella noche se llevaron a Marlene. La ataron por la cintura a un rollo de cuerda junto con otros muchos jóvenes de Obo, le pusieron un saco con 25 kilos de mandioca en la cabeza y empezó su calvario con el LRA. En la foto, bajo los delicados moñiclis trenzados en su cabeza, dormirán pesadillas y violencias infames, golpes y agresiones que una niña con trece años no podría digerir. Se tragó 15 días de marcha... y la muerte de algunos secuestrados que no aguantaron el ritmo y los remataron a machetazos, al más puro estilo de la película «Hotel Ruanda». Un año y medio de horror, 18 meses dando bandazos por la selva, soñando con la comida de su madre Jeannine, haciendo de muro humano cuando los helicópteros ugandeses lanzaban misiles contra el campamento de Kony, sorteando los árboles de Garamba o yaciente en el suelo, atada a un árbol, fingiendo dormir mientras alguien abusaba de otra muchacha atada a su mismo árbol.
Sobrevivir
Pero lavando la ropa de los soldados o cuidando de los niños del «boss» de alma dura como el metal, Marlene resistió, como dice la canción: «para seguir viviendo». Sobrevivió a transfusiones de muerte viendo a sus compañeros de clase, secuestrados como ella, con un AK-47 en los brazos, entrenándose para la guerra. Cuando le hice esta foto, le dije que sonriera. Hizo de tripas corazón y sus ojos brillaron. Pero en ellos, detrás de sus pupilas, se esconden 540 días de esclavitud, lejos de casa, noches huérfanas de malarias inclementes que la vaciaban de fuerza desangrando su resistencia. Allí en la selva, rodeada de fanáticos homicidas, empezaron a crecerle los senos, a la vista de todos, en público, pues en el LRA una esclava no podía tener intimidad. Empezó a ser mujer lejos de su madre, y tal vez esto fue lo que le dio las luces para intentar la fuga por tercera vez. Volvió a Obo en el mes de julio pasado, después de caminar diez días por la selva, llagados los pies pero viva, en estado de shock y desenraizada, con una llaga tropical abierta en el pómulo de su cara. Su madre se multiplicó por cuatro para alimentarla, abrazarla por las noches cuando gritaba o para consolarla durante sus largos silencios. El LRAllegó a Obo un mes después y empezó desde cero la cuenta de saqueos, violencias, robos y brutalidades. Aún siguen allí. Hace unos días quemaron con gasolina el coche de una ONG italiana y mataron al chófer africano y a su ayudante. Así el nombre de Obo apareció en internet, porque era algo relacionado con Italia. Pero Obo y sus alrededores viven así. Son 15.000 seres hambrientos y asustados desde hace meses, y los muertos son muchos más que los dos desafortunados de la ONG. Tuve que sacar a las monjas de aquel infierno pero los sacerdotes centroafricanos se quedaron para dar ánimo y fortaleza a la población, no huyeron enmarzo de 2008y siguen allí, como columnas de bronce.
Al final Jeannine me escribió para que Marlene viniera a Bangassou, a un centro de chicas estudiantes cerca de la Catedral financiado por unos amigos de Antequera. Llegó de noche, mientras un nuevo grupo de oftalmólogos llevaba a cabo la última operación de cataratas del día. Un mes después, con sus cabellos trenzados y el uniforme negro-amarillo de la escuela de la catedral, Marlene empieza a sonreír, a contar tímidamente sus desaventuras y a ser una persona como las demás.
POR JUAN JOSÉ AGUIRRE. OBISPO DE BANGASSOU (REPÚBLICA CENTROAFRICANA)
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