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El túnel urbano más largo de Europa se abre camino en María de Molina a 30 metros de profundidad

Después de Navidad volverán a cortarse al tráfico los dos carriles derechos de Velázquez, desde General Oráa, para construir las rampas de acceso

Actualizado 27/11/2002 - 00:31:55
Los dos kilómetros del túnel de María de Molina, que se convertirá en el más largo de Europa con carácter urbano, se están abriendo paso en el subsuelo madrileño. El aparatoso montaje que puede observarse en superficie, por ejemplo en Clara del Rey, es sólo la punta del iceberg de lo que se mueve a más de 30 metros de profundidad. Grandes pilotes de hormigón delimitan el gran pozo de acceso desde el que, en parte, se ha «atacado» la excavación hacia López de Hoyos y la nacional de Barcelona.
Aparejos de obras, un enrejado ascensor y varios tramos de escaleras se mezclan para permitir la llegada al espacio abierto por el que discurrirán las futuras calzadas y en el que la iluminación ofrece la posibilidad de trabajar día y noche en la excavación de la bóveda, para la que se utilizan los métodos belga y alemán, pero siempre con pico y pala, sin tuneladoras, y la colocación de los anillos de hormigón.
No ha sido fácil salvar la línea 6 del Metro, aunque más complicado ha sido aún encajar el túnel entre el subsuelo de la bóveda de la línea 4 y el techo de la estructura de la línea 9. Todo ello sin contar los miles de servicios (teléfono, luz...) que ha sido necesario cambiar. El paso bajo el puente de Francisco Silvela ha salido ganando, puesto que se han reforzado sus cimientos. Pese a ello, a principios de enero se realizará el calado del subterráneo de María de Molina y empezarán los trabajos de revestimiento e instalación de los diferentes sistemas de ventilación entre otros con el objetivo de terminar a principios de abril, según afirmó la concejala de Obras, Elena Utrilla.
Obras en Velázquez
Después de las Navidades, en un último «empujón» a las obras, los conductores de Velázquez volverán a encontrarse, como pasó en agosto, con los dos carriles de la derecha cortados desde General Oráa. El motivo será la construcción de las rampas de acceso al ramal que unirá esta calle con el tronco central del subterráneo y por el que discurrirá el 64 por ciento del tráfico de esta vía, que tiene su destino final en la nacional de Barcelona.
La descongestión de tráfico se notará no sólo en María de Molina, donde se prevé un descenso desde los 2.247 vehículos/hora actuales hasta los 665, sino en Velázquez ya que de sus 1.294 vehículos/hora, 737 irán hacia el nuevo túnel sin semáforos. Al mismo tiempo, se notarán sus ventajas en las intersecciones de María de Molina con Príncipe de Vergara, donde se reducirá el tráfico en un 66 por ciento, y en la de Francisco Silvela, con un 73. Esta fluidez de los ejes principales servirá para que las calles aledañas reduzcan su afluencia entre el 50 y el 70 por ciento.
Tres minutos, según las previsiones, se tardará a velocidad media en recorrer los dos kilómetros centrales entre la Castellana, donde estará situado el último semáforo hasta Barcelona, y la salida por la nacional. Con este beneficio en tiempo, se prevé un ahorro de 1.500.000 horas anuales, y gasolina la amortización de los casi 43 millones de euros empleados se realizará en pocos años, ya el uso diario se cifra en 30.000 vehículos.
La seguridad y la ventilación, dada la longitud de túnel, han sido los aspectos prioritarios del proyecto. Para empezar, aunque tendrá dos carriles de 3,40 metros, se construye un arcén de 2,70 para emergencias y dos pequeñas aceras de 0,50, sin olvidar que junto a las salidas de emergencia habrá otro ensanchamiento de un metro.
Salidas de emergencia
Estas salidas, seis en total situadas una de otra a unos 250 metros, contarán con un pozo que comunica, mediante escaleras, con la superficie y un vestíbulo separado del subterráneo por un puerta metálica resistente al fuego y cuyas dimensiones se han calculado en función del número de coches, en atasco, que cabrían en su zona de afección.
La ventilación, por su parte, será combinada. Por un lado, la corriente de aire se desplazará en la misma dirección de los vehículos y, por otro, habrá una aportación de aire lateral por cuatro de las seis salidas de emergencia. Además, los ventiladores son reversibles y pueden aportar aire fresco o extraer aire viciado y humos.
La instalación contra incendios consiste básicamente en un cable sensor que recorre todo el túnel y en una unidad que controla la temperatura del cable en cada punto. Bocas de incendio, mangueras, extintores y una columna seca a lo largo de todo el trazado completan las previsiones ante un incidente de este tipo.
Junto a ello habrá paneles de mensaje variable, imágenes en tiempo real del recorrido, postes de socorro, megafonía e incluso un sistema de control de acceso que permite cerrar el túnel en caso de accidente. Todo ello, estará vigilado desde el centro de control del propio túnel y desde la unidad de Gestión municipal conectada con Samur.
Si el ritmo de obras se mantiene, la Unión Temporal de Empresas formada por Ferrovial-Agroman-ACS, encargada de la ejecución de este largo subterráneo, terminará las actuaciones en el tiempo previsto, ya que contaban con un plazo de ejecución de 16 meses.
Trazado
El subterráneo que, como es sabido, sólo tendrá dirección salida de la ciudad, discurrirá paralelo a la rampa que existía en López de Hoyos y que, por cierto, se mantendrá una vez acabadas estas obras. Continuará bajo la calle de Velázquez, donde se unirá el ramal que desde General Oráa conectará con el tronco central para continuar, ambas calzadas ya juntas, bajo la glorieta de López de Hoyos hasta cruzar Príncipe de Vergara. Aquí el trazado comenzará a acercarse a la N-II para salir a superficie pasada la intersección de Cartagena con la avenida de América.
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