Sociedad

null

Hemeroteca > 26/12/2001 > 

La falta de escuelas infantiles en zonas rurales obliga a los padres a ejercer como profesores

La falta de escuelas infantiles en muchas zonas rurales ha obligado a numerosos padres a ejercer como profesores. Sólo en Galicia, más de tres mil familias imparten clases de Preescolar a los más pequeños. La realidad de la educación en los pueblos es bien diferente a la de los núcleos urbanos. Los profesores critican la falta de medios, pero resaltan las excelentes relaciones con los alumnos y sus familias.

Actualizado 26/12/2001 - 00:50:11
Niños de diferentes edades comparten aula y maestra en un colegio de la aldea cordobesa de Carlota Chica.ABC
Niños de diferentes edades comparten aula y maestra en un colegio de la aldea cordobesa de Carlota Chica.ABC
Poco más de quince kilómetros separan a Oroso de Santiago de Compostela y, sin embargo, las condiciones en las que tienen que estudiar unos y otros escolares están separadas por mucha más distancia. Un hecho que conoce bien Elena Feijoo, profesora de una escuela unitaria en este pueblecito gallego, para quien la escuela rural todavía presenta importantes carencias. Viejas casas de aldea hacen las veces de improvisados colegios donde el aire se cuela por ventanas y puertas y donde la única manera de combatir el frío es dejar los radiadores encendidos durante toda la noche. La limpieza de las aulas se hace una vez por semana y hasta hace poco más de un año el centro no contaba ni con teléfono. «Cuando un niño se ponía enfermo tenía que salir a la calle para buscar a alguna vecina del pueblo que avisara a su madre, porque yo no podía dejar a los otros niños abandonados», cuenta Elena.
OBLIGACIONES Y CARENCIAS
Después de 19 años dedicada a la enseñanza en zona rural, cada mañana recorre -por una pequeña pista- los kilómetros que la separan de la ciudad de Santiago hasta su escuela unitaria. Una vez allí, ella sola tiene que hacer las veces de directora, secretaria, jefa de estudios e impartir clase al pequeño grupo de alumnos -diverso y variopinto- que tiene a su cargo. Y aunque constata las dificultades por las que muchos profesores tienen que pasar -no poder ir a casa a comer cuando la lluvia arrecia, o los pocos medios con que cuentan hasta para calentar una taza de café-, lo que más le preocupa es la falta de recursos para sus alumnos.
«Muchas escuelas no cuentan ni siquiera con patios cubiertos donde jugar en los días de lluvia -explica Elena- y tampoco con medios audiovisuales con los que amenizar los recreos que pasan los chicos encerrados en el aula». Y aunque para ella ser profesora en una zona rural significa tener «todas las obligaciones y todas la carencias», hay aspectos personales que compensan su total dedicación. «El trato con las familias es fabuloso, existe un contacto directo y personal con las madres que vienen a traer a los pequeños». Muchas de ellas recorren cada día cuatro kilómetros andando para llevar a los críos a la escuela, luego vuelven a sus casas y por la tarde regresan a por ellos para llevarlos de nuevo al hogar. Dieciséis kilómetros en favor de la educación de sus hijos en los días de sol -los menos- y dieciséis kilómetros los días de lluvia -los más-, porque como comenta Elena con ironía «en la escuela rural gallega no nos ayuda ni el tiempo».
Por tanto, en las escuelas unitarias el agrupamiento -a veces de apenas 10 alumnos- lleva a que convivan y trabajen en el mismo aula niños de diferentes cursos, ciclos y etapas educativas. Esto favorece la individualización de la enseñanza y un clima de convivencia, pero dificulta el desarrollo de la sociabilidad de los alumnos y plantea dificultades al profesorado.
PADRES PROFESORES
Pero si la falta de medios materiales es importante, la carencia de medios humanos no lo es menos y en especial en los ciclos de Educación Infantil. Aunque si existe una Comunidad en la que la dispersión geográfica de los pueblos provoca una importante falta de profesorado en Preescolar esa es sin lugar a dudas Galicia. Por ello, y para paliar esta situación Cáritas puso en marcha hace años un peculiar e importante proyecto educativo ante la falta de creación en el medio rural gallego de puestos escolares para niños menores de seis años: «Preescolar na casa» (Preescolar en casa).
Un programa gratuito de formación en Educación Infantil gracias al cual más de 3.000 padres se encuentran capacitados para afrontar las necesidades escolares de sus pequeños. Antonio Gandoy es -como dice alguno de sus amigos- uno de los promotores «incombustibles» de este proyecto que «tiene el fin de mejorar la educación de los más pequeños en el propio hogar». Para Gandoy la amplia presencia de este programa demuestra que «ha pasado de suplir la falta de educación preescolar institucionalizada en el medio rural a ser un proyecto que demuestra la necesidad de atención educativa durante los primeros años de vida del niño».
En general, las familias que participan en este programa -más de 3.200- se encuentran dispersas, en áreas pequeñas de población en donde viven en núcleos familiares. La mayoría de los padres que participan en este proyecto poseen sólo estudios básicos, por lo que «afrontar la educación de sus hijos desde su escasa experiencia educativa supone todo un reto para muchas familias». La educación es compartida con otros miembros de la familia. Cerca del 75 por ciento de los matrimonios convive con sus padres u otros familiares. Esto provoca que muchos progenitores tengan que compartir las decisiones educativas con los abuelos, lo que genera cierto grado de conflicto, pero supone una experiencia enriquecedora para los más pequeños.
DOSCIENTOS KILÓMETROS
Cuando a las seis de la mañana José Luis Castellanos arranca el motor del coche sabe que todavía le quedan cien kilómetros por delante hasta llegar a su colegio situado en el municipio jienense de Quesada. Y cuando llegan las cuatro de la tarde también sabe que le quedan otros cien kilómetros hasta regresar a su casa, en donde también ha de preocuparse de la educación de sus hijos. José Luis es director de un Centro Rural Asociado (CRA), una agrupación de colegios de distintas zonas rurales que funcionan con una misma organización, con un único claustro de profesores, un único equipo directivo y un único Consejo Escolar. En total, más de 90.000 niños están escolarizados en este tipo de centros, lo que representa el 8 por ciento del total del alumnado español.
La diversidad es una característica de la escuela rural y su realidad es tan diversa como diversos son los territorios y localidades donde se asienta. Pero además, el mundo rural es «sumamente dispar al urbano» explica José Luis, para quien la situación de las zonas rurales de Andalucía nada tiene que ver con la del resto de España.
ESCASA PREOCUPACIÓN
Su experiencia le lleva a afirmar que muchas familias «no dan todavía la suficiente importancia a la educación y mandan a los críos a la escuela porque les obliga la Ley, pero no asumen la responsabilidad de su educación en casa». Esta falta de atención por parte de las familias hacia la formación de sus hijos provoca que «sean pocos los alumnos que deciden seguir cursando estudios superiores». La mayoría de los centros rurales andaluces cuentan con suficientes recursos y dotaciones, pero los docentes tienen que enfrentarse a otros problemas: las múltiples carencias educativas y afectivas con las que llegan muchos niños a la escuela. Una circunstancia que, según José Luis, ya no depende tanto del nivel económico de los padres como de la escasa atención que dedican a sus hijos al estar la mayor parte del tiempo pendientes de las labores del campo. No obstante, una de los aspectos que todos los profesores coinciden en resaltar es la buena relación que existe con las familias. «En estas zonas aún se conserva la vieja imagen del maestro y uno todavía siente que puede ayudar y educar».
Pero si los profesores de las grandes ciudades claman al cielo por los problemas que la creciente heterogeneidad provoca en sus aulas, los docentes de las zonas rurales también han de enfrentarse -con mayor resignación- a una situación para la que no han sido preparados: suelen desconocer el medio y su formación no ha contemplado que el trabajo deba desarrollarse con grupos de alumnado muy diferentes entre sí. Una cuestión relevante desde el punto de vista educativo, dado que un alto porcentaje de docentes acceden a las escuelas del medio rural como primer destino.

Otro de los hándicaps que tiene que superar la educación rural es favorecer la sociabilidad entre los alumnos. Una labor que están asumiendo los Centros Rurales de Innovación Educativa (CRIE) y que resalta Luis Aguilar, director de un CRA en una zona de Cantabria. «Es una experiencia muy importante para los chicos, porque conviven con compañeros de otros pueblos y lugares y eso es muy enriquecedor». En estos centros, unos cuantos profesores se encargan de establecer un calendario de convivencias periódicas de alumnos que son trasladados hasta allí desde sus localidades, y durante las cuales comparten juegos y experiencias con otros niños de su edad.

CIERRE DE ESCUELAS

Después de trece años de experiencia como profesor, Luis da fe de que la escuela rural ha tenido gran importancia para muchas zonas de Cantabria pues son «pueblos con mucha vida, preocupados por la educación y poco aislados, ya que se encuentran cerca de la capital». No obstante, la implantación de la ESO -como consecuencia del traslado de alumnos a los centros de Secundaria- ha provocado en toda España el cierre de escuelas rurales que, unido a una decreciente natalidad, hace prever un futuro poco halagüeño para este tipo de escuela. «Nos estamos quedando sin niños», sentencia Luis con indisimulable pesar.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.