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El escándalo Elf-Aquitaine desvela una tenebrosa trama de poder, corrupción, enriquecimiento y sexo

El proceso del escándalo Elf-Aquitaine está dejando al descubierto la inquietante trama de corrupciones personales, políticas, diplomáticas, morales y sexuales de las élites industriales y gubernamentales durante la presidencia de François Mitterrand (1981-88 y 1988-95), confundiendo los vicios y debilidades más íntimos y personales en tenebrosas palancas de poder, influencia, enriquecimiento y corrupción.

Actualizado 28/01/2001 - 00:33:42
Dumas, ex ministro de Exteriores y ex presidente del Tribunal Constitucional. Epa
Dumas, ex ministro de Exteriores y ex presidente del Tribunal Constitucional. Epa
Todos los inculpados en el más tenebroso de los escándalos de Estado de las últimas décadas, comenzando por Roland Dumas, Christine Deviers-Joncour, Loïk Le Floch-Prigent, Alfred Sirven y André Tarallo, fueron nombrados a dedo, desde el Palacio del Elíseo, por François Mitterrand, sin otra legitimidad que la amistad y los servicios prestados al jefe del Estado, o a sus más director colaboradores, ejerciendo ese inmenso poder solitario en nombre de la «economía mixta», escapando a todo control, entregados a sus más bajas pasiones personales.
El director general de Elf, Loïk Le Floch-Prigent, fue nombrado personalmente por Mitterrand en 1989, que entregó así el control de la gran multinacional petrolífera nacional a un amigo político. Históricamente, Elf fue el arma empresarial e industrial de Francia en la escena petrolífera mundial. Históricamente, Elf fue, al mismo tiempo, el arma de presión y corrupción estatal de numerosas élites políticas africanas durante más de medio siglo. Esa empresa es la que Mitterrand entregó, a dedo, a un personaje políticamente correcto que pronto se revelaría extremadamente venal.
REFINERÍAS ESPAÑOLAS Y ALEMANAS
En menos de tres años, el director general de Elf nombrado personalmente por el jefe del Estado se vio en vuelto en media docena larga de escándalos paralelos, diplomáticos, penales, sexuales y financieros. Loïk Le Floch-Prigent y su esposa de la época abrieron muy pronto cuentas numeradas en Suiza y se compraron un suntuoso apartamento en Londres. Envueltos esposo y mujer en oscuras aventuras erótico-sentimentales, se enzarzaron pronto en una batalla jurídica, disputándose los despojos de un río de dinero negro. Mientras tanto, el director general intervenía personalmente en dos escándalos íntimamente ligados a la Jefatura del Estado: la compra de empresas y refinerías en España y la antigua Alemania comunista, pagando millonarias comisiones. Se sospecha que parte de esas comisiones fueron destinadas por Mitterrand, personalmente, a financiar los problemas financieros de la CDU del canciller Helmut Kohl.
Nombrado a dedo, personalmente, Loïk Le Floch-Prigent nombró a dedo, a su vez, a Alfred Sirven responsable de las «operaciones negras» de su grupo en varios continentes. Mientras Le Floch se reservaba las actividades confesables de Elf, su hombre de mano era responsable de la compra de voluntades en África, el pago de comisiones en Suiza, la co- rrupción de políticos, empresarios y personajes de influencia. Perseguido por numerosos delitos penales, Sirven está buscado por la Interpol desde hace años, sin que nadie haya logrado detenerle, a él, que ha llegado a «confesar» por escrito a algún periódico que «tengo secretos que pueden destruir varias veces la respetabilidad de toda nuestra República».
Nombrado a dedo por un director también nombrado a dedo, Alfred Sirven se rodeó de su propia guardia pretoriana personal, nombrando, igualmente a dedo, a personajes responsables de poner en práctica los mecanismos más bajos de todo tipo de corrupciones.
MALETAS DE DINERO NEGRO
André Tarallo, director general de Elf-Gabón, fue nombrado por Sirven y Le Floch para llevar y traer maletas de dinero negro con las que pagar a numerosos militares, políticos, jefes de Gobierno y Estado de las antiguas colonias francesas, convertidas en «coto de caza» para los hombres de la gran multinacional de Estado. Christine Deviers-Joncour, por su parte, fue nombrada a dedo por Sirven por petición o sugerencia de Roland Dumas para cumplir bajas misiones de sexo y corrupción, con un ministro de Estado, su amante.
Roland Dumas, por su parte nombrado a dedo ministro de Asuntos Exteriores, influyó en una manera que deben esclarecer los tribunales, para que Sirven y los hombres de Elf contratasen a su amante, Christine Deviers-Joncour, a la que ofrecieron sueldos y comisiones por valor de más de 1.600 millones de pesetas en menos de cuatro años (1989-1993). La querida del ministro es el eslabón más frágil y llamativo del escándalo. Se conoce con relativa precisión el montante que Elf le pagó en dinero negro en una cuenta bancaria en Suiza y a través de varias cartas de crédito. A partir de esa referencia, sólo es posible evaluar muy aproximadamente qué cantidades pudieron cobrar los verdaderos protagonistas de la corrupción de Estado.
En el caso de Loïk Le Floch-Prigent, la corrupción estuvo desde el principio íntimamente asociada a las necesidades suntuarias de su antigua esposa. La Justicia no ha deseado esclarecer por ahora qué papel jugaron la mujer del ex presidente y director general de Elf y otras señoras que aparecen en numerosos viajes de alta diplomacia empresarial. Pero el «dossier» de este personaje está salpicado de las mismas tentaciones venales de viajes de placer, compra de residencias secundarias y un tren de vida internacional.
En el caso de Alfred Sirven, los caminos de la corrupción se pierden en todos los meandros de la burocracia de Estado y el cultivo de las pasiones más inconfesables. Instalado personalmente en la cúspide del poder empresarial de una multinacional de Estado, Sirven comenzó cultivando sus caprichos personales con la sirvienta filipina, que pronto convertiría en su amante. La Justicia suiza estima que Alfred Sirven, el hombre de Elf en el continente africano, consiguió desviar en beneficio propio unos 1.500 millones de francos suizos (más de 160.000 millones de pesetas).
HUIDO DESDE HACE SEIS AÑOS
El dinero negro cobrado por Sirven es sólo una parte de las fabulosas sumas que pasaron por su control. La Justicia francesa ha establecido que una parte significativa del precio de la gasolina en Francia ha estado durante muchos años consagrada al pago de comisiones a militares y jefes de Gobierno y de Estado africanos. Sirven era el responsable de organizar esa contabilidad paralela. A título personal, acumuló suficiente dinero como para huir —con su antigua sirvienta filipina convertida en amante de un prófugo— y conseguir escapar a la Interpol y a la Policía y la Justicia de Francia desde hace ya seis largos años.
Ante la fabulosa fortuna acumulada en numerosos paraísos fiscales por Alfred Sirven, los 1.600 millones de pesetas cobrados por Christine Deviers-Joncour son una suma relativamente modesta, que tiene la virtud de iluminar de alguna manera una de las facetas más llamativas de la corrupción de Estado: las «pasarelas» existentes entre la corrupción diplomática, la corrupción política, la corrupción judicial y la corrupción moral, pura y simple.
Nombrado a dedo ministro de Estado y Asuntos Exteriores por segunda vez en 1988, Dumas tenía ya por entonces una antigua amante y sostenía relaciones muy amistosas con la directora de una conocida casa de citas, especializada en la presentación de jóvenes sin muchos escrúpulos a personajes políticos de paso por París. Desde hacía años, sin embargo, Christine Deviers-Joncour había conseguido trepar relativamente alto a través de dos matrimonios y un número impreciso de amantes.
Cuando Christine Deviers-Joncour y Roland Dumas se encontraron por vez primera en una legendaria cena, en casa de los padres de la señora, ella no dejó pasar la oportunidad de conquistar un trofeo sexual nada desdeñable: un ministro de Estado confidente del presidente de la República. Tras varios encuentros de cama, relativamente furtivos, el ministro de Exteriores de la segunda potencia atómica mundial no dudó en perder todos los escrúpulos dejándose fotografiar en público con su amante en las gradas de Roland Garros, en los grandes bailes diplomáticos y en numerosas galas de beneficencia.
SERVICIOS DISCRETOS
Casado y con dos amantes conocidas, Roland Dumas mantenía varias vidas paralelas y se benefició muy pronto de los regalos y menudencias de una amante cuyo trabajo concreto consistía, entre otra
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