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Tita Cervera busca desheredar a los hijos del barón Thyssen, a riesgo de que España pierda la colección

La batalla judicial que enfrenta en el Tribunal de Bermuda a la familia Thyssen amenaza con desbaratar todas las previsiones sucesorias establecidas por el barón Thyssen-Bornemisza en 1983 y 1993. Ello implicaría una guerra abierta en la que la revocación de la venta de la colección Thyssen a España sería uno de los objetivos si Carmen Cervera, quinta mujer del barón, sale ganadora de Bermuda.

Actualizado 28/01/2001 - 00:33:42
Cuatro herederos: de izquierda a derecha los Archiduques Eleonor, Gloria, Francesca y Ferdinand de Habsburgo. Peter Korrak
Cuatro herederos: de izquierda a derecha los Archiduques Eleonor, Gloria, Francesca y Ferdinand de Habsburgo. Peter Korrak
Desde el 11 de octubre de 1999 hasta el pasado 16 de enero de este año, los abogados del barón Thyssen han estado presentando su caso en el Tribunal de Bermuda. El pasado lunes el juicio entró en su segunda fase al empezar la defensa del hijo mayor del barón, Georg Heinrich. La demanda solicita la disolución del Continuity Trust, un fideicomiso establecido por el propio barón en esa misma isla de Bermuda el 18 de abril de 1983. El barón transfirió entonces todas las propiedades del Thyssen-Bornemisza Group (TBG) —valorado en la época en 300 millones de dólares USA— al Continuity Trust, del que según se estableció se beneficiarán en su día los hijos del barón y sus descendientes directos. Pero mientras viva el barón, él es el único beneficiario: recibe para sus gastos el 30 por ciento de los dividendos anuales del Continuity Trust. El núcleo del pleito —a cuyas actas ha tenido acceso ABC— radica en que el barón denuncia que él nunca entendió que sus ingresos iban a quedar limitados a ese tope del 30 por ciento y por ello ahora pide que se deshaga el Continuity Trust.
DIVISIÓN DE LA FORTUNA
La fortuna del barón Thyssen se divide en tres áreas principales:
* El Continuity Trust, constituido en 1983. En la actualidad tiene un valor aproximado, según se ha admitido en el juicio de Bermuda, de entre 1.800 y 2.000 millones de dólares.
* El Art Trust, que agrupa todas las obras de arte que el barón no vendió a España, más un capital constituido por los 350 millones de dólares pagados por el Estado español por la colección Thyssen, que en la actualidad cuelga en el palacio de Villahermosa. El valor total aproximado del Art Trust estaría en torno a los 750 millones de dólares.
* La denominada «propiedad privada», que hace referencia a las fincas, inmuebles, joyas y otras propiedades del barón. En 1983 fueron tasadas en 300 millones de dólares, pero en el juicio que se sigue en Bermuda no se ha barajado una cifra que actualice el valor de esa propiedad.
DIAMANTE DE 179 QUILATES
En 1993, cuando el barón decidió vender la colección a España, llegó a acuerdos bilaterales con sus cinco herederos: su primogénito, Georg Heinrich; su única hija, Francesca de Habsburgo, Lorne y Alexander, así como su quinta esposa, Carmen, cuya posición fue mejorada respecto de los acuerdos testamentarios firmados en 1987 para que se pudiera beneficiar Borja, el hijo de la baronesa que ha sido prohijado por el barón. Acuerdos que ya entonces mejoraban la posición de la baronesa, quien al casarse en 1985 había renunciado a interferir en los acuerdos testamentarios existentes entonces y como compensación recibió del barón un diamante de 179 quilates, el «Estrella de la Paz», valorado en tres millones de dólares de la época. En 1993 los hijos del barón y Carmen Cervera renunciaban a los derechos que como herederos les correspondían sobre la colección, cuyo valor de venta a España se fijó en un tercio del valor real de los cuadros vendidos. A cambio, el barón acordó con cada uno de sus herederos el porcentaje que recibiría del Continuity Trust y del Art Trust, intentando en todos los casos ajustarse a las proporciones de cada trust deseadas por los herederos. Así, por voluntad propia, la baronesa Thyssen se autoexcluyó del Continuity Trust y se convirtió en la principal beneficiaria del Art Trust. En cambio, el hijo primogénito, Georg, responsable del espectacular crecimiento del grupo Thyssen-Bornemisza, deseaba heredar fundamentalmente una alta participación en el negocio. De resultas de estos acuerdos se tejió una red de pactos que implicaban un muy frágil equilibrio, por lo que en ambos trust existen cláusulas de pérdida completa de derechos para cualquier beneficiario que ataque a alguno de los trust.
La defensa en el proceso de Bermuda corresponde al primogénito del barón, Georg, y a los representantes del propio Trust. Esta semana, en la presentación general de su defensa, los abogados de Georg, pertenecientes a la firma británica Clifford Chance, explicaron al juez Mitchell que su cliente defiende la continuidad de los acuerdos familiares de 1993 respecto a TBG, a la colección de arte y a la venta a España, porque la ruptura de cualquiera de ellos implicaría una guerra por la herencia que pondría en peligro los acuerdos y cuestionaría la venta de la colección a España. La defensa de Georg Thyssen manifiestó su voluntad de evitar esto. Pero hay que recordar que los acuerdos testamentarios del barón—en los que se incluye la venta a España— están sujetos a la legislación helvética. De acuerdo con la ley suiza, si alguno de los herederos puede demostrar ante los tribunales que fue tratado injustamente por los acuerdos testamentarios, —algo que ocurriría si se invalidara el Continuity Trust— todo podría volver a juicio. Juicio que se desarrollaría bajo jurisdicción inglesa según se recoge en el artículo 5 del Real Decreto 11/1993 del 18 de junio por el que se regula el contrato de adquisición de la colección pictórica.
PERSONALIDAD DEL DEMANDANTE
Los demandantes en Bermuda representan oficialmente al barón Thyssen, no a su esposa, pues como se ha dicho, ella quedaría automáticamente excluida de la herencia si atacase cualquiera de los trust. Pero por lo visto hasta ahora en el juicio, es innegable que la demanda es dirigida por la baronesa. La primera sorpresa para la defensa es que el demandante nominal, el barón Thyssen-Bornemisza, se ha negado en todo momento a comparecer ante el tribunal e incluso a prestar declaración ante él en el lugar de Europa que él desee —se le ofreció la posibilidad de que el tribunal entero acudiese al lugar que él quisiera para tomarle declaración—. La participación del barón en el proceso se ha reducido a un testimonio escrito, que no está hecho bajo juramento. La posibilidad de que su negativa a prestar declaración se debiera a su estado de salud fue pronto descartada: aparte de que el barón ha participado en actos publicos después de presentar la demanda —inauguración de la exposición sobre El Greco en el museo Thyssen de Madrid el 3 de febrero de 1999 con asistencia de los Reyes; firma de la cesión de la colección de la baronesa Thyssen a España el 4 de marzo de 2000...—, durante el proceso, los demandantes han dicho al juez Mitchell que el barón no está dispuesto a testificar oralmente «en ningún lugar, bajo ninguna circunstancia, ni aquí, ni en España y bajo ninguna condición cualquiera que ésta sea».
El Continuity Trust se estableció en 1983 por el deseo del barón de dar continuidad a su imperio industrial. Él había vivido en su infancia amargos enfrentamientos familiares alrededor de las herencias y quería evitar esto a toda costa. Por ello el Continuity Trust se establecía como una entidad inalterable, cuyos signatarios no podían romperla aunque cambiaran de opinión. El Trust tiene una duración de 60 años —hasta 2043—, momento en que puede ser disuelto y su capital repartido entre los herederos legítimos del barón. Entre tanto, cada año se repartirían dividendos por un 30 por ciento de los beneficios. Dividendos que mientras viva el barón serán cobrados exclusivamente por él. Como un cambio de opinión del barón no justificaría alterar el Trust, la demanda se basa en que el barón no comprendió lo que firmaba en 1983. Su incomprensión debió de ser en verdad muy grande puesto que sus abogados piden ahora que la totalidad de los bienes contenidos en el Continuity Trust —valorados entre 1.800 y 2.000 millones de dólares— sean transferidos al Vlaminck Trust, fideicomiso a cuyo patronato pertenece la baronesa y cuyo único beneficiario conocido es la propia baronesa. El Vlaminck Trust se creó meses antes de comenzar el juicio en Bermuda con el propósito de continuar la causa si el barón falleciera antes de su conclusión. La baronesa ha declarado que en ese caso ella financiaría el proceso, a pesar de que ello podrí
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