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Rosa Regàs ocultó el robo en la BN desde el martes 21 hasta el viernes 24

Por increíble que parezca, la directora de la Biblioteca Nacional conoció el robo el pasado martes 21 y no lo puso en conocimiento del Gobierno o de las fuerzas de seguridad hasta el viernes 24. Dejó

Actualizado 27/08/2007 - 07:25:59
Por increíble que parezca, la directora de la Biblioteca Nacional conoció el robo el pasado martes 21 y no lo puso en conocimiento del Gobierno o de las fuerzas de seguridad hasta el viernes 24. Dejó pasar 72 preciosas horas, impidiendo que la investigación avanzase rápido.
Esto no es todo: a pesar de que la información oficial de la Biblioteca Nacional afirma que el robo se detectó cuando se buscaban los mapamundi desaparecidos de los incunables para incluirlos en una exposición, lo cierto es que fue la aparición de un bisturí con carcasa plástica, que había sido introducido en la Sala Cervantes, lo que destapó el robo.
Según ha podido saber ABC de fuentes de toda credibilidad, el ladrón debió actuar el pasado viernes 17 o el lunes 20 de agosto. Porque el martes 21, cuando los bibliotecarios se disponían a cotejar las fichas de consulta de libros con sus originales -procedimiento semanal con que se comprueba si algo va mal- descubrieron el bisturí en el interior del estuche de uno de los ejemplares. La hoja pudo ser introducida entre portaminas metálicos, burlando el único control de seguridad de acceso. Según las mismas fuentes, el ladrón debió dejar el instrumento cortante para no arriesgarse a ser detectado a la salida por su causa, aunque debió identificarse como investigador para pedir los libros. Lo cierto es que ha tenido mucho tiempo para huir.
Nada más tener conocimiento del robo, Rosa Regàs, según han relatado a ABC varias fuentes de esta Biblioteca que quiere «ser abierta», dio orden de que no se produjese la mínima filtración sobre los hechos. Su «advertencia» permitió que tan sólo el viernes, ante la necesidad de buscar una salida, se informara al Gobierno y se hiciera un comunicado de prensa sumamente escueto.
El informe oficial, que también acompañó a la denuncia ante la Guardia Civil, recoge otros hechos diferentes. Afirma que se buscaban para una muestra los mapas sustraídos y que, sólo al descubrir el robo, se puso en relación con la aparición, tiempo atrás -el informe ni siquiera especifica cuánto, a pesar de la gravedad del detalle-, de un elemento cortante en el interior de la Biblioteca. Da la impresión de que aquella aparición no llevó, de ser cierta, a ninguna medida.
Además, el informe no explica qué ocurrió entre el martes 21 y el viernes, ni justifica la tardanza en reaccionar. Sólo añade que los incunables fueron precintados para preservar las pruebas, a falta de la inspección por parte de la Guardia Civil.
Tampoco el jefe de seguridad de la Biblioteca Nacional, de vacaciones la pasada semana, supo nada hasta el viernes, y no fue avisado por la directora sino por una compañera. Varios jefes de departamento vivieron la misma situación.
Por todo ello, el ministro de Cultura, César Antonio Molina, ha decidido acudir hoy mismo a la BN para constatar por sí mismo, en conversación con los responsables de la Sala Cervantes, cómo fueron los hechos y de paso para mantener un encuentro con la directora, que se presume tenso.
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