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Historia de un calentón

Veselin Topalov concedió la entrevista en circunstancias inusuales. Durante su

Actualizado 26/12/2006 - 08:20:28
Veselin Topalov concedió la entrevista en circunstancias inusuales. Durante su duelo a ciegas con Judit Polgar en Bilbao, el búlgaro convivió con organizadores, periodistas y aficionados en un clima relajado, de franca camaradería. Tras la última partida, el autobús que debía trasladarnos a una sidrería en las afueras de Bilbao sufrió un percance y, con la lluvia y el frío en contra, la espera se prolongó más de lo deseado. Topalov, contrariado, prefirió volver al hotel, pero incluso en esas circunstancias accedió a conceder la entrevista prometida. Así, pude hablar con él todo el tiempo del mundo, sin que estuviera presente su lugarteniente, Silvio Danailov. La parte grabada de la conversación dura una hora y cinco minutos. La primera media hora es mucho más «sosa», por no decir convencional, pero poco a poco al búlgaro empieza a calentársele la boca. Llega un momento en el que tengo tal exceso de material que intento hablar de otras cosas, pero él vuelve una y otra vez a la carga.
Es obvio que Topalov no fue todo lo diplomático que, de forma hipócrita, exigimos que sean a veces los deportistas. Es cierto además que todos sus indicios juntos no bastan como prueba concluyente, pero salta a la vista que su comportamiento no fue nunca fruto de una estrategia premeditada, como se dijo cuando se destapó el escándalo del baño. En todo caso, un castigo de tres años es una sanción desproporcionada, por muy disparatadas que le puedan parecer a algunos sus palabras. ¿Era preferible que le diera un cabezazo a su contrincante?
Por otro lado, la presunción de inocencia de Vladimir Kramnik es sagrada y resulta inimaginable que el campeón del mundo de ajedrez pueda hacer trampas. Con todo, en multitud de deportes ha habido figuras descalificadas por muy diversas causas, tramposos desenmascarados antes o después de su victoria. ¿Qué nos hace pensar que los ajedrecistas son distintos? Que parezcan más listos no es sino una circunstancia agravante. Por desgracia, ya han cazado a más de un jugador con algún equipo transmisor escondido para recibir ayuda. Las máquinas son tan fuertes en la actualidad como para prevenir a toda costa su intervención en partidas entre humanos.
Topalov, por último, se equivoca en sus tímidos desmentidos. La tecnología -esta vez es seguro- juega en su contra, porque la entrevista está grabada y la calidad de su castellano no deja lugar a dudas. Que agache la cabeza y pida perdón, que aporte pruebas, que haga lo que quiera, pero que no lo dejen tres años sin jugar. Los aficionados al cine se levantarían en armas si a Woody Allen le prohibieran dirigir durante tres años por sus pecados. El neoyorquino hace en ese tiempo tres películas. Topalov juega decenas de partidas, la inmensa mayoría excelentes.
Respecto al código ético de la FIDE, se podría aplicar la cita de Groucho Marx sobre la música militar.
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