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Ramón Grande del Brío fabula en «La tregua» un canto a la naturaleza

El naturalista y escritor alerta en su novela, publicada por Ediciones Luca de Tena, contra la depredación a que está siendo sometida la madre Tierra, que nos da la vida

Actualizado 26/11/2005 - 04:11:16
DAVID ARRANZ  El autor, ayer en Salamanca
DAVID ARRANZ El autor, ayer en Salamanca

ANTONIO ASTORGA

MADRID. «Era una suposición, más que un hecho: el Hombre creía que los animales se hallaban entregados a una permanente confrontación de fuerzas, en la que no parecían tener cabida los comportamientos solidarios. Esto, sin embargo, no respondía a la más estricta realidad. Los diversos animales que habitaban la tierra llegaban a actuar, a veces, bajo miras ajenas a la pura explotación mutua. O, al menos, lo hacían con menos crudeza de lo que el Hombre imaginaba». Hubo un tiempo, pues, en el que la comunidad animal coexistía con la humana. Y viceversa. En cualquier punto del planeta «hombres y animales influíanse, mutuamente, en su conducta y su presencia, y ningún acto, por banal que pareciese, se perdía totalmente en el vacío».

Ramón Grande del Brío, rockero de la naturaleza, guitarrista del Grupo 96, doctor en historia, fauna y flora, ensayista, viajero y apasionado del medio natural, publica «La tregua» (Ediciones Luca de Tena), una estupenda historia de seres que se organizan para salvar su territorio de las hordas destructivas.

«La vida es una tregua»

«La tregua» nació como una maravillosa fábula que ganó un concurso de relatos. Luego su autor la desarrolló y extendió la vida a la tregua y la tregua a la vida: «La vida es una tregua, indudablemente», señala a ABC, antes de comenzar un ensayo con su grupo musical. Sin embargo, un viejo aserto sostiene: «Decidme cuántas leyes tiene un país y os diré lo corrompido que está». Trasladado el axioma al medio natural vendría a decir: «Decidme cuántas leyes de la naturaleza existen y os diré cómo de deteriorada está». Grande del Brío alerta: «Cuando hay que proteger hasta el último matojo es señal de que algo está en peligro».

La salud de los ocupantes de la gran casa de la naturaleza está amenazada. «Por eso -reivindica Grande del Brío- tenemos que habilitar unas reglas para tratar de salvarla». ¿Reglas escritas en las tablas de la ley de los políticos, que están arruinando la naturaleza? No. El especialista puntualiza con sabiduría: «Los políticos son los que menos entienden de ecología. No están concienciados para acometer la preservación del medio natural».

Ramón Grande del Brío ha realizado un curioso estudio sobre los sonidos de los bosques primigenios y demuestra que las notas más agudas se producen en los bordes y las más graves en el corazón. «El resultado es que los animales inmaduros ocupan esos bordes y los adultos se citan en el centro del bosque, lo cual demuestra el divorcio entre la palabra y el pensamiento». «La tregua. Érase una vez un bosque primigenio...» está dedicado a Delibes & Delibes: «A Miguel Delibes -explica Ramón Grande-, creador de inolvidables relatos de convivencia entre el animal y el hombre, y que me impulsó a seguir mi faceta literaria. Y a su hijo, Miguel Delibes de Castro, en recuerdo de nuestras andanzas por los bosques de España. Entre otras muchas cosas, estoy de acuerdo en algo que han denunciado al unísono: «El calentamiento terrestre es sólo la fiebre de un planeta enfermo». La Tierra es como nuestra madre, nos da la vida y la maltratamos. Y no se puede consentir ese maltrato».
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