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El Reina Sofía sigue haciendo agua

Comprobado. La ampliación de Nouvel no es impermeable: cayeron goteras sobre un gris en una sala de exposiciones temporales, el sábado hubo filtraciones en los almacenes y el martes, humedades en una sala de depósitos de libros del Centro de Documentación y Biblioteca

Actualizado 27/04/2006 - 08:38:25
Imagen de la espectacular biblioteca diseñada por Jean Nouvel
Imagen de la espectacular biblioteca diseñada por Jean Nouvel

TEXTO: NATIVIDAD PULIDOFOTO: DANIEL G. LÓPEZ

MADRID. Dicen que nunca llueve a gusto de todos, pero nunca un dicho popular ha tomado un significado tan literal como en esta ocasión. Parece que no hay espacio del nuevo Reina Sofía diseñado por Jean Nouvel que sea impermeable. Más que repeler el agua, lo atrae. Por una u otra razón (y las hay de todo tipo: mangueras abiertas, granizadas, condensaciones...), el agua acaba calando en las recién estrenadas salas. Una primera alarma saltó en verano de 2005 cuando, en plena sequía, unas inesperadas goteras hacían acto de presencia en una de las dos salas de exposiciones temporales. Concretamente, en la que acogía una gran antológica de Juan Gris. Y, más concretamente aún, sobre un lienzo de la Academia de Bellas Artes. En aquella ocasión, el agua procedía de una manguera dejada abierta por descuido en una de las terrazas que hay sobre la citada sala de exposiciones. El resultado: 1.650 litros por la borda y al borde de un gris.

El pasado sábado diluvió (y granizó) sobre Madrid. Una manta de agua cayó sobre la espectacular cubierta volada de composite rojo del nuevo CARS, que cuenta con unas aberturas por donde pasa el sol... pero también el agua. Y fue tanta que acabó filtrándose en los nuevos almacenes del museo. Suerte que éstos están aún vacíos. Otro dicho popular dice: «Salimos de Guatemala y llegamos a Guatepeor». Y es que, visto lo visto, no se sabe si los depósitos del museo están mejor donde están (un informe del año pasado revelado por ABC demostró las desastrosas condiciones en que estuvieron los almacenes no se sabe durante cuánto tiempo) o donde van a estar (las salas afectadas por la granizada).

Deficiencias y defectos anunciados

La directora del museo, Ana Martínez de Aguilar, en su comparecencia ante la Comisión de Cultura del Congreso el pasado mes de marzo, desveló la existencia de «ciertas deficiencias constructivas en el diseño y ejecución de la cubierta y en el sistema de evacuación de aguas» y confirmó que ha habido que revisar todas las cubiertas de la ampliación, además de hacer una inspección integral del resto de las instalaciones «para paliar los defectos». Y, en efecto, haberlos, haylos. Y muchos. Falta por saber si el museo desviará las responsabilidades al equipo de Nouvel, o a la empresa constructora (ACS-Dragados), o a los dos, o a ninguno. Pero alguien debería explicar por qué 93 millones de euros salidos del bolsillo de los contribuyentes no han dado para impermeabilizar los nuevos espacios.

Pero es que los problemas acuosos del museo no acaban ahí. El martes hubo una nueva, molesta e incómoda filtración de agua. En esta ocasión, en una de las salas de depósitos de libros del Centro de Documentación y Biblioteca, el espacio estrella de la ampliación. El museo reconoce que «en la mañana del martes 25 de abril, en las rondas de vigilancia que de manera regular se realizan en el museo, se detecta que un humectador (sic) produce un elevado nivel de humedad en una de las salas de depósitos de libros del Centro de Documentación y Biblioteca, lo que provoca una condensación excesiva en el conducto de climatización. Al advertirse el hecho, se les comunica a los técnicos del museo y, como medida de precaución, se liberan los espacios de material y se comprueba que no se han producido daños». A pesar de ello, fuentes del museo reconocen que algunas cajas de libros sí se vieron afectadas en cierta medida por el agua. Concretamente, dicen, se humedecieron las cubiertas de tres libros. Al igual que ocurrió en el caso de la gotera que cayó sobre un cuadro de Juan Gris, salta la polémica sobre qué se entiende por «producir daños». En aquel caso, se dijo que sólo afectó al marco de la obra, pero las manchas en el paspartú delataban que el agua podía haber resbalado por la pintura, algo que siempre ha negado el museo. En este caso, es sabido que el papel se abarquilla con el agua, por lo que los libros habrán quedado afectados. La zona donde ocurrieron los hechos el martes no es pública: se halla junto a la espectacular sala de lectura diseñada por Nouvel, realizada en madera de jatoba. Sean cuales sean los motivos de todos estos hechos, parece demasiada agua para un museo. Habrá quien ya esté pensando en sacar a Nouvel en procesión.
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