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La cesárea ya es cosa del padre

Once menos cuarto de la mañana. El doctor Jesús Grande, después de un «¡va por ustedes!», mete el bisturí en la tripa de Marta. Y corta de derecha a izquierda. Segundos después, Diego está en el

Actualizado 27/03/2009 - 11:41:30
Once menos cuarto de la mañana. El doctor Jesús Grande, después de un «¡va por ustedes!», mete el bisturí en la tripa de Marta. Y corta de derecha a izquierda. Segundos después, Diego está en el mundo. Ha nacido sano. Es precioso. Se lo ponen a su madre encima del pecho. El padre, a punto de llorar y acariciando a su pequeño, sólo atina a decir: «Impresionante, esto es impresionante». Ocurrió ayer, en el hospital 12 de Octubre. Acababamos de asistir a la primera cesárea humanizada realmente programada en España. La novedad: se permitió la entrada al padre a pesar de ser un acto quirúrgico.
Este centro hospitalario madrileño es pionero en los partos por cesárea con acompañante. A Paloma López, responsable de las comadronas, le gustaría otro nombre más gráfico. «Cesárea en familia no estaría mal, ¿verdad?». Tiene razón, porque, hasta ahora, sólo se permitía la entrada de un acompañante -normalmente, el padre- cuando era un parto natural. A los paritorios, sí; al quirófano, ni en broma. Ya se puede. El doctor Grande, jefe de sección de Ginecología y Obstetricia, es un defensor acérrimo de la presencia del padre en la cesárea, siempre que no se presenten complicaciones y que el hombre «se porte bien, que se suelen portar», dice el cirujano.
Sin nervios
Y Javier ha sido todo un ejemplo. Desde la monitorización de su esposa, Marta. Ambos son vascos pero residen en Madrid hace años. Él es informático. Ella, médico. Ninguno estaba ayer más nervioso de lo necesario en estos casos. Sí expectantes e ilusionados. Diego es su primer hijo. Ha tenido que ser cesárea porque el muchachete venía de nalgas. Hubiera sido un parto muy difícil. Marta estaba en su 39 semana de gestación y, a esas alturas del embarazo, era muy difícil que el feto se colocara adecuadamente para un parto natural.
Calma y alegría
El doctor Grande quería empezar tempranito las buenas obras. Desde primera hora de la mañana ya estaba todo dispuesto. Lo principal: un ambiente de calma, alegría y buen rollo. «Tiene que ser así. Aquí venimos a trabajar con ánimo. Es la mejor forma de que la parturienta y su familia se relajen y disfruten de lo maravilloso que está a punto de suceder».
Poco después de las diez de la mañana, Marta va camino del quirófano. En camilla. Su marido, Javier, a su lado, de su mano. Se mirán y se sonríen como dos cómplices. Como todos los que vamos a entrar en quirófano, nos hemos tenido que poner toda la vestimenta esterilizada, gorro, calzas y mascarilla.
El quirófano da a una zona llena de luz. Allí esperan Maribel Tébar, la anestesista, y Charo Rodríguez, supervisora de Reanimación. La cesárea va a ser con anestesia epidural. Así, la madre también participa, consciente y en directo, del nacimiento de su hijo. Al padre, Javier, se le ponen los pelos como escarpias cuando ve las dimensiones de la aguja con la anestesia. Cristina, la residente de Pediatría,está pendiente de la «cuna de reanimación», donde llevarán al recién nacido «por si acaso».
Por fortuna, no ha hecho falta. Lo primero que ha asomado de Diego tras el corte en el abdomen de su madre, son los pies. En efecto, venía del revés. Pero ha llorado nada más salir del seno materno; no muy fuerte, pero se ha hecho notar.
Ya son trío
Marta ya está cosida. Ni se ha enterado. Javier y ella no han parado de besar a su hijo que ya busca,como loco, el pecho de su madre. «Sentimos mucho calor y mucho cariño», dice la pareja. Ahora ya son trío. A disfrutar.
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